POR SUR
Conversamos con Leonardo Arenas, coordinador nacional de AHF Chile. AHF (AIDS Healthcare Foundation) es una organización social mundial, que en cuanto a prestaciones de salud en el ámbito del VIH que está presente en 41 países. Su misión es ayudar a disminuir las nuevas infecciones por VIH y apoyar en los aspectos clínicos a quienes adquirieron el virus. En la entrevista, Leonardo nos contó acerca de la situación actual de este retrovirus en nuestro país.

Desde tu perspectiva, ¿qué datos son los más preocupantes frente a la situación del VIH en Chile?
R. Hay que recordar que tenemos unas metas al 2020, son las metas “90-90-90”. Esto significa alcanzar a diagnosticar al 90% de las personas que viven con VIH; el segundo 90 es dar tratamiento antirretroviral (TARV) al 90% de ese 90%; y por último, el tercer 90 corresponde al 90% de las personas que viven con VIH y están con TARV tengan carga viral suprimida. Una persona con VIH con carga viral suprimida disminuye en un 93% la posibilidad de transmitir el virus.

Desde esta perspectiva debemos poner atención a dos datos que considero importantes. Lo primero es la brecha del primer 90. De acuerdo a estimaciones de ONUSIDA, 25 mil personas en nuestro país no saben que viven con el VIH. Por lo tanto, se deben redoblar los esfuerzos para alcanzar a esas personas, acercar el test de VIH a la rutina de las personas, disponer de tecnología más avanzada que en 30 minutos pueden entregar un resultado, etc.

El segundo dato importante es la brecha entre el primer 90 y el segundo 90. En Chile tenemos 41 mil personas diagnosticadas y 31 mil se encuentran en control y tratamiento. Es decir, 10 mil personas que viven con VIH no están concurriendo a los servicios hospitalarios. Aquí debe existir una decisión de la autoridad ministerial de generar estrategias para que esas personas vuelvan al sistema hospitalario, entendiendo que una persona en TARV tiene mejor calidad de vida y mayor esperanza de vida.

Por último, sin estar en la línea de las metas 90, se encuentra la tasa de mortalidad por VIH. Tenemos el mismo guarismo que en el 2010, a pesar que el TARV está en el GES, es decir, es gratuito en el sistema público de salud. Esto sucede porque hay un “diagnóstico tardío”. Es decir, las personas se enteran de su situación de VIH cuando han llegado con complicaciones de salud al hospital y las terapias de rescate no logran recuperar a la persona. De ahí que esto va unido al primer 90. Es necesario que las personas comprendan que si han tenido una práctica sexual de riesgo (relación penetrativa anal y/o vaginal sin condón) deben hacerse el Test de VIH para conocer su situación serológica.

Algunos medios y autoridades han hablado de una “epidemia fuera de control” a partir de los últimos índices del crecimiento del VIH en nuestro país… ¿Lo ves de la misma manera?
R. Cuando en 2014 nos comprometimos con las metas “90-90-90” en México, le realicé una entrevista al representante de la Organización Panamericana de la Salud -OPS-. Una de las preguntas cuestionadoras de cómo resolver el problema era: ¿Qué tan conscientes estamos que aumentaremos las nuevas infecciones si avanzamos en el primer 90 cuando por otra parte la meta de ONUSIDA es disminuir las nuevas infecciones al 2020?. Es en realidad un zapato chino.

Volviendo a nuestro país. Lo que sabemos es que casi se duplicaron las nuevas infecciones entre 2010 – 2017. En términos porcentuales fue un aumento de 96% (2.968 casos en 2010, 5.816 en 2017). ONUSIDA, en su informe de 2017 reparó en esta cifra y sitúo a Chile entre aquellos países que más aumentó habían tenido; aunque en término porcentuales. En términos reales, Chile se ubica en el sexto lugar tras Brasil, México, Venezuela, Colombia y Argentina.

Eso es lo que sabemos. Lo que no sabemos es porqué ocurre esto. Las explicaciones han venido por el aumento de las pruebas de VIH realizadas en el país. Aunque no tenemos un dato certero de cuanto hemos aumentado, dado que sólo se registran en la plataforma SURVIH lo del sistema público de salud, sabes que el aumento se ha dado principalmente en mujeres gestantes; por lo tanto, puede haber una pequeña explicación por ese lado.
Lo que revelan las cifras es que ha aumentado en población de varones, entonces debemos buscar la explicación en aquellos exámenes que se hacen fuera del sistema público (sean seguros privados o iniciativas de las ONG’s que ofrecemos pruebas rápidas de VIH en espacios abiertos).

De lo que estamos seguros, es que la cifra de inicios de la década era una cifra mentirosa. Dada las dificultades para acceder al Test de VIH (orden médica, hora para la siguiente semana, demora de un mes en conocer el resultado) las poblaciones más afectadas por la epidemia no se realizaban el test, lo que podría explicar parte del aumento de las cifras.

Desde tu experiencia, ¿qué tipo de medidas y/o campañas pudieran ser efectivas para comenzar a disminuir los casos del VIH en Chile en los grupos de mayor riesgo?
R. Desde la Conferencia Internacional de SIDA realizada en Ciudad de México (2008) ya conocíamos que la adherencia de los tratamientos en las personas viviendo con VIH disminuye la posibilidad de transmitir VIH a otra persona.

