Club de libros y series true crime

Club de libros y series true crime: releer la historia

Después de compartir muchas lecturas, documentales y series, dos amigos (una periodista y un editor) decidieron armar un club de libros y series de true crime para repasar los principales clásicos y los últimos estrenos con una mirada crítica y feminista.

Club de libros y series true crimePor Lala

Después de compartir muchas lecturas, documentales y series, dos amigos (una periodista y un editor) decidieron armar un club de libros y series de true crime para repasar los principales clásicos y los últimos estrenos con una mirada crítica y feminista.

Un aviso de “extra” en la televisión. Un tweet rápido informando el hallazgo de algo. Así comienza. Nadie sabe cómo ni cuándo termina. 

 

Los noticieros se convierten en una transmisión sin cortes de entrevistas a familiares, vecinos, transeúntes despistados que se enteran, frente al micrófono, sobre lo último que acaba de pasar en el barrio. Las y los reporteros se vuelven detectives —a veces desarrollando investigaciones paralelas— que hablan con mentalistas y videntes, con testigos anónimos y cualquiera que pueda dar pistas; desandan pasos, imaginan escenarios posibles e imposibles. 

¿Por qué nos fascinan los crímenes?

Sabemos que del otro lado alguien sufre y por partida doble: del lado de la víctima es evidente, pero también del victimario, donde muchas veces nadie se explica cómo el amigo, vecino, hermano —y digo el porque la gran mayoría de estos crímenes son perpetrados por hombres— fue capaz de hacer algo así. Esa pregunta también nos ronda a los y las espectadores: ¿cómo una persona puede ser capaz de cometer crímenes tan feroces en contra de otra persona? 

Esta es una pregunta que ha encontrado distintas respuestas a través de los años.  O que ha hecho el intento, con resultados cuestionables, a lo largo de la historia y que ha incluido la estigmatización de un fenotipo o tipo de cuerpo —en específico de cara y cabeza—, hasta el estudio de perfiles psicológicos que se convirtió en quizás el puntapié inicial de una amplia producción posterior de libros y series.

Descubrir las motivaciones, fracturas y grietas en las vidas de aquellos capaces de reducir a otro ser humano a su mínima expresión, a despojarlo de su dignidad, se convirtió en un arte y una ciencia. Y a nosotros nos convirtió en ávidos y ávidas consumidoras de libros, películas y series, que nos permiten —desde la seguridad y comodidad de nuestros sillones y camas— sumergirnos en las profundidades de la mente humana sin correr peligro; entramparnos en pantanos que ojalá nunca nos toque conocer. 

¿Personas o monstruos?

¿Víctimas de un sistema de violencia y abandono o criminales cuyo destino nunca sería otro de lo que fue?, ¿son los perpetradores de estos crímenes hijos de los tiempos, encargados de encarnar las distorsiones de su presente, del resultado de la historia? Y vuelvo una y otra vez a las víctimas. Revisando el material que formará parte de este club me llama la atención —aunque, en realidad, no tanto—  que incluso en crímenes tan violentos como estos que han servido de inspiración para miles de libros, series y películas, muchas de las víctimas transitan por el purgatorio del cuestionamiento.

¿Ella lo incitó?, ¿lo enloqueció con alguna acción, con un gesto, con una palabra?, ¿estaba vestida de manera inadecuada, mostró interés en el agresor?, ¿cómo era su comportamiento previo?, ¿era promiscua, libertina, cómo era la relación con su sexualidad?, ¿se habrá escapado con un hombre y por eso no vuelve?, ¿cruzó la frontera para prostituirse? Vivas o muertas, nunca nos creen. Así ha sido a lo largo de la historia.

La literatura es generosa en evidencias: en los 70 —por poner un ejemplo— la investigación siempre incluía un perfil de la víctima, más bien, una prueba de la blancura que las dividía entre aquellas que no lo merecían y aquellas que, al menos, no podían quejarse. Nada de qué sorprenderse, cincuenta años más tarde las preguntas siguen siendo las mismas; la división entre víctimas y no-tan-víctimas. 

Y aunque Estados Unidos es, por lejos, el hábitat más frecuente de los asesinos en serie —que pareciera que luego devinieron en otros con mayor poder de fuego y motivaciones étnicas, políticas e ideológicas—, Chile no se queda atrás.

Tampoco en lo que se refiere al maltrato institucional, el escarnio público y la cobertura mediática escandalosa. Y, como periodista, me pregunto: ¿hasta dónde informar?, ¿qué es necesario visibilizar y qué es alimento para una bestia capaz de revisar exámenes ginecológicos de una víctima en un matinal? Más que respuestas, lo que queremos es hacernos preguntas. Es leer —y releer—  con una mirada crítica y feminista parte de la historia de una sociedad relatada a través de sus crímenes, las víctimas y los victimarios. 

Club de libros y series true crime
Cuándo: Sábado de 12:00 a 13:30, quincenal, desde el 26 de junio
Cuánto: Ocho sesiones. Gratuito.
Dónde: Por Zoom
Más info e inscripciones: @laboratoriodellibro