Rompan Todo

Rompan Todo: La historia del rock en América Latina

Desde que vi el tráiler me dio ansiedad por ver Rompan Todo: La historia del rock en América Latina en Netflix. Los documentales de música son mi género favorito, y este se veía poderoso.
 

Rompan TodoPor @patyleiva
Desde que vi el tráiler me dio ansiedad por ver Rompan Todo: La historia del rock en América Latina en Netflix. Los documentales de música son mi género favorito, y este se veía poderoso.

Es una producción de Gustavo Santaolalla y un gran equipo dirigido por Picky Talarico, que en 6 emocionantes episodios: “La rebeldía“; “la represión“, “música a colores“, “rock en tu idioma“, “un solo continente“ y “una nueva era”, ubica a la música rock y a su precursores en un contexto social y político en un relato bien armado y muy apasionado.

La serie cuenta con muchísimo material de archivo, cuñas de los protagonistas de la historia y los derechos de la música, algo muy importante para recrear la emoción de cada momento. Una buena idea ligada a un buen presupuesto.

El comienzo se remonta bien atrás, a Ritchie Valens con La Bamba, como la apertura del rock en español, y a fines de los 50s con el rock and roll traducido de Enrique Guzmán (el papá de Alejandra Guzmán).

La serie viaja por México, Chile, Uruguay, Argentina, Colombia, Perú y nos presentan una cantidad impresionante de bandas que fueron sólo conocidas den sus ciudades como los Saicos, que eran una bomba de Lima con composiciones punk propias que me dejaron con ganas de investigarlos más.

Dedican un lugar especial a personajes como Luis Alberto Spinetta y sus bandas Almendra y Pescado Rabioso como agentes de cambio que marcaron la historia del rock no sólo en Argentina. Sale Charly García diciendo que le Luis le parece un genio.

Son geniales las descripciones de los medios masivos para referirse a los jóvenes, al rock y a los hippies, todo muy absurdo y naif.

Se habla de festivales como el de Avándaro en México en 1971 y Concierto de Conciertos en Colombia, también rememoran Amnistía en Mendoza 1988 y las memorias de sus participantes llenas de anécdotas, todo con imágenes riquísimas.

Es emocionante ver y escuchar a Jorge González y la lucidez de sus opiniones ayer y hoy. También amé ver a Rubén Albarrán, de Café Tacvba y en verdad a todos los integrantes de la banda, hablar con tanta emoción sobre sus comienzos y con total devoción hacia sus colegas, con la humildad y energía que los caracteriza.

Por supuesto se analiza en fenómeno Soda Stereo que resulta bien emotivo y está contado de forma muy entretenida.

Siento que el documental le da un merecido reconocimiento a bandas como La Maldita Vecindad (y los hijos del quinto patio), porque lo que hicieron fue realmente innovador y enriquecedor para la cultura mexicana y latinoamericana. La energía que tienen en vido es tan fascinante como la forma en que Roco Pachukote cuenta historias, muy muy divertido.

Pero claramente este documental tiene una deuda gigante con las mujeres del rock, pero es la misma historia del rock la que parte con el problema de la representación. Lo dice el mismo Santaolalla en uno de los episodios: el rock ha sido misógino y machista. Y Andrea Echeverri lo deja patente cuando cuenta que en un festival, en las 90 personas que había entre artistas y producción, había solo 2 mujeres, por ejemplo.

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Me atrevo a presagiar una segunda temporada que parta con el poder femenino por delante, no como una pasadita o un collage de imágenes en el que “casi” se distingue a algunas, sino una dedicación real a investigar el trabajo de mujeres que han sido tan rockeras como el que más.

En verdad pienso que no les queda otra. Porque no puede ser que hayan usado a Mon Laferte, Celeste Carvallo, Juanita Parra y Fabiana Cantilo sólo para sacarles cuñas, y no perdono la ausencia de Cecilia Toussaint, mi rockera favorita mexicana de los 90, o la de la icónica Denise de Aguaturbia en Chile.

Muchas otras merece un espacio como el que en esta temporada se le dio merecidamente a Andrea Echeverri, Julieta Venegas y Rita Guerrero de Santa Sabina.

Vale mucho la pena ver Rompan Todo, para saber más detalles de cómo fueron las cosas; para entender de donde viene cada ritmo, y ver cómo un estilo se suma a otro y se gatilla la verdadera creatividad; para abrir la conversación sobre la identidad de los pueblos, sobre los contenidos de las letras en relación a lo que se está viviendo, y que rara vez está disociado porque lo social siempre estará reflejado en el arte… todo acompañado de una producción impecable que sobrevuela nuestras ciudades y dispara nuestra memoria emotiva.

El mensaje final: el rock no puede morir, hay mucha pasión, muchas historias y cosas que sólo la música te puede dar. Y si de verdad queremos romper todo, rompamos también con el machismo arraigado en el mundo de la música y serán [email protected] de verdad.

Pueden ver Rompan Todo en Netflix.