SOCIEDAD

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por lucy

Si bien este “súperlunes” no ha estado tan terrible hasta ahora, terminar febrero es un momento bastante cuático: con la llegada de marzo para algunos se acaban las vacaciones (snif), entran los hijos al colegio, para los santiaguinos vuelven los tacos a la ciudad, y el trabajo probablemente se vuelve más activo y urgente después de todo lo capeado durante el verano.

Pero lo bueno es que el buen clima sigue, y el calor es probable que nos acompañe hasta Semana Santa, que este 2015 cae entre el jueves 2 y el domingo 5 de abril; o sea que queda exactamente un mes, un periodo que se puede sobrellevar mejor si es que empezamos a planear desde ya una escapada.

La gente realmente organizada ya tiene cabañas arrendadas, campings reservados y pasajes comprados, tanto así que a estas alturas ya no es tan fácil escoger un destino y la recomendación es apurarse con la planificación.

Cuando se acerca la fecha de Semana Santa y empiezo a fantasear con esos días libres, siempre recuerdo que los uruguayos, sabios y laicos, mantienen los feriados pero los llaman “Semana de Turismo” desde que el Estado se separó oficialmente de la Iglesia.

¿Ustedes tienen planes para Semana Santa?

Foto: Mariana y punto

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copitamialuna
por Jose*

Llevo dos años desde que comencé a utilizar la copa menstrual y ha sido una completa revolución en mi vida: es cómoda, ecológica, ofrece 12 horas de protección y puede llegar a acortar el período. Además, elimina la sensación de “derrame”; ya nunca más le pedí a una amiga que me viera los pantalones en búsqueda de una mancha.

Sin embargo, cada vez que les he contado a mis amigas y familiares de las bondades de la copita he recibido caras de asco y narices arrugadas. “¿Cómo esto puede entrar ahí?”,“Qué asco”, “Yo sangro más que eso”. Y me aburrí de intentar convencer de este producto tan liberador porque creo que el problema es más profundo.

Nos educan para tratar nuestro cuerpo como prohibido, a la regla como algo asqueroso, en donde la mujer no mestrúa sino que se indispone. Así, la vagina se vuelve más tabú que el pene y mujeres que no tienen problemas en hablar de sexo se incomodan en conversar sobre algo más primario en sus vidas.

¿Cómo poder empoderar a la mujer en la sociedad si ella no se conoce ni se admite a sí misma, a su propio cuerpo? ¿Cómo esperar que ellas disfruten más de su sexualidad sin conocer su anatomía básica? ¿Cómo se puede esperar una buena ley de aborto si no se puede hablar de menstruación con libertad y, por ende, de educación sexual?

*Si quieres escribir en Zancada, tienes que mandar tu texto con título y nombre con el que quieres firmar a contacto@zancada.com en un mail titulado TEXTO. Como siempre, si va con nuestra línea editorial felices lo publicaremos.

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por Jo M.

Si hay algo que me hace sentir como la anciana que no soy -aún- es tener que escuchar música en lugares públicos. Y si hay un lugar público en el que esto me molesta más, es en la playa. Realmente no me cabe en la cabeza que un lugar que debiera ser de paz y tranquilidad tenga que ser perturbado por algún punchi-punchi proveniente de parlantes que sólo pertenecen a algunos.

Los audífonos son algo barato y accesible a cualquiera que tenga un aparato desde el cual salga música, por lo que no entiendo por qué en vez de usarlos, hay quienes siguen optando por usar parlantes y obligar al resto a escuchar una música fuerte e indeseada en la micro, en el parque, en el bus, en la calle, y hasta mirando el mar.

Con esto no me refiero solamente a las personas que invaden el espacio público con su música personal, sino también a esos locales o concesionarios que parecieran odiar el silencio y deciden poner parlantes a todo chancho con sonidos que más tienden a ponerte los nervios de punta que a relajarte (esto incluye música y, peor aún, animadores).

Creo que en las ciudades vivimos con suficiente contaminación acústica y estrés como para más encima agregar la tortura de una música fuerte que no quieres escuchar. ¿En qué pensarán quienes ponen parlantes en una playa? ¿Por qué lo creen necesario? ¿Podremos callarlos algún día o no queda otra que escapar o ponerse audífonos? ¿Les gusta a ustedes la música fuerte en lugares públicos?

Foto: película Say Anything (ahí los parlantes son románticos)

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por lucy

En plena discusión sobre el proyecto de ley enviado por el Gobierno para -por fin- aprobar el aborto al menos en tres causales (riesgo de la vida de la madre, embarazo inviable y cuando es producto de una violación), el diputado DC Pablo Lorenzini lanzó las más ofensivas declaraciones sobre el tema.

