Publicado el martes 10 de junio de 2008

por Paty Leiva
Conversando con algunos amigos que, al igual que yo trabajan de manera independiente, coincidimos (y nos complementamos) en algunos recursos básicos indispensables (o muy útiles) que utilizamos para trabajar mejor:
• Agenda: Ya sea análoga o digital, es lejos lo más importante. Es muy fácil desorganizarte cuando tú eres el único que controla todas tus actividades, que además, seguramente son hartas y bien distintas. Yo ocupo las dos, pero el iCal es lejos lo más ordenado que existe, ya que puedes separar calendarios por tema/cliente y sacarlos y ponerlos para verlos por separado o todos a la vez.
• Celular (o iPhone o Blackberry): Es lo mejor poder recibir recados y saber quién te está llamando, y en cuanto a los mails, las novedades llegan a ti sin necesidad de estar revisando el mail a cada rato.
• Laptop: Me he hecho bastante dependiente de mi MacBook, de hecho, hace una semana decidí que de ahora en adelante cambiaré de computador solo cuando necesite otro portátil, y nunca más voy a comprarme uno fijo.
• Conserje: Muy útil para recibir o entregar material sin necesidad de esclavizarse a esperar que la persona pase. También es muy útil cuando no tienes ninguna necesidad de que tu cliente te pille almorzando o haciendo el aseo.
• Motoboy: Existen varias empresas que salvan demasiado en momentos o situaciones en las que ir a dejar una boleta tomaría toda una mañana. En esos casos, el tiempo es oro, o sea, plata, porque 3 horas trasladándose son 3 horas que podrías estar trabajando y produciendo más plata que las 2 lucas que te sale el envío. Los mensajeros en moto pueden ir a buscar, a dejar e incluso hacer encargos de ida y vuelta. Los precios aproximados van desde los $2 mil por viaje de ida dentro de tu misma comuna. Yo conozco unos que se llaman Speed-mail: tel. 632 0303.
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Publicado el martes 27 de mayo de 2008

por Ana Paula do Brasil
La principal razón que me hace llegar atrasada al trabajo –más que haberme quedado dormida–, es no saber qué ropa me pongo. Sin querer caer en lo básico o en lo obvio, busco alternativas más interesantes para el look diario y en eso se van mis preciosos minutos.
Pero hace un tiempo, escuché la entrevista de una actriz brasileña que daba un dato no muy innovador, pero que al fin y al cabo nos ayuda y mucho: Registrar en fotos toda la ropa que tenemos, y hacer un “banco de looks” con las combinaciones que podemos lograr con lo que tenemos.
Encuentro que es una muy buena idea separar por tipos de look (reunión con el gerente/cliente, frío, lluvia, calor, viaje etc.) y, en la noche anterior dejar la opción elegida para el día siguiente. Incluso lo más entretenido debe ser el trabajo de registro, ya que por ahí nos encontramos con piezas que ni siquiera recordábamos. Y si a una le da lata fotografiar una a una, también puede dibujar las prendas en papel, y hacer como las paperdolls, aprovechando también para dejar la cosa más lúdica.
Imagen: www.paperdolls.com
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Publicado el martes 20 de mayo de 2008

por Mónica Geller
Son un caos andante. Siempre llegan atrasados, no son capaces de seguir instrucciones, pierden citas y reuniones, olvidan cosas, toman decisiones drásticas y desinformadas, y en general, crean un aire de negatividad y angustia a su alrededor. En este sitio encontramos “5 tips para lidiar con gente irresponsable” (ojo que estamos hablando de gente realmente irresponsable):
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Publicado el miércoles 16 de abril de 2008

por Ana Paula do Brasil
Trabajar en una empresa muchas veces resulta aburrido. No por la pega misma, sino que por el ambiente físico. Es inevitable que todo tenga el mismo color, generalmente el “gris ratoncito”, cubículos, sillas, computadores, mesas, todo igual.
Considerando que muchos pasan más tiempo en la oficina que en la propia casa, la gente inventa lo que puede para tornar su escritorio lo más acogedor posible. Por acá en mi pega, lo más frecuente son las fotos de hijos, parejas, padres etc. No faltan los que ponen las banderillas o escudos del equipo de fútbol, un amuleto, un objeto de familia, plantas y flores.
También hay los que invierten en la música para dejar el ambiente menos aburrido, pero eso puede resultar irritante, ya que es difícil coincidir los gustos musicales, y a veces hay que aguantar un Ricardo Arjona por ahí.
Yo siempre mantengo la foto de mi familia, y también la letra de una canción de un grupo brasileño que es como una ‘oración diaria’. Y también alguna que otra revista para mirar de vez en cuando y salir un poco de la rutina de trabajo. Pero la verdad es que quiero invertir más en ese tema, y traer más cosas entretenidas a mi escritorio.
Independiente de gustos, encuentro que esa “decoración microambiental” es imprescindible para que uno aguante las 8 (o más) horas en que queda encerrado en el mismo lugar.
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Publicado el martes 15 de abril de 2008

