por Daniela Paz & Paty Leiva. Foto: Andrés Bortnik para POTQ.cl
El efusivo: Funciona de distinta manera según el sexo. Si es mujer seguramente chillará y cantará con su desgarrada voz sin importar el de al lado. Si es hombre, cabecerá poseído y se moverá para donde sea necesario con tal de expresarse.
El que cuida a la polola: este tipo está en todos los conciertos y es la persona que logra incomodar al resto, porque cuando uno está saltando el tipo lo que quiere es hacer que nadie le pegue a su mina y lo logra golpeando a los del lado. O sea si estás en un concierto, en el lugar donde saltan es bastante probable que te lleguen algunos empujones.
El perdido: Estados alterados, pero bien pasado para la punta, quería elevarse pero se le pasó la mano, y lo terminan sacando a la mitad del concierto.
El poser: Como bien comentaban en un post anterior, no hay nada más desagradable que toparse con gente no pescando, y para peor, en los mejores lugares. Asisten solo porque esta de moda y es muy cool, pero en realidad jamás han comprado un disco o siquiera bajado una canción de la banda. Haz click para continuar leyendo »
Con la Nutella me pasa al revés que con la piña, no puedo entender a alguien a quien no le guste. Es maravillosa desde la consistencia al sabor, la amo. Cuando viví en Italia era lo mejor, allá la comían con todo, hasta en el pan, era un poco como acá el manjar, y hasta los sucedáneos blancos eran ricos -a diferencia de acá que no he probado copia que se le compare-. Cada cierto tiempo tengo que comprarme una nutella sí o sí, para comerme a cucharadas o con alguna galleta neutra (de vino o mantequilla por ejemplo) y que así dure más o, mejor aún, como relleno de una medialuna, para comerla sentada y tranquila.
El otro día pasé al Jumbo sólo por una Nutella y por primera vez no había, así que tuve que aguantarme el antojo un día más y buscarla en Almacenes Paris (donde además tienen un envase más chico). En Falabella también suelen tener, ñami.
Los niños una vez más. Ese fin de semana, mientras veíamos el DVD de un recital del grupo brasileño Skank, el hijo de mi novio –fascinado con la idea de cantar ante a miles de personas–, me lanza la pregunta: “Ana, cuando crezcas te gustaría ser cantante?”. Me pilló totalmente de sorpresa, primero porque de hecho, es uno de mis sueños, y luego por la expresión “cuando crezcas”. Le contesté que yo ya estaba crecida, que ya tenía 30 años y él, en sus 7 años de sabiduría, complementa: “Pero y cuando tengas 40? No crees que podrías ser cantante?”. Y remata: “no ves esa señora, que tiene 50 años y canta?” y empieza a tararear Hung Up de Madonna.
Tan simple como sólo un niño lo podría resolver. Y quién dijo que a los 30 ya no somos niños, y no podemos perfectamente planificar sueños para cuando estemos más grandes?
Fue una pregunta tan sencilla pero que me abrió los ojos. Yo, a los 30, ya me siento más o menos encaminada en mi carrera, así como tantas personas. Pero nada mejor que mantener esa frescura que los niños tienen, para no perder de vista los sueños de siempre y los cambios que sean necesarios a nuestra vida.
He conocido a mucha gente que estudia una cosa y termina dedicada a otra, y además, haciéndolo muy bien. Obvio que hay excepciones y chantas dándoselas de lo que no son, pero no hablo de esas personas, sino de gente que expandió sus campos y sin temores indagó y se expresó en otras áreas, lo que indica que a veces la profesión y la vocación no van de la mano. Periodistas de chefs, ingenieros de músicos, diseñadoras de productoras, educadoras de maquilladoras, publicistas de diseñadores, actrices dirigiendo grandes causas. A veces la verdadera vocación llega tarde, pero llega!
Lo primero que aprendí de hacer empanadas fue algo que en realidad siempre me pasa al cocinar algo elaborado: que es un proceso largo, al menos si se quiere hacer en cantidad. Sólo picar las cebollas nos costó hartas lágrimas, pero sobre todo demasiado tiempo. Lo mismo amortiguarla (ya había cometido el error de no hacerlo para el pebre que preparamos para picotear) freírla y cortar la carne. Suena corto, pero juro que estuvimos horas, y eso que la amiga con la que las hice es harto más diestra que yo en la cocina.
Lo segundo que aprendí fue que es bien difícil que queden jugositas como me gusta (espero perfeccionarlo en la segunda partida que haré ahora). Aperentemente hay que dejarlas poco rato en el horno y bien fuerte, cosa que la masa quede crocantita por fuera, pero suave por dentro y que ni el relleno ni la masa se alcancen a secar demasiado.
Lo tercero, es que tendría que haber pensado más en cómo lograr una forma bonita. El look artesanal me gusta, pero creo que ya caché como hacerlas para que queden perfectamente triangulares.
