POR LOLA
Sí, es real. Más de veinte años después los Backstreet Boys vuelven a pisar el suelo viñamarino. Y a pesar de que al fin logré verlos hace un par de años, el hecho de que vengan al mismísimo Festival de Viña es ooootra cosa.

Enterarme de esta noticia es volver a verme frente a la tele llorando por no poder ir, ver las fans que casi volcaban ese bus en que la banda iba de Santiago a Viña y querer ser una de ellas. Es querer estar afuera del hotel con todo el derecho de ser una adolescente fan que grita, llora y corre por su boyband favorita del mundo, al punto de, incluso, llegar a arriesgar la vida.

Verlos de veinteañera fue bacán, pero no es lo mismo. Había emoción pero ya había en mi vida más bandas que se tambi´´n se habían logrado robar mi corazón, el sentimiento era algo distinto, pero empezaron las primeras melodías y ¡paf! volví a ser esa adolescente enamorada hasta las patas de (inserte su BSB favorito), pero no era lo mismo, no era Viña.

Sentir que esas canciones romanticonas con coreografía incluida decían todo lo que uno quería escuchar a través de la pantalla tan lejos pero tan cerca, es lo más fan que he vivido.

Y aunque ahora vuelven más viejos, y por lo mismo, con pasos más pausados, nada quita esa magia que tiene ese escenario para la que fue fan a la distancia y que pasó esa noche imaginando que existían otras con más suerte que podrían cruzarse con Nick en alguna calle de Viña; que verían a Brian asomarse al balcón del hotel, o que Kevin les diría “hola” desde la ventana…

Ahora con más de treinta sólo espero que canten los clásicos. Queremos volver a tener 12, 13, 14 o 15 otra vez y esta vez estar ahí en pleno Viña haciendo la coreografía de “Everybody” una vez más, porque, no, nunca la olvidaremos.