Las palabras de Lorenzini nos ofenden como mujeres (diciendo que quizás “tenemos” violaciones cuando tomamos unos tragos de más o cuando tenemos pena y un hombre es “hábil”), ofende a la justicia al decir que la ley no es clara al definir violación, y ofende hasta a sus electores al decir que su eventual voto en este tema es por creencias personales y explícitamente no en nombre de los electores quienes lo votaron para que los representara en el Congreso.

Parece que al diputado Lorenzini -y lamentablemente a muchos otros hombres que esconden su machismo patriarcal detrás del conservadurismo social- todavía hay que enseñarle que las violaciones son cuando una mujer NO quiere, que no importa ni la ropa que vista o no vista ni los tragos “de más” ni ninguna otra circunstancia. Una violación no “se tiene”, no te violan “un poquito” y nunca es culpa de la víctima, sino del violador.

Abajo pueden escuchar la entrevista completa que dio Lorenzini esta mañana en radio Sonar:

Foto: película “Acusados”

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por @ConchitaQ

El fin de semana leí en el diario una de esas notas/estudios que se titulaba “La mitad de los santiaguinos no tiene amigos en su barrio”, donde estaban los resultados de un estudio con las mejores comunas para vivir en Santiago y las características que las personas más valoran, y donde explicaban que por desconfianza o individualización la mayoría de los santiaguinos no se relaciona mayormente con sus vecinos.

Leyéndolo me quedé pensando algo que cada cierto tiempo me da vueltas, y es la tremenda suerte que tengo de adorar mi barrio. Y por esas casualidades bacanes de la vida, hoy tengo a cinco buenas amigas viviendo a menos de cinco cuadras de mi departamento. Y la vida es mejor. En mi caso, no fue que me hice amigas de las vecinas, sino que resultó ser una selección perfecta de amigas de distintos lados, que en el último año llegaron al barrio.

Quizás tengo un trauma porque con mis padres viví durante toda la infancia y adolescencia en la punta del cerro, literalmente donde se termina el camino de El Arrayán. Y hace diez años atrás, habían muy pocas casas, por lo que nunca tuve un vecino, jamás caminé a la esquina, compré pan fresco, ni podía ir a la casa de una amiga si no me organizaba el día antes. Entonces, puede que toda la vida urbana me parezca alucinante, y si a eso le sumamos la idea de que puedes contar con tus amigas de la vecindad para pedir ayuda, verlas o pedir un consejo rápido, se convierte en una variable súper importante para sentirte mejor.

Nada como cuando te sacan de apuros y puedes pedir un vestido o maleta prestado un par de horas antes que los necesites, irse y volverse juntas a un carrete (el clásico nos juntamos en la esquina para tomar el taxi), saludarse por la ventana cuando pasas fuera de su casa, que te ayuden dándole comida al gato cuando viajas o regando las plantas, panoramas improvisados, y tantos tantos tantos otros momentos que te hacen más fácil, divertido y feliz el día.

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por daria

El año que acaba de pasar y el primer mes de este 2015 ha estado movida la escena en el Congreso; es un hecho que los proyectos se están aprobando y vaya que lo han hecho rápido. Lo bueno es que son proyectos necesarios, que muchos anhelaban y que nos permitirán avanzar como sociedad.

En política se trata sobre todo de saber esperar el momento correcto, saber reconocer los tiempos y ahí dar el golpe. El Acuerdo de Unión Civil, antes conocido como PUC y antes de eso como AVP, es a lo que como país podemos aspirar por ahora y eso no tiene nada de malo porque sin importar por dónde se le mire, representa una enorme evolución. Por supuesto que somos muchos los que queremos algo llamado, lisa y llanamente, matrimonio igualitario, pero este, el AUC, es un avance, enorme y esperado, para nuestro país que hasta hace menos menos años de los que nos gustaría reconocer (sólo 10), aún no tenía algo tan básico como una ley de divorcio. Con la unión civil se regularán situaciones de parejas heterosexuales, pero más importante aún, le otorgará derechos que el Estado estaba negando a los homosexuales, miembros de la sociedad como cualquier otra persona y por eso, sujetos de derecho.

La Reforma Educacional es otra arista de la búsqueda por más igualdad. Sí, sabemos que no se puede acabar de cuajo con la desigualdad, esta siempre existirá, pero el punto es igualar condiciones, sobre todo al inicio de nuestras vidas. Se trata de garantizar que cada niño o niña, sin importar su capital económico o cultural, podrá torcer la mano a su destino si así lo quiere. Por esto la aprobación del proyecto de inclusión en el Congreso es el primer paso para comenzar a abandonar esa mentalidad de “sacar las frutas podridas del cajón”, tan nociva y contraproducente con un sistema educativo que debiera ser siempre inclusivo e integrador.

