regresar a vivir a tu país

Vuelvo, vida vuelvo: Lo que nadie te cuenta de regresar a vivir en tu país

No entiendes algunos chistes; te perdiste unas historias; tus amigos tienen nuevos amigos; tus sobrinos ya son otros niños, incluso hay algunos recién llegados; tus abuelos son evidentemente más mayores. También, lo normal es que no estés en la retina inmediata de tu entorno para muchas cosas, porque por bastante tiempo armaron una cotidianidad sin ti. Y tú una sin ellos.

regresar a vivir a tu país
Por @dani_salas (@librosaciegas)
He tenido la suerte de haber vivido fuera del país un par de veces, en diferentes periodos, en distintas edades. El patrón es más o menos el mismo: la emoción previa al viaje y el fantasear con un cambio rotundo; luego está la experiencia misma de la estadía, que es siempre una combinación (y avalancha) de gozo, sufrimiento, problemas, desafíos, nuevas personas, acostumbramiento, más gozo, aprendizaje, cachetadas de realidad y, finalmente, la fugacidad que en un pestañear ya te trae de regreso.

A todo lo anterior, agreguemos esos procesos intermedios; eso que pasa en tu entorno cuando no estás. Mientras tú estás metida en tu propio remolino, no eres consciente de que allá, en ese lado del charco que dejaste, la rueda sigue andando, quizás en otra marcha, a otro ritmo, pero sin descanso.

Llegué hace unos meses después de estar fuera casi dos años. El aterrizaje ha sido duro. No en el sentido snob del discurso de que nuestro país es lo peor, porque no lo es. Es nuestra casa, que necesita mejoras, pero es tu hogar a fin de cuentas.

 

La vuelta a vivir a tu país también tiene sus ciclos: la hiperventilación del reencuentro, eres el centro de atención, bombardeo de requerimientos, información y emociones. Después ya pasas a ser nuevamente parte del paisaje, la gente, como es de esperar, vuelve a sus rutinas y tú entiendes que tienes que rearmar la tuya desde la incertidumbre.

Cuando estamos por irnos de Chile, pensar en ese futuro incierto es parte de la emoción de la aventura; es aterrador cuando ese plazo se cumple, por más que quisiste prepararlo o anticipar cosas para suavizarlo.

Es ahí cuando viene la nostalgia dura, eufórica y melancólica. Esa que pocos entienden, la que no es fácil compartir, la que a veces irrita al resto si la expresas mal y que se transforma en un duelo solitario. Brutal contradicción entre el echar de menos esa vida creada lejos y las ansias de volver a tus orígenes.

Cuando estás en la vorágine de la bienvenida, te sientes exultante, confías en que la adaptación será rápida; muchos te tienden manos (algunas se esconden rápido). Te invade el ímpetu de retomar tu espacio, ese que silenciosa y naturalmente salió del engranaje, no por falta de interés ni de cariño por parte de los que se quedaron, sino por un devenir orgánico que ni las redes sociales pueden evitar.

No entiendes algunos chistes; te perdiste unas historias; tus amigos tienen nuevos amigos; tus sobrinos ya son otros niños, incluso hay algunos recién llegados; tus abuelos son evidentemente más mayores. También, lo normal es que no estés en la retina inmediata de tu entorno para muchas cosas, porque por bastante tiempo armaron una cotidianidad sin ti. Y tú una sin ellos.

Al regresar rápidamente dejas de ser novedad, pero tú sigues en la misma lucha, en el mismo extrañar, en el mismo procesar, en la misma obligación de reinventarte, de unirte al juego que ellos nunca dejaron de jugar, pero en el que tienes que memorizar reglas nuevas, y en el mismo trabajo que implica sentirse en casa de nuevo, cuando ésta no es exactamente la misma, ni tú tampoco.

Foto: Sergey Zolkin

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3 Comments

  1. Ooooo te leí y siento que comparto en muchas muchas cosas. Gracias por escribirlo! Siento que no soy la única. Estoy viviendo ahora en Australia, después de una necesidad de salir de mi rueda en Chile, quiero seguir extenderlo por más tiempo, regresando con paradas en Europa y Brasil m, pero siento que el regresar a mi hogar será algo tan bacán (ya estoy aprendiendo a echar de menos) y por otro lado tan difícil de volver a aprender a decidir donde y cómo vivir.

  2. ¡Gracias! Muy cierto y lindo lo que dices. La verdad es que el aterrizaje es parte del viaje, nada que hacer, con lo bueno y con la malo. Sigue disfrutando mucho la experiencia. Saludos!

  3. ufff, muy cierto todo lo que dices. En mi propia experiencia me pasa que ya no me siento en mi hogar, ni en Chile ni en ningún sitio. He vivido solo en 2 aparte de Chile, he viajado mas. Me gustaría sentir que encontre mi lugar, sea donde sea.
    Lo que mas me emociona es cruzar policia internacional, cuando estas en esa zona que no es de nadie, que todos son solos viajeros de todos lados o de ninguno, como la cancion de Charly…pasajera en trance.

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