El baile de los que sobran

El baile de los que sobran, la desigualdad y la salud mental

El baile de los que sobran, la desigualdad y la salud mental. "Esta es mi realidad, la que yo veo, mi opinión, lo que yo vivo y lo que siento, lo que percibo. Siempre estuve de acuerdo con la evasión".
 

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Por VVV

Comienzo aclarando que esta es mi realidad, la que yo veo, mi opinión, lo que yo vivo y lo que siento, lo que percibo:

Siempre estuve de acuerdo con la evasión, porque para empezar el servicio es pésimo y no ameritaba que cada vez lo subieran más. Ese viernes tenía hora a la doc y el caos ya había empezado, la tele sólo mostraba desmanes, saqueos, terrorismo y desobediencia civil así que me cancelaron la hora.

Estaba yo aquí, con mi vieja que se demoró 2 horas en llegar, y mi papá con mi hermano que llegaron con cositas para picar mientras mi mamá preguntaba “¿qué celebramos?”. Mientras se reía, el ambiente era confuso y nadie se atrevía a decirlo, pero celebrábamos que Chile despertó.

Me quedé despierta en la madrugada esperando a que dijeran lo del estado de emergencia, porque ya habían avisado que iban a soltar a los militares a las calles. Al día siguiente fui a ver cómo había quedado Trinidad, el metro que solía ocupar para volver a mi casa (porque de mañana casi no se podía subir).

Ahí esperaba encontrarme con milicos y presencia policial en su máxima expresión, pero para mi sorpresa me encontré con un ambiente festivo, personas saltando, celebrando, con pancartas que ya habían hecho y hasta familias. Eran las 12 del día.

Cabe aclarar que efectivamente habían militares dando vuelta en su camioneta, como si se tratara de hacernos saber “quién manda”. También había carabineros en la entrada de la estación y los medios que iban hasta sin identificación –cosa que me descolocó bastante– no tardaron en llegar.

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Para la noche ya había toque de queda. No sé en qué momento volvimos a 1973. Mi hermano me acompañó a tomar fotos a la avenida principal, asumiendo que todo estaba más denso, ya que habían saqueado casi todo el comercio de cadena que había alrededor.

Cuando llegamos nos encontramos un lugar que mi hermano denominó “tierra de nadie”, algo parecido a Gotham (la ciudad de Batman y el Joker), con una barricada grande y lleno de cenizas.

Comencé a tomar fotos y entonces se me acercó un chico a pedirme que le tomara fotos, pensé automáticamente “¿por qué no?” y seguí tomando fotos después de que me diera su contacto. Ya estaba perdiendo el miedo, incluso se nos acercó otro cabro a ofrecernos comida que obviamente había saqueado sin pedir nada a cambio.

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Mientras caminábamos de vuelta, conversábamos que esto nos parecía bacán, que era extraño, pero que era una atmósfera de compañerismo la que se había creado, todos ayudándose, compartiendo a pesar de la moral que dice que está mal robar o que el comercio deshonesto merece que le roben.

Con los días se me hizo la rutina de salir a la estación de metro a tomar fotos y sólo me seguía encontrando lo mismo: compañerismo, cuidado con las otras personas y ganas de querer ayudar en lo posible a alguien del sector que pudiera necesitarlo.

Yo soy introvertida así que lo que más había podido hacer, era hablar con las personas que atienden en la verdulería, que son gente bastante agradable y humilde, por eso cuando llegué el lunes a comprar mi zapallo italiano, la señora me contó llena de alegría que me vio en la tele y que dijo “¡¡esa es mi vecinita!!”.

A mi me había dado un poco de vergüenza cuando mi papá me dijo “ojo apareciste en la tele”, pero ahora sólo puedo sentir orgullo de estar participando por la causa.

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No se trata de división, se trata de unión entre nuestro pueblo. Nosotros, la clase media no queremos quitarle a la clase alta, la clase baja tampoco quiere quitarles nada, sólo queremos justicia y seguridad para nuestro futuro, que haya equidad dentro de lo posible (que NO ES lo mismo que igualdad); no perder oportunidades importantes porque no se tiene dinero ni un apellido importante o un familiar con influencias; queremos y estamos cambiando esto, lo que a todos nos duele aunque sea en una partecita de nuestro corazón.

Hasta la forma de ver la depresión estamos cambiando, porque los millenials y generación Z somos en este momento las generaciones que destapan el tabú de ser el país con mayores índices de depresión de Latinoamérica. Estamos conscientes de lo que pasa y nos estamos moviendo.

Vemos sufrir (en mi caso no, pero no por eso no reconozco que existe) a gente mayor porque con la pensión miserable que reciben no alcanza para el mes, repito, no alcanza para el mes.

Vemos sufrir a nuestros papás porque de repente no alcanza y hay que empezar a estrujar aunque te lo nieguen para que estés tranqui.

Vemos cada mes un femicidio más y, por lo bajo; gente de todas las edades complicada porque la salud pública es pésima y la salud privada es un chiste, porque es como jugar a la ruleta rusa, desembolsas $50.000 (sin isapre) y puede que te hagan esperar 40 minutos para poder pasar, revisarte 5 minutos y tener que ir a comprar 3 cajas de pastillas (ahí ya tenemos la colusión de las farmacias).

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Y así podría seguir, pero son sólo algunos de los motivos que nos tienen mal como país por lo que buscamos cambiar, motivos que me hicieron levantarme toda la semana y estar apretá de lucas, pero eso no importa en este momento, mi trabajo independiente puede esperar, hay cosas más importantes, hay un país que salvar y en esto estamos como pueblo, como [email protected], familiares, [email protected] e incluso parejas.

Gracias amigas, amigos, mamá, papá, hermano, gracias a todas las personas que estén luchando de alguna manera en este momento, hasta difundiendo información por internet, todo sirve mientras no bajemos los brazos.

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