Y créanlo o no, el terrorífico Sistema Binominal tenía mucho de desigualdad también pues permitía que los votos de unos valieran más que otros. ¿Cómo puede ser esto, si hace más de 25 años que volvimos a ser un país democrático? Sin querer sonar oficialista, es un hecho que el binominal permitía, por ejemplo, que un candidato que no había obtenido la primera mayoría saliera elegido, haciendo que los votos de algunos ciudadanos valieran más que los de otros o que la verdadera contienda electoral se daba entre compañeros de pacto y no con el candidato de la vereda opuesta. Insólito, por decir lo menos.

Lo curioso es que dos de estas reformas, educacional y al binominal, deberán pasar por el Tribunal Constitucional antes de ser promulgadas, institución que más parece una tercera cámara legislativa y que debiera ser reformada o eliminada si queremos seguir por esta senda de avances por la que recién comenzamos a caminar. Sin embargo es imposible negar que el recorrido se ve, hasta ahora, felizmente auspicioso.

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por Juana Rosa

Escribo este post desde mi oficina, con caña, sufriendo. Será un día largo y poco productivo. Debí quedarme en mi casa. Durmiendo. Con un baño cerca. Pero estoy acá porque no se puede faltar, y en vez de hacer mi pega, estoy escribiendo este post. Porque hoy mi cabeza solo hace foco en controlar la caña.

A quién no le ha pasado. A mí un par de veces. Pocas igual. Es mucho mejor ser el vecino de escritorio del que llega con lentes oscuros y el gatorade delator. Y poder bullyiar al encañado sin piedad. Es mucho menos divertido ser el que necesita una aspirina con urgencia. O varias.

Aunque ayer lo pasé chancho y no me arrepiento. Quizás solo del momento en descorchamos la séptima botella.

¿Existe alguna técnica para soportar la caña en la pega? Ayuda.

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por Claudio Aravena, ilustración de Cristián Salinas (Mr Sardinas) para Fundación La Fuente

Hoy nos despertamos con una mala noticia: la muerte de Pedro Lemebel. Profesor de arte, escritor, cronista, performista, Lemebel es -sin duda- la más auténtica voz de la creación literaria chilena contemporánea.

De inmediato, miles de compatriotas postearon imágenes, frases, fotografías, portadas de sus libros, autógrafos, historias con él: “lo veía camino a la Vega, con su carro lleno de frutas y flores”, “me saludó en la librería Metales Pesados”, “lo conocí en la Feria del Libro”, “lo admiraba”, “lo encontraba seco”. Cada lector, cada seguidor atesorando un recuerdo, un instante.

La primera vez que lo vi, el año 94, cruzó Campus Oriente enfundado en un traje sastre negro, de taco alto y pañuelo de calaveras amarrado en la cabeza. A su paso, a su sonar de tacos, el gentío rucio del campus se paralizó. Cruzó de esquina a esquina con ímpetu para saludar a la Damiela Eltit, quien recibía un premio ese día. Me quedé paralizado: un hombre con tacos en la pontificia universidad. Luego con mis compañeros de literatura devoramos su primer libro “La esquina es mi corazón” (Cuarto Propio, 1994), casi en una actitud clandestina, cuando el buscador de la biblioteca de la universidad, al colocar “literatura gay”, te mandaba a libros de enfermedades siquiátricas.

Hoy, mientras yo mismo subía posteos y noticias, pensaba en cuánto habíamos cambiado: las portadas de los diarios, las radios, algunas universidades, la Presidenta de la República, la Ministra de Cultura despiden al autor clandestino y marginal. Sin embargo, el único que no cambió fue Lemebel: siempre siguió siendo el mismo, el de la lengua filosa y cola, dispuesto a hacernos ver esa verdad que queremos esconder bajo la alfombra. Sus crónicas eran un espejo incómodo de nuestro Chile: los acuerdos con los milicos, la televisión dorada de Bolocco y Morandé, el olvido de los muertos y los desaparecidos, la democracia pactada. Nuestra aspiración a ser un Chile rubio, olvidándonos de nuestra mecha tiesa y oscura a punta de blondor.

