Tags Notas con Tag "salud"

salud

15 832

zerolacto
por @pasi_adaros*

Cuando pienso en intolerancia a la lactosa se me viene a la mente inmediatamente el personaje de Leonard de The Big Bang Theory, quien padece dicha insuficiencia, y cuyas dolencias se reducen a hinchazón y gases (por decirlo en lindo). Es una sitcom y tampoco hay que tomársela tan en serio, pero en eso no se equivoca: tener intolerancia a la lactosa es sinónimo no solo de eso, sino también de diarrea. Mucha. He conocido a algunos intolerantes a la lactosa que, al igual que yo, conocen todos los baños a kilómetros a la redonda del lugar en que habitan (casa, universidad, colegio, lugares de esparcimiento).

Hoy en día es casi una moda, incluso hay gente que cree que es exageración o hipocondrismo. No lo es: es una enfermedad, que consiste en la deficiencia de la enzima lactasa que es la que procesa la lactosa que viene en la leche de vaca y todos los lácteos asociados (he leído también que existen dudas respecto a la leche de cabra).

Mi experiencia personal con la dolencia imagino se repite en todos las que la sufren: siempre he sufrido de problemas al estómago; de chica me diagnosticaron colon irritable (un doctor nos habló a mis papás y a mí de la intolerancia como por el año 98, pero no la tomamos muy en serio porque no había examen que la confirmara y los productos sin lactosa eran casi inexistentes); hace pocos años comencé con diarrea crónica y bajé 15 kilos (por desayunar sagradamente avena con leche) y terminé en el gastroenterólogo, quien me habló de la enfermedad y del examen para confirmarla. No conozco el nombre técnico, pero consiste en soplar una boquilla (tipo alcotest) cada quince minutos por tres horas, después de haber consumido un concentrado de lactosa. En mi caso las dolencias comenzaron inmediatamente y los resultados arrojaron que tenía una avanzada intolerancia.

Me alegré, porque por fin conocía el origen de todos mis males. Y la mejor parte es que es totalmente tratable (partiendo por un tratamiento de antibióticos para matar las bacterias instaladas en el intestino que producen la indigestión) y las opciones son infinitas: abstenerse de productos con leche (y conocerlos: por ejemplo la mantequilla tiene mucha leche, pero algunas margarinas vegetales no); consumir una pastilla llamada Diolasa, que contiene lactasa, para “casos de emergencia” como invitaciones sorpresa a comer sushi o cumpleaños con torta de chocolate irresistible; consumir productos sin lactosa que hoy en día son casi ilimitados: leche, yogurt con y sin frutas, quesillo, queso, leche cultivada, entre otros; o en vez de consumir chocolate normal, consumir amargo con 60% de cacao o más, que contienen muy poca leche (no soy muy fan del chocolate amargo, pero hay opciones más apetitosas como el que tiene naranja o los de chocolaterías artesanales).

Así que ya saben chiquillas: si sospechan que sufren de esta dolencia, pueden hacerse el examen (creo que está alrededor de los cuarenta mil pesos, en mi caso pagué veinte por la cobertura de la isapre), pero también pueden hacer una época de abstinencia y ver qué pasa, o bien atender a cómo reacciona su cuerpo con bombas de lactosa, como el helado o el queso philadelphia.

*Si quieres escribir en Zancada, tienes que mandar tu texto con título y nombre con el que quieres firmar a contacto@zancada.com en un mail titulado TEXTO. Como siempre, si va con nuestra línea editorial felices lo publicaremos.

26 1755

la foto
por Rox

Quiero hacer un reclamo a absolutamente todos los restoranes que venden ensaladas. Y quiero hacer hincapié en recordar que todos, porque ni los más pitucos o picadas se salvan de de este flagelo que es la base de lechuga o de “hojas verdes”.

Estoy en un difícil proceso de comer bien, bajar mis kilos extras y darle a mi cuerpo cosas saludables. Me he sentido bien en general, he bajado y me siento más liviana, pero creo que no sería tan complicado si en las opciones saludables de los lugares para comer fuera, absolutamente todas las ensaladas no tuvieran una siempre exageradamente grande (siempre es el 80% del plato o bowl) porción “verde”.