Ya en 2014, en el marco del I Foro LAC teníamos evidencia cierta que las personas viviendo con VIH con carga viral suprimida disminuye en un 93% la posibilidad de transmitir VIH lo que permite pronosticar un “2030 sin Sida”. Entonces, las campañas deberían estar enfocadas en promover que las personas conozcan su situación serológica, quienes han tenido una práctica sexual de riesgo, es decir, relación penetrativa sexual vaginal o anal sin condón. Todos aquellos que han tenido una práctica con esas características deberían hacerse el test.

Una segunda campaña debería ir orientada a las PVVIH que han abandonado tratamiento. Tenemos 41 mil personas diagnosticadas con VIH y sólo 31 mil en atención. Por lo tanto, debemos trabajar para disminuir esta brecha y que impactaría en las tasas de mortalidad por VIH. Es paradójico que teniendo tratamiento asegurado por el Estado, la tasa de mortalidad se mantenga en los mismos niveles que en 2010. Eso se debe a un diagnóstico tardío (por lo tanto, hay que promover hacerse el test) y por abandono de tratamiento.

Respecto de las campañas comunicacionales de prevención que realiza el Ministerio de Salud cada año, creo que deberían ir enfocadas a eliminar el estigma y discriminación ante las PVVIH. Hay un trabajo importante por hacer en esa línea. Lo más probable es que las personas no han accedido a las pruebas de VIH porque son maltratadas en el sistema público de salud; interrogadas sobre sus prácticas sexuales; discriminadas por su orientación sexual o identidad de género. Los testimonios de mujeres trans, mujeres trabajadoras sexuales y hombres gays del maltrato y la mala atención están en cada trabajo investigativo sobre este tema.

Por último, la necesidad de la educación sexual implica repensar las conversaciones al interior de la familia, entre pares y de los medios de comunicación social, con el liderazgo del ámbito de educación, lo que veo lejano; a pesar de los compromisos que hemos asumido tanto en la Reunión Ministerial del 2008 que se reflejó en el documento “Prevenir con Educación” como en el documento “Consenso de Montevideo” que es el acuerdo final de la Primera Reunión Regional sobre Población y Desarrollo realizada en Uruguay.

¿Qué elementos o características de Chile no han ayudado a que se avance más consistentemente en la disminución de los contagios de VIH?
R. La pregunta tiene el sesgo que el aumento de las nuevas infecciones de VIH sería una mala noticia. Visto desde el cumplimiento de las metas “90-90-90” sería una buena noticia si es que estamos llegando a las poblaciones más afectadas por la epidemia. Si salimos a buscar decididamente encontraremos más personas viviendo con VIH, que no han llegado al sistema de salud anteriormente. De ahí la necesidad de conocer, algo sobre lo que el Ministerio de Salud no tiene claridad, es si estas son nuevas infecciones, es decir, de un año atrás, o son infecciones más antiguas que recién estamos diagnosticando.

En el II Foro Latinoamericano y del Caribe sobre Prevención Combinada realizado en la ciudad de Rio de Janeiro (2015) acordamos avanzar en una estrategia que incluyera paquetes de prevención diferenciados para las comunidades, es lo que conocemos hoy como Prevención Combinada.

A la estrategia conocida de promover el uso del condón de forma permanente y consistente en la relación penetrativa, las campañas de comunicación social y la educación respecto de las formas de transmisión y adquisición del VIH, se suman el acceso a las pruebas rápidas de VIH y el PrEP.

Si bien la prueba de VIH no es un método preventivo, su acceso permite a la persona conocer su situación serológica y en caso de ser reactivo al test de VIH, poder acceder a TARV. Pero para aquellos que no son reactivos, permite asegurar las conductas preventivas y realizar un análisis de los riesgos en los cuales incurre.

La PrEP (Profilaxis oral para VIH pre exposición) es una estrategia que ya cuenta con cierta evidencia en determinadas comunidades o grupos, aunque son estudios clínicos. La idea es que las personas que incurren en prácticas de riesgos de adquirir el VIH puedan estar en un programa que les entrega medicamentos antirretrovirales que les permiten disminuir el riesgo de adquirir el VIH. Es decir, personas no viviendo con VIH ingiriendo medicamentos contra el VIH (lo que puede parecer muy loco). Pero no es sólo eso, sino que se incorporan a un programa que hace seguimiento mediante exámenes, etc. Es ideal para parejas cero-discordantes y quienes no usan condón en su relación sexual penetrativa.

Ciertamente esta estrategia tiene algunos problemas, más cuando en el Plan Nacional de VIH y el Ministerio de Salud han indicado que se implementará una cobertura de 10 mil personas en PrEP. La misma cantidad de personas que viven con VIH y no están en atención.

Creo que lo ideal es que disminuyamos las brechas que tenemos en este momento antes de incorporar PrEP. Es decir, disminuir el número de personas que viven con VIH y no lo saben, para lo cual hay que sensibilizar a la población a hacer la prueba de VIH, pero además disponer de la oferta de mejor manera. Ampliar horarios en el sistema público de salud, disminuir las restricciones para que las ONG’s puedan realizar el test y, algo importante y obvio, que es aminorar los tiempos entre el diagnóstico y el inicio de tratamiento, lo que desalienta a las personas a continuar con dicho proceso. Pero además, trabajar fuertemente por re vincular a las personas que han abandonado la atención, que suman 10 mil personas. Una PVVIH en tratamiento con alta adherencia tiene un mejor pronóstico de calidad de vida y esperanza de vida.

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