La última vez que lo escuché en el GAM, para el FILBA, no quiso salir hasta que todos los cabros que hacían fila en la puerta pudieran entrar, rompiendo todas las normas de seguridad de un país sísmico, cientos de seguidores llenaron las escaleras apoyados en los muros y lo aplaudieron a rabiar. Lemebel, envuelto en lentejuelas y ya con la voz débil -producto del cáncer a la laringe que lo mató- leyó, se emocionó y brindó con nosotros, sus seguidores emocionados que vibramos a punta de recuerdos, de boleros, de amor, y de sexo furtivo y setentero. Lemebel era nuestra voz, sobre todo, para quienes tenemos un ala rota. Nadie mejor supo decirlo y lo retrató en su Manifiesto, que hoy les dejo, y que fue leído el año 1986 frente a la cúpulas de los partidos de izquierda, tan homofóbicos como la conservadora derecha chilena. Gracias, Pedro, por la valentía.

Manifiesto / Pedro Lembel

No soy Pasolini pidiendo explicaciones
No soy Ginsberg expulsado de Cuba
No soy un marica disfrazado de poeta
No necesito disfraz
Aquí está mi cara
Hablo por mi diferencia
Defiendo lo que soy
Y no soy tan raro
Me apesta la injusticia
Y sospecho de esta cueca democrática
Pero no me hable del proletariado
Porque ser pobre y maricón es peor
Hay que ser ácido para soportarlo
Es darle un rodeo a los machitos de la esquina
Es un padre que te odia
Porque al hijo se le dobla la patita
Es tener una madre de manos tajeadas por el cloro
Envejecidas de limpieza
Acunándote de enfermo
Por malas costumbres
Por mala suerte
Como la dictadura
Peor que la dictadura
Porque la dictadura pasa
Y viene la democracia
Y detrasito el socialismo
¿Y entonces?
¿Qué harán con nosotros compañero?
¿Nos amarrarán de las trenzas en fardos
con destino a un sidario cubano?
Nos meterán en algún tren de ninguna parte
Como en el barco del general Ibáñez
Donde aprendimos a nadar
Pero ninguno llegó a la costa
Por eso Valparaíso apagó sus luces rojas
Por eso las casas de caramba
Le brindaron una lágrima negra
A los colizas comidos por las jaibas
Ese año que la Comisión de Derechos Humanos
no recuerda
Por eso compañero le pregunto
¿Existe aún el tren siberiano
de la propaganda reaccionaria?
Ese tren que pasa por sus pupilas
Cuando mi voz se pone demasiado dulce
¿Y usted?
¿Qué hará con ese recuerdo de niños
Pajeándonos y otras cosas
En las vacaciones de Cartagena?
¿El futuro será en blanco y negro?
¿El tiempo en noche y día laboral
sin ambigüedades?
¿No habrá un maricón en alguna esquina
desequilibrando el futuro de su hombre nuevo?
¿Van a dejarnos bordar de pájaros
las banderas de la patria libre?
El fusil se lo dejo a usted
Que tiene la sangre fría
Y no es miedo
El miedo se me fue pasando
De atajar cuchillos
En los sótanos sexuales donde anduve
Y no se sienta agredido
Si le hablo de estas cosas
Y le miro el bulto
No soy hipócrita
¿Acaso las tetas de una mujer
no lo hacen bajar la vista?
¿No cree usted
que solos en la sierra
algo se nos iba a ocurrir?
Aunque después me odie
Por corromper su moral revolucionaria
¿Tiene miedo que se homosexualice la vida?
Y no hablo de meterlo y sacarlo
Y sacarlo y meterlo solamente
Hablo de ternura compañero
Usted no sabe
Cómo cuesta encontrar el amor
En estas condiciones
Usted no sabe
Qué es cargar con esta lepra
La gente guarda las distancias
La gente comprende y dice:
Es marica pero escribe bien
Es marica pero es buen amigo
Súper-buena-onda
Yo no soy buena onda
Yo acepto al mundo
Sin pedirle esa buena onda
Pero igual se ríen
Tengo cicatrices de risas en la espalda
Usted cree que pienso con el poto
Y que al primer parrillazo de la CNI
Lo iba a soltar todo
No sabe que la hombría
Nunca la aprendí en los cuarteles
Mi hombría me la enseñó la noche
Detrás de un poste
Esa hombría de la que usted se jacta
Se la metieron en el regimiento
Un milico asesino
De esos que aún están en el poder
Mi hombría no la recibí del partido
Porque me rechazaron con risitas
Muchas veces
Mi hombría la aprendí participando
En la dura de esos años
Y se rieron de mi voz amariconada
Gritando: Y va a caer, y va a caer
Y aunque usted grita como hombre
No ha conseguido que se vaya
Mi hombría fue la mordaza
No fue ir al estadio
Y agarrarme a combos por el Colo Colo
El fútbol es otra homosexualidad tapada
Como el box, la política y el vino
Mi hombría fue morderme las burlas
Comer rabia para no matar a todo el mundo
Mi hombría es aceptarme diferente
Ser cobarde es mucho más duro
Yo no pongo la otra mejilla
Pongo el culo compañero
Y ésa es mi venganza
Mi hombría espera paciente
Que los machos se hagan viejos
Porque a esta altura del partido
La izquierda tranza su culo lacio
En el parlamento
Mi hombría fue difícil
Por eso a este tren no me subo
Sin saber dónde va
Yo no voy a cambiar por el marxismo
Que me rechazó tantas veces
No necesito cambiar
Soy más subversivo que usted
No voy a cambiar solamente
Porque los pobres y los ricos
A otro perro con ese hueso
Tampoco porque el capitalismo es injusto
En Nueva York los maricas se besan en la calle
Pero esa parte se la dejo a usted
Que tanto le interesa
Que la revolución no se pudra del todo
A usted le doy este mensaje
Y no es por mí
Yo estoy viejo
Y su utopía es para las generaciones futuras
Hay tantos niños que van a nacer
Con una alita rota
Y yo quiero que vuelen compañero
Que su revolución
Les dé un pedazo de cielo rojo
Para que puedan volar.