Yo entiendo que es para que se vea más contundente, pero estoy segura de que nadie puede comer tantas hojas sin aburrirse, creo que incluir zanahoria, poner algunas betarragas, pepinos, tomate, berros, choclo, poroto verde, dejarían a todos felices, porque si quieres comer saludable toda la semana, pareciera que a diario estás ingiriendo lo mismo, y eso sí que aburre.

De todas formas me gustaría si alguien conoce lugares con algunas variaciones en cuanto a ensalada. Para variar un poco.

8 543

image
por carodu

Mis papás son mega preocupados de la salud. Desde chica, ante cualquier resfrío, dolor o molestia, me llevaban al doctor. Y así siempre, exámenes por si acaso, mucho control y una infancia y juventud muy sana, con seguros asociados y una cobertura asegurada ante cualquier eventualidad.

Cuando corté el cordón, me fui de la casa y me desvinculé de su plan de salud, el escenario cambió. Tengo un plan de isapre no muy bueno, y no estoy afiliada a ningún seguro complementario. La verdad es que nunca me ha importado mucho este tema, siempre he creído que nada me va a pasar y a lo más una vez al año voy al control femenino habitual. A lo más, porque eso también me lo he saltado, muchas veces con la excusa de “no tengo plata”. Excusa mula, porque saliendo un par de veces menos en el mes se logra juntar el monto.

Este año, sin embargo, me cambió un poco el switch. Empecé a ver cómo gente de mi edad enfrenta enfermedades complicadas, y cómo amigos cercanos se toman muy en serio este tema, visitando regularmente el doctor y destinando parte de su sueldo en fortalecer su cobertura de salud. Por mi parte, me está pasando que me estoy empezando a preocupar. Ya no asumo que todo va a estar bien y que nada me va a pasar. Me estoy pasando el rollo de que algo invisible o asintomático se puede empezar a incubar en cualquier momento, y siento la necesidad de ver cómo va todo acá dentro. No quiero ser alarmista, pero eso de que soy invencible ya no me queda.

Al final, creo que mejor me quito la venda, me pongo responsable, me hago exámenes de rutina, me reviso los niveles para chequear que todo esté bien y me quedo tranquila. Llegó la hora de pedir hora.

Foto: Gerda vía Flickr

3 378

cc1
por @patyleiva

Conocimos por primera vez a Naomí Navarro hace más de 15 años, cuando estaba terminando la carrera de diseño y comenzaba la vida laboral con todas las pilas puestas. Fue el 2012 que supimos que fue diagnosticada con cáncer, a sus 32 años de edad. En ese  tiempo  era deportista y entrenaba natación en una piscina semi olímpica 4 días a la semana, jamás se había visto una enfermedad de este tipo en su historial familiar y sin embargo todo cambió de un momento a otro cuando le comenzaron los interminables y muchas veces dolorosos exámenes.

En menos de 36 horas entró a un pabellón para extraer una muestra cercana a sus huesos, sementaron una vértebra, le colocaron un reservorio para poder administrarle la quimioterapia, le sacaron un ovario para poder guardarlo en el laboratorio de fertilidad.

Veinticinco días pasó en la habitación de la clínica hasta que descubrieron que el tipo de cáncer que tenía era un SARCOMA de PNET.

En todo ese largo y doloroso camino de incertidumbre, miedo y tantos sentimientos encontrados, terminó por prevalecer un sentimiento que le dio la fuerza y el valor para lidiar con todo esto aferrándose a la vida, con la convicción de querer vencer la enfermedad.

Hoy sus exámenes muestran un cáncer en remisión. Naomí comenzó una vida nueva con todo este aprendizaje y decidió acompañar y compartir los sentimientos que pasan por la mente de una persona de su edad al sufrir este inesperado giro en la vida. Por eso creó Cancer Coaching Chile, un sitio web –que es mucho más que eso–. Acá compartimos lo que conversamos con Naomí Navarro al respecto:

14 1178

embarazada
por Sur

La presidenta Bachelet anunció que el embarazo dejaría de ser una preexistencia para ingresar al sistema de isapres y, por supuesto, ardió Troya.

Las isapres amenazaron que ante tal escenario de incertidumbre no tendría otra opción que subir los planes o bajar las coberturas.

