La tradición de almorzar en el Café Colonia


por Mariana y punto

Muchísimas veces había pasado por afuera, pero no sé por qué nunca había entrado al Café Colonia. La semana pasada fui a almorzar por primera vez y quedé fascinada y con ganas de que se convierta en una tradición personal. Primero me gustaron sus mesas en la terraza, que como está adentro de una galería de un edificio es bastante tranquila pese a la ubicación, y como la galería de techo abierto a la vez no estás encerrado.

Pero después, menos mal que entré, y ahí sí que no pude entender no haber conocido este lugar antes. Entrar al Café Colonia es como entrar a un vagón comedor de tren antiguo; por la forma de las ventanas, las preciosas lamparitas que hay en las mesas que miran hacia afuera y el ambiente con luz tenue.

Lo otro que me recordó fue al Café Palace de Valdivia, sobre todo por sus meseras que, pese a no ser todas necesariamente mayores de 60 años, son un amor y tienen ese trato como de que estuvieras en su casa y ellas felices de recibirte.

El almuerzo ese día era una entrada de croquetas de atún con lechuga y de fondo solomillo de cerdo con papas salteadas (exquisitas) y ensalada, y lo más tierno fue que al pagar la cuenta nos dieron una cajita a cada comensal con golosinas para llevar, a propósito de que el Café Colonia está cumpliendo 60 años.

El local al que yo fui (el de Mac Iver con Moneda) ni siquiera es el más antiguo, por lo que ahora tengo pendiente ir a la casa matriz (que es al lado, en Mac Iver 161) pero a la hora de once para probar su famosa pastelería.





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