Laura Rodig Laura emancipada

Laura Emancipada, una inesperada experiencia feminista en torno a Laura Rodig

La semana pasada me llegó la información de un taller gratuito ofrecido por el Museo Nacional de Bellas Artes en torno a Laura Rodig, la artista, escultora, pintora, ilustradora, profesora rural y activista. Ahí viví una experiencia inesperada y bien inolvidable.
 

Laura Rodig Laura emancipadaPor @patyleiva
La semana pasada me llegó la información de un taller gratuito ofrecido por el Museo Nacional de Bellas Artes en torno a Laura Rodig, la artista, escultora, pintora, ilustradora, profesora rural y activista.

Yo había escuchado mucho de ella porque mi cuñado me había mostrado unas esculturas bellísimas suyas  en torno a la mujer, y tenía muy pendiente ir a ver la exposición, por lo que no dudé en inscribirme.

La invitación decía “En el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, les invitamos a participar en el taller gratuito Laura Emancipada, inspirado en vida y obra de la artista, docente y activista chilena Laura Rodig. La actividad, organizada junto al colectivo Ser y Gráfica, propone una experiencia de creación colectiva en dos sesiones, que se realizarán los días jueves 5 y viernes 6 de marzo, de 10:00 a 13:00 hrs. El taller está dirigido a mujeres desde los 12 años.”

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Acudí entusiasta a la citación, y me encontré con varias mujeres de distintas edades deambulando por el hermoso hall central del museo esperando por entrar a la primera parte del taller, que, nos dijeron, sería una visita guiada por la exposición llamada “Lo que el alma hace al cuerpo, el artista hace al pueblo”, una hermosa frase de Gabriela Mistral.

Ahí pude aprender sobre la vida de la artista, había fotos suyas, retratos hechos por otras artistas, autorretratos y fotos con sus compañeras, entre las que figuraba de manera muy protagónica, Gabriela Mistral, de quien fue pareja en una etapa de su vida y a quien le dedicó célebres esculturas y cartas.

Laura Rodig nació, según su documentación, el año 1901 en la ciudad de Los Andes –aunque es muy probable que haya sido algunos años antes– y murió en 1972. A muy temprana edad comenzó a dar clases de dibujo y escultura en liceos y desarrolló una carrera entre el arte y la docencia.

Viajó con Gabriela a México, y a su regreso a Chile organizó la primera exposición de arte infantil en el Museo Nacional de Bellas Artes en 1937, titulada Niños pintores.

Se integró al Partido Comunista y al MEMCH (Movimiento Pro Emancipación de la Mujer Chilena) donde desarrolló también su labor de ilustradora y dibujante de propaganda feminista, siendo hasta el día de hoy un tremendo referente que nos sonará muy familiar en las calles estos días –ella diseñó para el afiche del Movimiento pro Emancipación de las Mujeres de Chile en 1936–.

También colaboró en una publicación llamada La Mujer Nueva, donde se presentaron las demandas sociales de nuestro género.

Bueno, nos quedó clarísima su postura, su claridad y sentido común, avanzado para su época, y seguramente hoy lo seguiría siendo.

El ánimo de la guía de la visita contrastaba con lo inspirador de la obra. Todo el tiempo se mostró distante, inexpresiva y nos llamó la atención un par de veces en cuanto a no acercarnos demasiado a las paredes con cuadros. Raro, pensé yo, ella se veía tan cool y buena onda que me extrañó su mala disposición.

Luego nos invitó a pasar al auditorio donde nos esperaban la profesora feministas Karine Hurtado y la científica y docente en ciencias Drina Herrera, integrantes del colectivo Ser & Gráfica.

Tenían varias mesas dispuestas para tres personas cada una. Yo calculo que éramos como 30 mujeres las que nos fuimos ubicando en las sillas.

Laura Emancipada, una inesperada experiencia feminista en torno a Laura Rodig 2Nos saludaron con toda seriedad y un montón de reglas. Sentadas, sin hablar, por supuesto con los celulares apagados (porque “la matrix” nos convierte en ovejas….) y una rigidez y dureza que no se condecían con la actividad sorora en la que yo, pensaba que me había inscrito.