por m
Cuando estaba en el colegio amaba ir al cine. Mi sueño era ser crítica de cine y ver todas las películas, ya fueran buenas, malas, fomes, lentas, entretes, etc. Por un tiempo podría decirse que lo logré trabajando ad honorem para un sitio web escribiendo reseñas (encontraba muy pretencioso decirles críticas). Podía verlo todo, más encima gratis y comiendo cosas ricas que a veces las distribuidoras dan. Al principio estuvo muy bien, pero pasando el tiempo, me di cuenta de que no era para nada lo feliz que pensé que sería.
Cuando estrenaban algo bueno tenía que ir de nuevo al cine con mi pololo, porque él también quería ver la película y, aunque me encanta repetírmelas, el efecto de verla juntos por primera vez ya no existía.
Para qué decir cuando daban una comedia. Los críticos de cine no sé porqué se ríen cuando nadie se ríe y en las partes chistosas reina el silencio. ¡¡Que fome!! Era terrible ver una comedia romántica donde Hugh Grant salía ultra mino y no poder comentarlo con nadie. Además si lo hubiese hecho, hubiera sido mirada como bicho raro por lo light de mi comentario.
Mención aparte en los dramas. Nada más triste que llorar sola.
En esos días me di cuenta que no quería trabajar en mi hobby. Ojalá lograra encontrar un trabajo que me gustara, que me motivara y que fuese un aporte, pero hacer lo que más te gusta por obligación, no es tan entrete como uno se lo imagina. El otro día alguien me dijo ¿No sería genial si te pagaran por ver series de televisión? No, gracias, contesté. Quiero ver las series porque me relajo, me divierten y sólo eso. No quiero perder mi mejor pasatiempo.
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Publicado el viernes 28 de marzo de 2008

por Mariana y punto
Soy de las que, si se da, encuentro ideal hacerse de buenos amigos en el trabajo, sobre todo para la gente que está prácticamente un tercio de su vida en una oficina, me parecería ya definitivamente un martirio sin tener amigos para compartirlo, y porque tus amigos del colegio, universidad y de la vida obvio que van ocupando parte de su tiempo con nuevos amigos o familia, o sea menos para ti.
Pero hay gente que tiene como regla no hacerse amigos de compañeros de trabajo, por la competencia o porque terminarías hablando de trabajo siempre (cosa muy latera, pero que creo se puede evitar justamente si te haces de buenos amigos) o por otros motivos que desconozco. Por mí que si uno ha de estar con alguien, ojalá sea con buenos amigos. Si no, mejor sola.
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Publicado el viernes 7 de marzo de 2008
por Punky Martínez
Desde chica que he tenido una especial simpatía por los santos, aunque no era devota de ninguno en especial ya que el tema de la fe y la religión nunca fueron muy cercanos para mi. Eso hasta que apareció San Pancracio –el patrono del trabajo– en mi vida.
Lo descubrí de aburrida en la pega, googleando en mi desesperación por encontrar un trabajo más digno que el que tenía, lo imprimí y lo pegué en el lugar más protagónico que encontré de los 20 cm de espacio asignado a mi persona en la oficina que compartía con un puñado de adictos a los wallpaper de minas ricas y ringtones de música electrónica. Había decidido que después de mandar tanto currículum había llegado el momento de apretar el botón de pánico y él sería mi nuevo salvador. Obviamente, todo esto lo hacía con bastante humor, pero pasaron tres semanas en que me llamaron de varias pegas y finalmente di con la que había estado fantaseando hace años. Jamás pensé de qué manera sería que un santo iba a ser el responsable de tanta buena racha, aunque reconozco que una pequeña parte de mi tenía la duda de que tal vez esta versión más acotada de San Expedito sí funcionaba.
De eso ha pasado un buen tiempo y a todos los que se los he recomendado encuentran un trabajo mejor, es más, yo también lo invoqué hace poco y de nuevo funcionó. ¿Puede ser que un santo de resultados?, y más encima para alguien como yo que de niña pensaba que el conejo de pascua también era mencionado en la biblia… no sé, pero nada se pierde con probar.
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Publicado el miércoles 5 de marzo de 2008

