Fauna Otoño

Festival Fauna Otoño 2019: cuando los parches son mejores que las heridas

El festival Fauna Otoño no estuvo exento de problemas. Por suerte, las soluciones a estos estuvieron más que a la altura de las circunstancias.
 

Fauna
POR J ROJAS
El festival Fauna Otoño no estuvo exento de problemas. Por suerte, las soluciones a estos estuvieron más que a la altura de las circunstancias.

Que el tercer nombre más importante del line-up de un festival de música anuncie que no podrá presentarse esa noche, es motivo para preocuparse. No es tampoco una estocada al corazón, como lo sería si el cabeza de cartel tuviera problemas (que en este caso los tuvo, pero de ahí pasamos a eso), pero sí algo lo suficientemente grave como para situar en la cabeza de los asistentes la noción de que no todo anda bien, el que suele ir de la mano con el miedo, fácilmente dado a convertirse en sospecha, de que las cosas también pueden empeorar.

Antes de que se viera cómo iba a sortear esta tormenta la producción de Fauna Otoño, tuvieron la suerte de contar con lo más cercano a un caballito de batalla que vio esa noche: Anita Tijoux. No solo es una favorita del público local, sino que también una artista con el tamaño, experiencia y manejo, tanto del público como de su banda, para tomar el control del escenario principal.

Las quejas por problemas de sonido que sufrió la artista nacional (exceso de volumen, falta de definición y dinámica del sonido, y las repetidas quejas de la misma Tijoux de que no escuchaba el micrófono), no tuvieron nada que ver con su performance.

Su banda sonó cuajada y profesional, de calidad mundial, mientras que ella flotaba por encima de su sonido como lo haría un experimentado pastor con su rebaño. Su set se llegó a sentir demasiado breve. Media hora más de Ana Tijoux no le habrá hecho daño a nadie. Aparte que a la larga, los sonidistas siempre terminan por encontrar una solución a los problemas de audio.

The Internet cancelaron su actuación solo un par de horas antes de que alguien apareciera para esperarlos con los antebrazos apoyados en la barrera que separa el escenario del público. Ellos eran los encargados de contener a los fanáticos que moría de ganas por ver a Lauryn Hill, la reina de la noche, quien luego sería seguida por algo así como el mejor after de la historia (porque reconozcámoslo, nunca ocurre nada bueno en los after), Jungle. En su lugar quedó un vacío de una hora y media y quizás un poco más.

Por suerte para los organizadores del festival, tenían a una artista capaz de mirar las necesidades a la cara y hacerles frente con la temeridad de un soldado: IAMDDB. La cantante y rapera era parte de los invitados del segundo escenario, pero se paró en el principal como si ese siempre hubiera sido su lugar.

El que su acompañamiento fuera solo una mesa de mezclas maniobrada por su compañero musical, dio la impresión inicial de que quizás la tarea le iba a quedar algo grande. Pero tanto su manejo escénico como su interpretación segura, la convirtieron en uno de los momentos más destacados del festival. El problema de volumen que infectó la noche tuvo un efecto inesperado en la performance de IAMDDB.

Quizás por la falta de pruebas y chequeos previos, la cantante pudo gozar de un volumen medio, mucho más acorde para una artista que no tranza en volúmenes excesivos ni en causar un impacto de este tipo en el público. Es probable que muchos no supieran quién era antes de que apareciera (me incluyo), pero estoy seguro que nadie la vio despedirse sin jurarse que iba a ser lo primero que le pedirían buscar a su Spotify.

Cuando plato fuerte de la noche, Lauryn Hill, debería haber salido a escena, en su lugar se subió una dj. Identificándose como la encargada personal de la música de Hill, se iba a encargar de prepararnos para la llegada de su jefa. Sin perder un segundo, se ubicó detrás de una mesa y comenzó a lanzar una mezcla elegida con pinzas de hits, obscuridades y temas que no dejaron a nadie indiferente.

El problema fue que lo que debería haber durado 10, 15 minutos a lo más, se terminó por estirar hasta casi una hora. Para cuando Lauryn Hill por fín subió al escenario, ya nadie contaba con la misma energía. Su set tuvo algunas deficiencias de sonido notorias, pero como pasó también con el artista anterior, el problema fue cubierto de manera hábil por artistas más pequeños, pero que nadie vio venir que iban a terminar cubriendo en el lugar de los grandes.