Los analistas neoliberales justificaron el anuncio de las isapres diciendo que este cambio en las reglas del juego alentaría a clientes oportunistas a ocultar información y a cambiarse de sistema cargando la mano a las isapres y, según su opinión, al resto de los cotizantes.

Sergio Melnick comparó a una mujer embarazada con un auto chocado y yo me siento ofendida en mi calidad de mujer, de mamá, de futura embarazada, pero también en mi calidad de cotizante y consumidora.

49 2292

image
por cachorra

En el colegio contábamos calorías con mis compañeras, vivíamos haciendo dieta y soñábamos con hacernos diversas operaciones (yo estaba obsesionada con operarme la nariz, por ejemplo). Al almuerzo comíamos sólo ensalada y la gracia era siempre dejar un poco en el plato. A pesar de que desde chica había tenido tendencias depresivas y obsesivas, esto nunca me pareció un problema, pensaba que mientras no mintiera ni tratara de engañar para no comer, estaba ok.

Entré a la universidad y todo cambió positivamente, me encontré con un grupo de gente más parecida a mí y las cosas empezaron a salir bien. Pero dejé de comer. De a poco. Iba eliminando cosas que no me gustaban, y terminé tomándome solo un café, o unas galletas de soda para no pasar la vergüenza de desmayarme. Sentirme fatigada y en control se sentía increíble. Según yo todavía no estaba engañando a nadie, hasta que una vez con una amiga fuimos al mall y yo le dije que no pasáramos por el patio de comida que me lo iba a querer comer todo, en broma, me agarró fuerte del brazo y me dijo que parara de mentir, que siempre decía que tenía hambre pero que no comía nada. Era verdad. Había logrado convencer a todos que yo vivía con hambre y que comía como bestia cuando no estaba comiendo nada.

Eventualmente me llevaron a un siquiatra porque tenía problemas para dormir, cuando le conté sobre mis hábitos, no solo se sorprendió porque llevaba sin dormir meses (según yo, yo dormía, pero no llegaba a un estado reparador), si no que claramente tenía una conducta problemática con la comida. Me derivó a una doctora que veía temas de desórdenes alimenticios y me recetaron un montón de medicamentos.

A pesar de que bajé bastante de peso, no llegué a estar absolutamente desnutrida, pero lo que sí se dañó fue mi cerebro. Pasé una semana en cama sin entender lo que me hablaban y sin poder subir escaleras. A la vuelta a la universidad había desarrollado un inminente déficit atencional que no me permitía estar más de 20 minutos en una clase sin tener que salir a darme vueltas. Mis defensas estaban en el suelo y ese año me agarré todas las enfermedades que circularon. Reprobé ramos y llegué a entrar en causal de eliminación.

Tuve la suerte de tener padres que me apoyaron no solo sicológicamente si no también financieramente (porque todo es increíblemente caro), y a los años me recuperé.

¿Mi punto? Las dietas son peligrosas. Es cierto que caer en un desorden alimenticio que incluye angustia y ansiedad no es lo frecuente, pero ¿por qué la obsesión con las dietas? Dejemos las dietas para temas de salud y que mientras las tengamos bajo control para sentirse mejor con uno mismo.

Yo entiendo que cuidarse y hacer cosas para uno realmente te puede acompañar y subir la autoestima (conozco chicas que con ponerse implantes lograron sentirse seguras de sí mismas), pero pido por favor que tengan cuidado. Lo digo por experiencia, por haberlo pasado pésimo, por tener secuelas que han durado años, todo por “un verano sin polera”.

Es particularmente ahora que quería escribir este post, porque con la llegada de la ropa suelta veraniega es que se cae en dietas meteóricas que pueden dañarte. Es cien mil veces más bacán tener el cerebro nutrido y pasarlo bien que volverse loca por ser flaca. Hoy puedo decir que me encanta comer cosas saludables y desbandarme con dulces y pizza, y a pesar de que nunca he sido fan de mis piernas, uso todas las faldas cortas que se me antojen porque son bellas.

9 573

image
por lucy

El otro día conversando con unos amigos, ellos recordaban su viaje de estudios y cómo hace apenas 17 años todavía se podía fumar en aviones… por un lado parece lejano, pero al mismo tiempo tan reciente esa realidad tan distina ahora desde hace ya más de un año que no se puede fumar prácticamente en ningún lugar público y cerrado.