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por Jo M.

Desde hace varios años ya que decidí tomar vacaciones fuera de temporada; en invierno tengo la ventaja de, si es que puedo viajar fuera de Chile, escapar del frío y de una época en la que realmente me estoy desconectando del trabajo.

El verano me gusta pasarlo en Santiago; el trabajo suele ser más liviano porque hay mucha gente de vacaciones; como los días son largos, siempre hay tiempo para unas cervecitas en alguna terracita veraniega para aprovechar la tarde y el calor; y si ando de suerte, por ahí caen algunas invitaciones a piscinear de vez en cuando.

Algunos fines de semana, en cambio, trato de arrancar a la playa o algún lago si es posible, porque aunque me gusta la tranquilidad del trabajo en verano, también disfruto de bañarme en el mar, ríos y lagos, y aún en verano el agua es lo suficientemente fría.

Cuando me tomaba vacaciones en verano, trataba de evitar la primera quincena de febrero, que suele ser la más sobrepoblada en prácticamente todos los lugares; además, para viajar a algunos lugares del sur de Chile el verano es la única opción.

¿Ustedes cuándo se van a tomar vacaciones? ¿Qué van a hacer este verano?

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por carodu

Comienzo mi ponencia diciendo que no sé si afortunada o lamentablemente tengo muy buena memoria y difícilmente olvido a las personas. Aunque esté solo un rato con ellas, en general retengo sus rostros y si los veo en otra ocasión, me acuerdo de inmediato.

Me pasa muy seguido que comparto con gente y a la siguiente vez que la veo, me saludan como si fuera la primera vez. Se acercan y hasta me dicen su nombre: “Hola, soy Juanito” y yo los miro con cara de “sí sé”, pero respondo “Carola”. También me pasa que muchas veces ni me saludan.

Hoy conversaba este tema con mi amiga Mariana y punto en el almuerzo, y reparamos en que tiene muchas aristas. Algunas de ellas son enumeradas a continuación:

Hay gente despistada: hay personas que realmente no se acuerdan de haber estado en un carrete, cumpleaños, reunión, paseo, o algún tipo de evento con alguien, y la vez siguiente que la ven piensan que es la primera vez. No es de mala onda, solo no se acuerdan.

Hay personas tímidas: aunque nos conozcan, algunas personas son menos sociables quizás, y esquivan la mirada por vergüenza o no se acercan a saludar para no interrumpir. Algunos son más cortos de genio simplemente.

Hay gente pesada: hay personas que no te saludan porque no quieren no más. Aunque hayan compartido contigo quizás más de una vez, están demasiado ocupados o se creen demasiado superiores como para acercarse a decir hola. Creo que me he topado con varios de esos seres humanos.

En fin, hablar de relaciones humanas da para mucho. En mi caso, trato de siempre saludar si es que conozco a la persona, y me arriesgo a no ser recordada de vuelta. También recibo a menudo cálidos saludos. Y también a veces le he recordado a alguien que ya fuimos presentados con anterioridad, aunque se sientan un poco incómodos.

¿Qué tipo de saludadores son ustedes? ¿Se acuerdan de la gente con la que comparten o son más bien despistados?

Foto: película Clueless