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¿Y si me hago vegana?

Para la mayoría de las personas que se vuelven veganas o vegetarianas, existen dos caminos paralelos a transitar, ambos igual de importantes: uno muy personal, que tiene que ver con nuestras convicciones, dudas o temores y otro ligado a nuestro entorno; las explicaciones, las nuevas rutinas y el entendimiento (o falta de) en nuestro círculo de amigos y familiares.
 

veganaPor @Isabel Collao de Vegetarianos Hoy

No hay un camino único a la hora de enfrentarse a la posibilidad de cambiar la que ha sido nuestra alimentación toda la vida.

Para la mayoría de las personas que se vuelven veganas o vegetarianas, existen dos caminos paralelos a transitar, ambos igual de importantes: uno muy personal, que tiene que ver con nuestras convicciones, dudas o temores y otro ligado a nuestro entorno; las explicaciones, las nuevas rutinas y el entendimiento (o falta de) en nuestro círculo de amigos y familiares.

En años de activismo, recibiendo a personas con toda clase de historias e inquietudes, recuerdo algunas especialmente únicas, como la de Michael, que entonces era un joven estudiante de Derecho que daba sus primeros pasos en el activismo, vivía en la ciudad de Talca y quedó ciego cuando era niño.

Decidió volverse vegano cuando conoció Earthlings (“Terrícolas”, documental estrenado en 2005 que muestra, sin censura, las diversas industrias en que los animales son explotados). No hizo falta verlo: le bastaron los sonidos  y que un amigo le narrara escena por escena para aventurarse a dejar atrás la carne.

La convicción de Michael fue inmediata, pero para su familia el proceso fue lento y muy poco amable.

Sus abuelos –con quiénes creció y seguía viviendo– se rehusaron durante años a aceptar su veganismo y en el afán de hacerle cambiar de opinión, se negaron a preparar comida para él.

Michael se enfrentó por primera vez a cocinar para sí mismo toda su comida, con las dificultades propias de su ceguera.

Recuerdo cómo todos nos quedamos en silencio –entre el asombro, la admiración y algo de tristeza– cuando contaba, entre risas, la cantidad de veces en que se quemó los dedos durante el proceso.

Experiencias como la de Michael son una entre millones de anécdotas personales que muchos están ansiosos por compartir.

Una característica común en personas que recién se hacen veggies es el sentimiento de soledad o de aislamiento involuntario que experimentan cuando cambian su alimentación y esta también se transforma, muchas veces, en una razón para no intentarlo o para abortar misión.

Muchos están realmente entusiasmados con adoptar un estilo de vida más respetuoso con los animales y con el planeta, pero sus ganas mueren de a poco cuando no saben cómo armonizar esa decisión con cuestiones rutinarias en su día a día.

Conscientes de esa dificultad, diversas organizaciones ponen su esfuerzo en acompañar y brindar toda la información posible para facilitar el proceso.

En Fundación Vegetarianos Hoy, iniciativas como el “Veggie Challenge” ayuda con recetas, minutas y consejos a quienes quieran intentar ser veganos o vegetarianos por treinta días.

También está la “Semana Mundial Sin Lácteos”, que anima a probar alternativas vegetales a la leche y el queso durante siete días.

Ambas han demostrado ser tremendamente útiles y positivas para personas que sienten curiosidad por este estilo de vida y que no cuentan con nadie en su entorno que pueda guiarles.

La posibilidad de recibir a diario información, de resolver dudas a las que todos nos enfrentamos tarde o temprano en este camino y conocer desde el principio múltiples opciones de comida o restaurantes, hace que quiénes se involucran se sientan comprendidos y que vean el cambio como algo posible.

Después de todo, millones de personas ya han enfrentado las mismas dificultades –y quizás peores, como la experiencia de Michael–, y nos demuestran con su ejemplo que no hay barrera insuperable cuando se trata de ayudar a los animales y al planeta ajustando el menú.

*Isabel Collao es Coordinadora de Campañas en Fundación Vegetarianos Hoy. Escritora, abogada, se dedicó por años a investigar casos de maltrato animal en la industria de la carne. Adicta al hummus, ñoña y llama-lover con pésimo gusto musical. ¿Instagram?: @aquilanoncapitmuscas. 

One comment

  1. no como carnes rojas ni embutidos solo por un tema de gustos (y no tomo bebidas porque no me gusta el gas), nada tiene que ver con los animales ni un pensamiento filosófico más allá de un tema de gustos. Dejé de hacerlo con el tiempo y mis amigos entendieron super bien, a lo mas me dicen “no entiendo como no te gusta un choripan o un buen asado” . Por mi parte me preocupo de llevar algo para tomar y comer cuando voy a un asado y si no hay nada como las ensaladas y acompañamientos que haya y la bebida la bato lo suficiente hasta que se le vaya el gas. Tampoco me gusta esa cosa extrema de querer meter a la gente en mi mundo. Nadie piensa nunca para el otro lado. Si fue mi decisión yo no pido que mi entorno haga lo que yo sino que solo lo entienda, ahora mis amigos solo compran agua mineral con sabor o un jugo cuando saben que voy yo o comprar alguna hamburguesa de soya o algo similar. En la casa lo mismo, si hay asado o comida con carne se suma pescado o pollo pensando en mí y listo. Creo que ambos extremos son malos y hay que ver ambas caras de la moneda cuando uno decide un estilo de vida diferente a la mayoria.

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