por Rose*
Siempre resulta un poco complejo el tener que ambientarse a un lugar nuevo de trabajo, sobre todo esa primera semana. Yo sentí que todos mis movimientos y actitudes estaban siendo observados, y eso fue un poco aturdidor.
Partiendo por la clásica presentación oficial al equipo de trabajo que no deja de ser incómodo, lo cual te deja inevitablemente como “pajarito nuevo” ¡como no!, si de ahí viene el cacharle el mote a la gente y a la oficina en general. Primero por ser nueva en el rubro y porque tuve que asimilar una nebulosa de información cotidiana como por ejemplo las horas de colación, el baño, el formato de vestuario, el cuchicheo matutino y obvio, los compañeros dentro de los cuales aparece el clásico ñoño, el empleado del mes, el carretero, la amiga, la estilosa, el amigo gay, el jefe, el chupa medias, el cliente cacho y el infaltable happy hour. Supongo que en todos lados se hace un poco presente el fenómeno de la inconfundible oficina del japening, donde cada uno tiene ese rol específico dentro del mundillo laboral.
Bueno, por ahora solo me queda integrarme a esta gama de personajes, espero que sea adjudicándome un rol ameno y entretenido por cierto.
*colaboradora
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Publicado el lunes 7 de enero de 2008
por Lupe Gómez
Cada vez confirmo más que pedir rebaja no es un buen negocio. Hablo más bien de servicios que de productos, ya que si en la feria regateas, te venden la fruta mas barata y ya está, en ese momento se acaba la relación. Pero en el caso de los servicios (de cualquier tipo), conseguir una rebaja no siempre asegura que el resultado (o al menos la actitud) sea el mismo que te cotizaron en un principio. El que accede a dar la rebaja puede quedar siempre con la idea de que en realidad su trabajo vale mas y que se lo están cagando, pero como obvio necesita trabajar, muchas veces aceptará trabajos pagados a un valor inferior. Lo más profesional es que si uno acepta cobrar más o menos, debe asumir el compromiso con igual seriedad (porque si derechamente no estamos de acuerdo no deberíamos tomar el al trabajo siquiera), pero también sería bonito que las personas o empresas que contratan servicios dejaran ese vicio de querer todo por nada; el bbb (bueno bonito y barato) siempre tiene una pata coja. En fin, creo que el que se considera muy astuto por conseguir descuento, no necesariamente lo es.
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Publicado el jueves 20 de diciembre de 2007

por Ana Paula do Brasil
Haber trabajado por algunos años en productoras pequeñas hizo que me olvidara de lo insólito que es una fiesta de fin de año de empresa. Entre discursos, saludos, sonrisas, es siempre una buena oportunidad para acordarse de que, si bien hay un lado bien latero de trabajar en una empresa tradicional, hay cosas que al final valen la pena.
El viernes pasado tuve la oportunidad de asistir a la fiesta de la empresa donde trabajo. Fue divertidísimo, y pasé casi todo el tiempo entreteniéndome con los personajes en el lugar:
• Están los jefes que siguen siendo jefes incluso en un ambiente de fiesta
• Los jefes que se quitan la máscara de jefes y revelan un lado nunca imaginado
• Las chicas que normalmente se visten de manera sobria y en esa oportunidad se ponen la ropa más extravagante y osada que tienen en el closet
• Los que esperan ansiosamente la fiesta para finalmente acercarse a la chica del Piso 5.
• Las “parejas prohibidas” que después de unos whiskies ya no se aguantan y se miran descaradamente
• Los hombres serios, “de familia”, pero que coquetean con la mitad de las mujeres presentes
• Los que pasan el día con la cara cerrada y que te sorprenden en la fiesta bailando el “koala” o “atrévete-te-te”
• Los señores que llevan 20, 30 años trabajando en la empresa, por los cuales tienes el mayor respeto, y que pasan delante de ti con la corbata amarrada a la cabeza y la camisa abierta hasta el ombligo
• Los que estaban esperando esta fecha ansiosamente para olvidarse del stress diario, y quieren puro divertirse.
Y qué decir del día siguiente, todos vuelven a la rutina como si nada hubiese pasado, algunos te miran con la expresión “cómo bailaste… ¿no?”, pero entre mails y conversas de pasillo, los chismes se propagan. Y todo vuelve a su más completa normalidad.
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