Como sea y aunque obvio que he comido mejores, me encantó dedicar una tarde a experimentar relajadamente, y fue una gran satisfacción ver mis primeras empanadas salir doraditas del horno. Y claro, también comerlas, por tarde que fuera.
Esta semana he estado revisitando todos mis discos de música chilena y quiero armar un playlist con mis canciones favoritas, hacerlo sin pudor alguno, mezclando pop y rock con tradición popular sin prejuicios, todo vale (para que no se desgasten los puristas). Parto con estas:
• Bolsa de mareo - Los Tres
• Run Run - Violeta Parra
• Maldigo del alto cielo - Violeta Parra
• Eh! Rica - Mauricio Redolés
• Disco Baby - Shogún
• Tren al sur - Los Prisioneros
• Transpíralo - Pánico
• Volver a los 17 - Violeta Parra
• La primera vez - Los Tres
• Cuando respiro en tu boca - Lucybell
• En la piscina - Los Ex
• Eligiendo una reina - Chancho en Piedra
• Follaje en el invernadero - Los Tres
• Mercado Testaccio - Inti Illimani
• Qué pasa wey - Pánico
• La partida - Víctor Jara
• Un hombre muerto en el ring - Petinellis
• Como quisiera decirte - Los Angeles Negros
• Chocolate - C Funk
• Promesas - Los Mono
Como ya pusimos a competir a dos grades mafiosos ahora pondré a competir a los dos actores que encuentro más graciosos. La vez pasada estaba más convencida, pero encuentro que esta vez es complicado, porque revisando la historia de los dos, ambos tienen grandes trabajos, y estos son los que considero más importantes: Haz click para continuar leyendo »
Hay situaciones en las que no basta conpedir disculpas ni tratar de arreglar las cosas. Ciertas metidas de pata en que lo mejor es “hacerse la loca”.
Ejemplo: Un día llegué al trabajo en taxi, y el chofer me devolvió menos vuelto. Le mencioné el error y el me dijo: pero ahí está incluido el valor que usted me quedó debiendo en su último viaje. Me indigné, le dije que nunca había andado en su taxi, y él afirmaba que sí… me puse aún más nerviosa, le dije “no soy mentirosa, no voy a pagar lo que no me corresponde!!!!”, y el señor insistía… pero ante mi incredulidad y la casi escena de novela venezolana, decidió entregarme el vuelto completo.
Bajé del taxi y no alcancé a dar 5 pasos cuando me cayó la teja. ¡Ese era el señor que me había llevado al trabajo hace más de un mes y que de hecho no me cobró el viaje! Traté de ubicarlo para pedirle disculpas, pero ya se había ido. No tenía donde ubicarlo… sentí vergüenza, pero para no quedarme dándole vueltas a mi error, encontré mejor asumir mi lado demente. Al final, está claro que fue eso que el chofer pensó que yo era: una loca.
Lo mismo cuando por distraída, me metí en la avenida Andrés Bello en sentido contrario a las 7 de la tarde… de repente vi que todos los autos que venían en mi dirección, y yo, la única “loca” bajando por la avenida. Ante la mirada rabiosa de los demás, a parte de pedirles disculpas (obvio), me hice la loca. Por lo menos, es una manera para que uno no se mate de vergüenza y asuma los errores que uno puede cometer.
Me compré sábanas de colores como Meredith (Grey). No sé cómo pero yo que intervengo bastante mis cosas las sábanas era algo de lo que jamás me había preocupado, y llevaba años usando unas que habían estado en mi casa desde hace probablemente muuucho tiempo y que lindas no eran. Ahora estoy feliz con mi decisión porque mis sábanas color amarillas y las color sandía son bellas, brillantes y muy animosas, y me imagino que iluminarán mi cama hasta en los días nublados.
Muchos odian el domingo, por ser el “principio del final” del fin de semana. Yo nunca le he tenido mala. Sólo cuando chica si uno no había hecho la tarea a tiempo, ahí sí que daba lata la tarde del domingo. Pero ahora lo veo como un día de descanso que se agradece. Mi panorama ideal:
Levantarme un poco tarde (lo más tarde que una casa con niños se pueda dar el lujo); idealmente salir a desayunar pero si no, comer algo liviano para después hacer las cosas con toda calma y cocinar algo rico –más elaborado que en los días de semana– pero muy relajada, escuchando música y picoteando de vez en cuando en el proceso y almorzar más bien tarde. Luego, salir a alguna plaza, o museo, sobretodo en primavera y otoño; llegar cansados, tomar once/comida y acostarse temprano (eso casi nunca lo hago, pero es mi intención, quizás hoy lo logre!). Ah! y lo más importante: no tener ningún compromiso.
El video es de Blur, la canción Sunday, Sunday (no puedo recordar si ya la pusimos alguna vez pero me encanta).