La Grieta

“La grieta” la emotiva primera novela de Catalina Infante

Me costó mucho empezar a escribir sobre “La grieta”, el libro de Catalina Infante, hay muchos, demasiados temas que se cruzan, que se mezclan.
 

La grieta

Por Silvana Angelini

Me costó mucho empezar a escribir sobre “La grieta”, el libro de Catalina Infante, hay muchos, demasiados temas que se cruzan, que se mezclan. Tengo la impresión de que el primer asunto del libro es la relación de una madre y su hija, y de cómo estas dos esferas chocan. 

La protagonista del libro, Laura, en la primera página le dice Esther a su mamá, no mamá de frentón, qué raro pensé, ¿quién es Esther? ¿por qué no le dice mamá altiro? Me parece que no nombrarla es una forma también de poner distancia, de crear una línea donde se separan. 

La relación entre ambas en la novela está marcada por momentos tensos, fríos y otros más cálidos como el viaje que hicieron a Cuba en los años setenta juntas. Laura dice: “Yo nunca supe bien cómo hablarle (…) siempre evité esos momentos, el tener que hablar sinceramente con ella”. Me gusta esa forma que tiene Catalina de narrar los episodios incómodos de la protagonista con su madre, las respuestas equivocadas, la idea de que no hay una manera correcta de acercarse, de hablar, de viajar, o de estar quietas en la misma pieza. Una especie de imposibilidad al estar con el otro. 

Es interesante cómo relata que hay relaciones familiares que no se sienten libres, que son juzgadas, que con el más mínimo encuentro emotivo, o un abrazo, se puede liberar una pena contenida. Es decir, con esta primera idea se desmitifica la relación de una madre y su hija, y eso me parece liberador, que Catalina afirme que puede existir un espacio, una distancia que ningún tipo de lógica puede solucionar.  

Otro tema interesante es cómo la autora va fragmentando la figura materna. Por una parte está la mujer más distante, pero que igual se preocupa de ella, que la cuida, que la lleva al colegio y más. Y por otra parte está la madre desconocida, la que fue antes de tenerla, esa mujer es un misterio para Laura, pero trata de descifrarla, no solo para conocerla más, sino que también para entender por qué se comporta así con ella.

Laura bucea en cajas de recuerdos para encontrar pistas que le hablen de quien fue su madre. Ve fotos antiguas y un pasado del cual ella no fue parte. Cuando hacen un viaje a Cuba (lugar que Esther vivó en el exilio) comenta: “El viaje a la Habana gatilló en mi la ansiedad por conocer a Esther. Me di cuenta de que era poco lo que sabía de ella (…) en Cuba la vi como otra mujer, más libre, con un pasado, con decisiones que no tenía que ver con nosotras”.

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Me parece que ese viaje fue importante para ver a la mujer que había detrás de la madre, la vida anterior. Separar a la madre de la mujer. Es difícil hacer eso ¿no? separar los roles, o pensar ¿dónde empieza y termina la madre? ¿quién fue esa persona antes de tenerme? ¿dónde empezamos a buscar el pasado de alguien? ¿qué cosas se heredan? Esto me recuerda el libro “El cuerpo en que nací” de Guadalupe Nettel, que de hecho, tiene muchos temas similares a “La grieta” y dice: “Las heridas que vamos heredando, son como una segunda carga genética”. Me atrae la idea de la imposibilidad de conocer el pasado de alguien tan fundamental. 

A su vez, me gusta como la autora incursiona en la propia maternidad de Laura cuando tiene a su hija Antonia. Me interesa la idea de no saber, de la duda. Frases como: “La maternidad me atropellaba desprevenida”; “Fui una niña, una niña pariendo”; “Siento que la odio, nada resulta”; “Trataba de arreglar lo inarreglable”; “Me estoy equivocando”. Con estas frases se abre una capa subterránea donde la maternidad abre un espacio de dudas, la protagonista tiene miedo a perder la cordura, de seguir atrayendo la tristeza, dice que busca algo que no sabe bien qué es y que se siente como “una pequeña embarcación abandonada en un lago casi quieto”. 

En el libro se menciona varias veces la palabra vacío, inevitablemente me acordé que hace muchos años con la Cata nos mandábamos un emoticón que era el símbolo del vacío cuando conversábamos de lo inhóspito que podía ser a veces el mundo. Me parece que la protagonista no solo tiene que lidiar con la distancia de su propia madre, sino con la personal y resolver o plantear temas como ¿cómo se llena un vacío? ¿cómo se arreglan las cosas? ¿dónde se va lo que se pierde? ¿cómo se reconstruye una grieta? Porque creo que la grieta en la protagonista es una abertura anterior a su madre, algo de su propia personalidad que está permeada por las experiencias de vida, de viajes, de un padre más ausente, de una niñez más solitaria. 

La protagonista antes de ser madre trata de entender cómo y dónde se inició la grieta, el momento en que las cosas se quiebran y cómo finalmente se recomponen.

La novela transita entonces entre esos descubrimiento y cómo de a poco la duda sobre la maternidad se va transformando. La misma grieta se ve menos ancha con la llegada de su hija. Hay una progresión hermosa en el libro, donde la maternidad que al inicio la atropellaba, abrumaba y desconcertaba, se vuelve más dócil, amable, acogedora. Nace una nueva mujer, una nueva forma. Al final del libro hay un viaje, Laura y Antonia van a conocer la casa de su abuela, la madre de Esther. 

El viaje da la impresión que irá sanando la grieta. El viaje como cierre, y como afirmación a la idea de querer ser mamá, de querer mutar, cambiar, ser otra: “Este es mi viaje. Antonia y yo somos ese vínculo (…) Lo que importa es que siempre tendremos este viaje. La vida va a seguir, Antonia se hará adulta, pasaremos periodos más cercanos que otros y a medida que ella crezca y yo me haga vieja nuestras diferencias irán acentuándose y ella encontrará su propio lugar. Tendrá su vida, quizás su familia, y de vez en cuando yo me acordaré de nosotras en esta carretera y sentiré nostalgia de este vínculo tal y como lo estamos viviendo ahora, porque no volverá a ser el mismo, no volveremos a compartir esta cercanía física, esta intimidad”. 

“La grieta” es un libro hermoso, que pasa por momentos de tristeza, de duda, de incomprensión, de búsqueda, pero que también tiene mucho humor, ese humor absurdo rápido e inteligente que tanto nos gusta tanto. Esta primera novela de la Cata es un comienzo, un viaje, y como dice la protagonista: “Estás en el lugar perfecto para llegar desde aquí (…) Solo se trataba de estar ahí, aunque sea lejos y a medias, pero con honestidad, que es la única forma de realmente estar”.