
por Cristóbal Carrasco *
Tras meses de polémicas, candidaturas frustradas y frases elogiosas de ex presidentes, hoy el Premio Nacional de Literatura fue otorgado a la escritora Isabel Allende. El resultado no es sorpresivo: durante estos últimos meses, la necesidad de reconocimiento a Isabel Allende se basó en factores externos a la calidad literaria: que pocas veces se ha premiado a una mujer, que es tan exitosa en el extranjero que parece imposible que lo sea en nuestro país, y un etcétera tan largo que el Premio, su historia y su mérito pareció olvidarse entre tanta confusión de opiniones y argumentos.
Allende, que ha publicado desde 1975, ha lanzado más de 20 novelas y ha ganado más de 30 premios, no debería quejarse demasiado del reconocimiento de su obra. Según comentan, el mismo Presidente llamó a Allende, y ella ha declarado que se siente contenta de haber recibido este premio en su propia tierra, y que éste es un triunfo no sólo de la buena literatura, sino también de las mujeres. Es, por supuesto, un triunfo personal, pero también una reivindicación de una literatura que pocas veces se ha premiado en Chile.
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