derrumbe del amor romántico

El derrumbe del amor romántico

¿Estamos ante el derrumbe del amor romántico? Entendiendo el amor romántico desde la cultura patriarcal, como la idea de sentirse incompleto si no estás en pareja, de buscar cumplir expectativas personales en un otro, de la dependencia emocional y la validación de cualquier acto que se haga “en nombre del amor”.

derrumbe del amor románticoPor Paz*
¿Estamos ante el derrumbe del amor romántico? Luego de observar cómo estuvo este último San Valentín, no queda otra cosa que preguntarse, tal y cómo lo hizo alguna vez Ricardo Arjona, ícono de los funados: ¿Se nos muere el amor?

Pero no el amor en sí -como sentimiento que mueve al mundo y que es todo lo que necesitas (como nos decían Los Beatles)- Sino a lo que hemos entendido como amor, específicamente (concepto también ya muy funado): “el amor romántico”.

Entendiendo el amor romántico, como la idea de sentirse incompleto si no estás en pareja, de buscar cumplir expectativas personales en un otro, de la dependencia emocional y la validación de cualquier acto que se haga “en nombre del amor”.

 

La cultura patriarcal, desde el medioevo que viene prometiendo a las mujeres, la llegada de un príncipe azul que completará su supuesto vacío, ya que se nos inculca que es mejor ser besada por un desconocido, sin tu consentimiento y mientras duermes, antes que quedarte sola para la eternidad.

Desde su aparición, el feminismo nos ha ayudado a aplastar este concepto del príncipe azul, el cual cada vez está tomando un color más morado, ya que se asfixia por la preeminencia del amor propio, en la libertad con que podemos expresar y vivir el amor y en entender que éste no debe ser una prisión que puede costarnos la vida.

Pero no solo el feminismo ha jugado un rol importante en este adiós al amor romántico, sino que también otras luchas, de movimientos sociales que han visibilizado las desigualdades del sistema económico, la existencia de otras formas de hacer familia, de vivir el amor y la sexualidad.

El estallido social del pasado 18 de octubre, nos mostró que la unión hace la fuerza y que no solo valemos por nuestro rol productivo y de consumidor; sino que también somos ciudadanos con historias comunes y que la necesidad de vivir con dignidad debe ser para todos.

El amor se hace colectivo, diverso, se amplifica (no solo al de pareja) y se busca vivir de una manera espontánea y honesta, desde lo que en verdad nos hace felices, y no basado en los modelos que nos han dicho que debemos cumplir.

Al parecer, ya no necesitamos arrancar flores, tener una costosa cena, ni envidiar las pomposas celebraciones de famosos que nos muestran en Instagram. Nos basta con el cariño reciproco de quienes nos rodean, de abrazar nuestra tribu tal cual lo hacían nuestros antepasados y de reunirnos para exigir nuestros derechos.

Andrew Amistad

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