Nos hicieron dibujar sobre el patriarcado con 4 minutos-reloj, y cuando una de las asistentes, una señora de unos 70 años quiso hacer una consulta, le dijeron que no era posible responder preguntas durante el tiempo de trabajo.

Mi mente decía WTF y buscaba un mínimo corte en la actividad para emprender mi retirada (no me interesaba dialogar con estas personas que me estaban echando a perder una experiencia feminista antes del #8M). Eran dos días de taller, y por supuesto que no pensaba repetirlo al día siguiente.

Cuando nos pidieron los papeles de vuelta pensé “chaito”, pero justo nos piden correr las mesas, sentarnos en el suelo y conversar porque ELLAS NO ERAN ASÍ.

WHAT?????

Y comenzaron a explicar que ellas no eran así, que estos eran unos personajes, que la intención de esta performance era hacernos vivir en carne propia la represión del sistema educativo… Y ni yo, ni las demás lo podíamos creer.

Algunas estaban indignadas, otras para adentro, otras lo tomaron relajadamente y bromearon nerviosamente sobre lo raro que era todo y que no podían entender la pesadez de todas, etc. Hubo muchas opiniones diversas que comenzamos a expresar.

Las guías de la actividad cambiaron por completo su expresión y sus gestos, eran otras personas, eran las mujeres con las que yo esperaba encontrarme en una actividad de arte colectivo en torno a Laura Rodig!

Y las voces de todas se empezaron a escuchar.

A esas alturas ¡ya no quería irme! quería saber qué opinaban las demás, qué había detrás de esto, qué seguía después, y por supuesto, expresar mi opinión.

La primera en hablar fue una bióloga, que con mucha elocuencia describió lo sentido en esta experiencia manifestando su incomodidad y molestia frente a una sensación que no podían quitarle ya del cuerpo. Muy bien que ahora todas seamos amigas pero lo que sentí no lo puedo borrar, fue más o menos lo que dijo.

Las profesoras asumieron, a distinto ritmo y de distintas maneras, pero fueron totalmente receptivas con cada una de las opiniones tras su arriesgado experimento.

Después hablaron algunas chicas jóvenes, una encontró que no había sido tan heavy, que en verdad así habían sido sus profes en el colegio toda la vida así que ni se extrañó.

Una señora abrió su corazón y no pudo comentar mucho sobre la experiencia ya que se quebró al momento de presentarse y decir que tenía casi setenta años y que no estaba inserta en el mundo laboral remunerado pues se dedicaba a otro quehacer, que era cuidar a su madre.

Otras chiquillas muy divertidas que iban juntas tenían mucha risa porque habían ido antes a otras visitas guiadas y no entendían porque esta mujer tan buena onda hoy andaba odiosa, así que habían parado las antenas desde el comienzo.

En cambio, otra, de unos 20 años, dijo que estaba todavía en shock, porque le recordaron a su verdadera profesora de arte del colegio, quien con su pésima pedagogía, la alejó de lo que más le gustaba. Dijo que no se había ido porque no quería que ahora la alejaran del museo, un lugar que ella ama, y por eso, aunque estaba llena de angustia, se quedó.

Yo dije que más que sentirme atacada o amedrentada, encontré apestoso el momento, que me iba a ir y que no podía ser que un grupo de mujeres en estas instancias, careciera del compañerismo confianza y sororidad que se viven en las marchas, por ejemplo. Les conté que me hicieron recordar a un cumpleaños mío, cuando trabajaba en Paula. Nadie me saludó en toda la mañana en la oficina. Yo no lo podía creer, no podía entender la mala onda y lo extraño de que ni mis compañeras más cercanas lo hubieran recordado.

Todo lo entendí en la tarde, cuando derrepente sonaron UNOS MARIACHIS que me venían a cantar las mañanitas mientras toda la oficina me miraba con cara de emoción y mi jefa sacaba una torta y ponche.

