POR MARIANA Y PUNTO
No soy muy fan del dicho “la realidad supera a la ficción” (y de ningún otro, en realidad), pero en esta película de Spike Lee la premisa lo cumple: BlacKkKlansman (traducida como El Infiltrado del KKKlan) está basada en un libro autobiográfico, escrito por un ex policía encubierto, afroamericano, que a partir de una inocente llamada telefónica logra infiltrarse en “la organización” racista pese a ser justamente de una de las razas más despreciadas por los encapuchados.

Spike Lee te lleva de un segundo a otro entre la realidad, la ficción, lo increíble, lo chistoso, lo hermoso, lo decadente y lo horrible, intercalando esos sentimientos tal como ocurre en la vida misma.

Las actuaciones de John David Washington y de Adam Driver son sobresalientes en transmitir las ambigüedades, dudas, contradicciones y matices humanos de dos hombres que no son ni completamente víctimas ni completamente dedicados a ser defensores de los derechos de sus respectivos orígenes.

La película, además, instala y te deja pensando en una discusión difícil de resolver: sobre si es legítimo o posible o realista o bueno intentar hacer cambios “desde dentro” (en este caso de la policía, pero también se puede aplicar a política y otros temas), sobre qué tan valiosos son los pequeños triunfos en el largo plazo o lo desolador que puede ser tener que pelear eternamente contra injusticias que se manifiestan en la vida cotidiana y en los lugares más inalcanzables del poder político, económico y social.

El Infiltrado del KKKlan está ambientada a finales de los años 70 y podemos ver los avances que ha habido en la sociedad en cuanto a la discriminación y a lo que está permitido, pero al mismo tiempo resulta evidente y terrible ver cómo cosas que algunos creíamos imposibles (como un Donald Trump presidente de Estados Unidos, con todo lo que eso implica) están lejos de ser una locura o una ficción.

BlacKkKlansman se estrenó en cines hoy, acá pueden ver los horarios en cines Hoyts.