Elisa Montes de Slowkiss

Elisa Montes, de Slowkiss: “Nuestro trabajo no es gratis. Es nuestra profesión y no estamos echados todo el día”

Hablamos con la vocalista de Slowkiss sobre la pandemia, el Lolla, la banda, el rock, la sociedad y la política. Es una mujer con opiniones claras y muy fuertes.
 

Elisa Montes de Slowkiss

Por Belén Leyton

Elisa Montes (@elisa_froti) es la vocalista de Slowkiss (@slowkissband), banda nacional que se presentará en el Lollapalooza Chile el sábado 19 de marzo, y una mujer muy imponente. La primera vez que supo que irían al Lolla fue en 2019 y la cancelación fue muy encima. Espera que ahora sí se pueda realizar. “Estamos poniéndole con todo, igual que la otra vez. Ahora hicimos un remake de lo que teníamos preparado, pero mucho más power”, dice.

Slowkiss, la banda compuesta por Elisa, Ale Castillo, Richi Pozo y Thirza Castillo, la nueva bajista, ha estado tocando en algunos lugares en las últimas semanas. Pero para la cantante es bastante crítica la situación: “Ahora en pandemia estamos bien mal con respecto a los pagos en locales y los bares. Muchos han cerrado también”.

—¿Qué has hecho durante la pandemia?

Uff, la pandemia ya es eterna. Es como qué has hecho durante tu vida. Ya no es la pandemita… ha abarcado demasiado. Para todas las personas, no sólo nosotros, ha pasado mucho tiempo y miles de cosas.

En la primera etapa no me cayó tan pesada, porque todos pensábamos que se iba a acabar pronto. Máximo un año. Entonces, las redes, que son algo bueno y malo al mismo tiempo, nos sirvieron mucho para seguir en contacto con los fans y la gente que nos sigue.

Pero también hubo mucho atrapamiento: estar generando cosas todo el rato. Y mucho estrés e incertidumbre porque no sabíamos cuándo volveríamos a tocar. Bueno, todavía. Y, sobre todo, porque los trabajos que uno lanza por internet no son remunerados. Es una situación muy difícil para todo el mundo del arte: bailarines, músicos, artes plásticas… Hay muy poco apoyo.

Y hay muchas otras profesiones que han podido ir repuntando, como los restoranes y los cines, pero en el arte y la música no. Ahora con la nueva subida del covid, se han vuelto a cancelar un montón de espectáculos que llevábamos un año o dos esperando. Eso genera pena y mucha inseguridad en nuestro ambiente.

—¿Han pensado en dejarlo?

—Lamentablemente es una idea que se le planta en la cabeza a muchos artistas. Y vienen de estos bucles en los que piensas que vas a repuntar y de nuevo no sabes. Supongo que mucha gente lo está dejando.

Yo llevo veinte años en esto, son demasiados. No me imagino mi vida sin hacer música. Soy capaz de dejarlo todo, menos mi pasión por tocar. Pero entiendo a quienes lo están dejando y les mando mucho apoyo, sobre todo a las chicas: no se den por vencidas. Porque ya lo teníamos difícil antes y ahora es el doble o triple y hay que seguir nadando, no queda otra alternativa.

—En estos dos años han salido muchos músicos nuevos también…

—Sípo, imagínate todo el tiempo que la gente dispuso para sí misma. Esa es una cosa buena de la pandemia, en todo caso. Todos somos unos zombies del sistema: nos levantamos a una hora y hacemos una rutina diaria todos los días. Agotante. Mucha gente no tiene tiempo para vivir su vida y cumplir sus sueños. Yo creo que muchas de las personas que tenían esas frustraciones, teniendo más tiempo fueron capaces de desarrollar eso. Ese es otro cambio social que necesitamos: salir de este monstruo de sociedad que no te permite ser feliz.

Slowkiss y Elisa Montes resisten

La banda está trabajando en un nuevo disco y lo que más le importa a Elisa Montes es volver a tocar. Y tiene un mensaje para fans y locales: “Nuestro trabajo no es gratis. Es nuestra profesión y no estamos echados todo el día sin hacer nada como creen ustedes. Hay un montón de trabajo de fondo, sobre todo de tener un pensamiento duro y ser muy perseverante. Apoya la música. No te pido que lo agradezcas, pero valóralo”.

—¿Qué quieres comunicar con Slowkiss?

—Todo el descontento que vivimos casi todes. Me gusta retratar la vida dura que tenemos muchas mujeres, me gusta hablar de la injusticia. En realidad, nosotros tenemos canciones que hablan de muchas problemáticas sociales, algunas de amor porque es el motor de nuestra vida, pero al final somos un grupo punk y de queja.

Y yo creo que por eso tenemos menos pantalla. Aunque las letras explícitas es algo que todos los jóvenes queremos escuchar, nos tienen cegados a puro materialismo y estupidez. Tenemos que volver a a las raíces y juntos quejarnos para cambiar esto. Esa es la idea y la música es una herramienta para eso, hay que aprovecharla.