Pero yo no supe qué hacer. Porque estaba dolida, y lamentablemente el ser humano no es automático en sus reacciones. Supongo que traté de poner buena cara, cara de sorpresa, pero soy pésima fingiendo emociones así que capaz que hasta quedé como malagradecida.

Eso pasó ese día en el taller. No era tan fácil sacudirse la molestia o la antipatía por estas profes falsas-dictadoras, y por eso les dije que el riesgo fue grande, y que ahora se tenían que hacer cargo. Eso sí, también dije que si querían que no olvidáramos esta visita al museo, funcionó. Me escucharon. Nos escucharon a todas.

Hablamos tanto rato que nunca llegamos a la parte práctica. Debo decir que fue muy extraño y surreal verse envueltas en una discusión –siempre muy respetuosa– con personas que nunca había visto en mi vida. Poder decirle a alguien que la cagó, o contar –como lo hizo una de las chicas– que sus padres murieron y que la vida siempre había sido bastante difícil para ella, tuvo una cuota de belleza.

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Cuando me fui me confirmaron que al día siguiente no habría actividades misteriosas ni terapias de shock, sino trabajo en serigrafía, y las profes me preguntaron si iba a volver. Dije que sí.

Lo hice porque el trabajo en serigrafía fue de lo que más me interesó siempre de la convocatoria. Quería recordar mis años en la escuela de diseño donde hice unos talleres de serigrafía que amé, y porque en general no me gusta dejar este tipo de cosas a medias (creo que una sola vez me he salido del cine aunque la película no me gustara, no sé si es porfía o qué, pero me cuesta).

Y bueno, porque aunque no me gustan las performances, ni lo teatral, ni las confrontaciones con extraños ni que me agarren para el gueveo, entendí –les creí– que su intención no fue para lucirse o ser sádicas, ellas en verdad querían despertar algo, movilizar para después salir distintas de ese lugar, y mal que bien, controlado o no, lo lograron.

El colectivo Ser & Gráfica nació el 2016, y según nos contaron, habían hecho una performance similar en España. Ellas enmarcan su metodología bajo el concepto de “gráfica reconectiva práctica que relaciona los ámbitos de la serigrafía y el Arte Terapia en el trabajo con distintas organizaciones sociales”. Bueno, harto de eso hubo ahí.

Volví el viernes con mi mamá, porque sabía que iba a disfrutar estampando carteles y porque estaba entusiasmada con ir juntas a su primera marcha del #8M, entonces era como una previa. Total, yo ya iba preparado para salir de ahí si cualquier cosa andaba mal.pero algo me dijo que todo iba a estar bien. Y así fue.

La intro fue breve, con una proyección en la que las Ser & Gráfica expresaban su sentir, diciendo que lo sentían, de varias maneras distintas que no logro reproducir porque era casi un poema. Después pasamos a terreno.

Trabajamos en un anfiteatro/bodega lateral del museo, esos lugares a los que una nunca entra (aunque tengo un vago recuerdo de haber ido ahí a alguna tocata en los locos años noventa), lo que ya era una experiencia entretenida. Karine nos presentó todo el proceso serigráfico, partiendo por el bastidor, hecho para ella por su padre, la tinta, el papel roneo listo para ser impreso con sus diseños de propaganda feminista inspirados en Laura emancipada, Laura Rodig.

Perdí la cuenta de cuántas impresiones hizo mi mamá, fui feliz viéndola abrir los ojos gigantes al ver la imagen impresa por ella misma tras arrastrar con firmeza la racleta con la tinta sobre papeles y bolsos.

Lo más hermoso fue participar en este grupo donde  nos organizamos de manera orgánica en una perfecta sincronía. Unas imprimían, otras sujetaban el bastidor, otras colgaban las hojas con perritos, otras pusieron música… Siempre suceden cosas maravillosas cuando un grupo de mujeres se organiza, ya lo sabíamos.

Fue una experiencia extraña, dividida en dos, inolvidable, sin duda.

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