Personalmente estoy muy contenta con esta nueva vida. Sí lamento las inversiones que hicieron los locales que habilitaron lugares para fumadores el corto tiempo que duró la legislación anterior, pero ¡soy tan feliz cuando salgo a bailar y no tengo que echar toda mi ropa al lavado automáticamente ni dejo mi almohada pasada a cigarro! Es tan agradable que conozco a muchos fumadores que sienten esa misma felicidad, pese a tener que salir al frío o apretujarse en pequeños patios para poder fumarse un cigarrito que sea.

La verdad es que los fumadores en restoranes nunca me molestaron; muchos solían ser tan respetuosos que no fumaban durante comidas, por lo que nunca se hacían esas nubes insoportables de las discoteques; hay otros no-fumadores más quisquillosos a los que sí les molestaba sólo sentir humo cerca, y ellos me imagino que deben estar todavía más satisfechos con la situación actual.

Lo que no he visto es que la gente haya dejado de fumar; de hecho en las noches prácticamente se hace un ambiente o carrete separado afuera entre los que fuman. Supongo que es una cosa de tiempo que eso suceda, pero al menos por el momento siento que la convivencia es mucho más razonable y agradable.

¿Los que fuman disfrutan de salir por un cigarro? ¿Se han acostumbrado a la realidad actual de los fumadores?

Foto: Leo Reynolds vía Flickr

27 209

trotemanana
por lucy

Durante toda mi infancia y adolescencia fui deportista; pero con la vida adulta fui alejándome del hábito, un poco por la flojera -acumulativa con los años, estoy segura- y otro buen poco por la falta de tiempo. Que los estudios, que el trabajo, y que después del trabajo quiero descansar o juntarme con amigos.

Fue así como las tardes las empecé a ocupar en otras actividades, y el deporte empezó a quedar fuera porque implicaba mucho rato; el tiempo que se gasta en el deporte, al menos en mi caso, no sólo es por el ejercicio mismo, sino por todas las obligaciones colaterales como tener que llegar al lugar donde haces deporte, tener que ducharte después, etc.

41 6380

living
por Daniela Paz (@dnlpz)

Hay varias razones para pensar en una desintoxicación. La primera y más importante es simplemente porque crees que lo necesitas, otra porque llevas mucho tiempo sin preocuparte de tus comidas o también porque quieres un punto de partida en un estilo de vida más saludable.

La idea principal de hacerlo es eliminar toxinas (obvio); aunque nuestro cuerpo lo hace naturalmente, el exceso de azúcar, cafeína y falta de ejercicio hacen más lento este proceso y como consecuencia tendremos falta de energía, ojeras, piel reseca o acumulación de líquidos. Así que necesitamos un pequeño empujón, por así decirlo, de vez en cuando.

4 31

HIPOCONDRIACA
por lucy

Ser hipocondriaca no es algo chistoso. Quizás lo sea en las películas de Woody Allen cuando él busca una religión que lo aleje de su miedo a la muerte y piensa hasta convertirse en hare krishna por creer que ellos aseguran la vida eterna; también puede que lo sea para quienes rodean al que inventa enfermedades en su mente, pero no lo es para el supuesto enfermo.

Creer que te pueden amputar el dedo porque te lo quemaste puede sonar ridículo, y probablemente lo es todavía más cuando te pasas llorando toda una noche con el dedo quemado metido adentro de un vaso de agua y preocupándote no tanto por el ardor, sino por las consecuencias exageradas que empiezan a crearse en tu cabeza.

También suena absurdo y para la risa que un dolorcito de cabeza que se pasa con un paracetamol sólo pueda ser un tumor cerebral.

Los hipocondríacos, creo yo, somos profundamente ignorantes. Como no tenemos idea de la cantidad de enfermedades intermedias e inocentes que existen entre un dolor de guata y la muerte, suponemos que cualquier mal puede ser mortal. La única vez que la enfermedad grave fue algo de verdad, lo pasé mal cuando sólo era una sospecha.

Ahora mismo tengo una uña del pie negra, y llevo casi un mes tratando de no pasarme rollos ni googlear al respecto ni autodiagnosticarme algún efecto o causa fatal. Pretendo seguir el consejo de las amigas que se han reído de mi preocupación, y esperar pacientemente a que la uña se caiga y yo recupere mi dedo.