—¿Y qué haces cuando no estás haciendo música?

En realidad, todo lo que hago tiene que ver con mi grupo, cualquier cosa que se me ocurra hacer es para el grupo. Entonces, aunque me gusta hacer otras cosas, por ejemplo: me gusta mucho patinar, me gusta el deporte, me gusta salir al exterior, al campo, a la playa… casi toda mi vida tiene que ver con Slowkiss.

¿Crees que por eso también sigue la banda, por tu aguante con ella?

—Después de todos estos años que llevamos, desde 2014, hemos pasado por un montón de músicos tocando en la banda, todos excelentes, y yo soy la que la que sigue dando la pelea. Al final la música va mutando y la gente también. Muchas veces la gente está obligada a dejar la música o porque la vida avanza y uno no puede vivir de esto. Se hace muy difícil: vas creciendo y tienes otras prioridades en la vida.

Yo me tomo a Slowkiss como un proyecto mío personal en el que comparto con muchos colegas. Yo quisiera que fuera para siempre, pero como los matrimonios y los amigos, la vida va cambiando. Antes existía mucho el romanticismo de las bandas que estaban juntas por siempre, pero ahora ya no es tan así. Es un obstáculo que una tiene que vencer o tirar la toalla. Yo no voy a tirar la toalla nunca más.

Mi prioridad es la música y Slowkiss es el proyecto al que más corazón y alma le he puesto. Pase lo que pase, voy a seguir adelante.

—¿Te gustaría salir afuera, volver a Estados Unidos?

Es lo que siempre he buscado con Slowkiss: salir al extranjero. Por eso tocamos en inglés también, para tener una forma más fluida de comunicarnos. Mi sueño es tocar, estar de gira todo el año o por lo menos la mitad y la otra grabando discos. Que es lo que todos los músicos querrían hacer, es el ideal.

Pero nada, hay que cambiar las cosas. También hacer nuevas leyes de internet para que las plataformas digitales paguen lo que corresponde y den visibilidad a los artistas emergentes. Porque todo eso es un desastre. El mainstream que está tomado por las plataformas digitales de música son un chiste. Todos ustedes que siguen escuchando música y de forma muy barata, no están haciendo sustentable la vida de los músicos.

Entonces, con todo lo que está pasando, tenemos que ser capaces de reordenar, sobre todo los temas de internet, que al final es como nuestra vida ahora. Ya no existimos sin internet. Todo fue creciendo muy rápido. Y hay que buscar cómo remunerar a los artistas por el trabajo y la alegría que le hemos dado durante dos años a gente encerrada. Hagamos algo entre todos.

El rock y la lucha

También reflexiona sobre el rock, las mujeres, la cultura y los medios. “Ya sabemos que el rock es un mundo de hombres, entonces, cuando hay mujeres que lo apoyan, me pone muy contenta. Especialmente acá en donde la gente está medio desconectada de esto porque nuestros medios le hacen re poco espacio a nuestro estilo de música”, critica.

—¿Por qué crees que se escucha menos rock?

—Tiene que ver con el mainstream, lo que le conviene mostrar a los medios de comunicación y lo que quieren que la gente consuma. Nosotros somos un bien de consumo. Estamos controlados por todas partes y también lo estamos por la música y el arte.

Ha crecido mucho el mensaje materialista y misógino en el arte y es lo que está en el mainstream. Esa es la música a la que la gente tiene acceso de forma natural. La gente normal, no melómanos, no tiene acceso a otro tipo de música que no sea la que todos deben escuchar. Desde hace tiempo se dejó de lado la música con mensaje crítico a la sociedad porque no les interesa que la gente se queje.

Pero con las revueltas sociales que ha habido en todo el mundo y el cambio mental que se está teniendo, el rock está de vuelta y toda la música que vaya contra el sistema.

—¿Te gusta la política?

No. O sea, todos somos política y tenemos que conversar y discutir lo que necesitamos para vivir, sino sería un sinsentido. Pero no estoy ni ahí con la política, no creo en los políticos. Vivo aquí en Plaza Dignidad, o como lo quieran llamar, y estuve metida en toda la revuelta y luchando con los compañeros, pero no encuentro que se haya avanzado demasiado. Eso sí, la lucha no se deja. Hay que seguir o nos aplasta el sistema. 

—¿Qué te gustaría que se logre por lo pronto?

—El lugar que corresponde para las mujeres en la sociedad. No más femicidios ni maltrato ni abuso ni que se crean superiores a nosotras. En realidad, yo creo que somos harto más superiores que ustedes los hombres (risas). Perdón, cada uno piensa lo que quiere.

—Igual su música es muy power y femenina.

—Sípo, esa es la idea. Que las chicas rabiosas, las que quieren protestar, estén con nosotras. No las que se conforman lo que hay. Nosotras estamos ahí para protestar.