por Jesse James
La princesa Diana es alguien que jamás causó ni el menor impacto en mi. Cuando era chica la veía en las portadas de la revista Cosas y pensaba en lo equivocados que estaban todos por haberla elegido para ser princesa. Yo a esa edad, y como muchas otras niñas, pensaba que eso de ser princesa era una cosa que se estudiaba y, luego de pasar varias pruebas en las que sólo importaba si eras lo suficientemente linda o no, te quedabas con tu corona y tu hermoso príncipe para siempre.
En cambio ella no, ella era desabrida a morir, tenía unos peinados que me recuerdan a un pedazo de torta de tres leches y del príncipe ni hablar, era el hombre más feo que había visto. Entonces yo leía en las peluquerías, cuando acompañaba a mi mamá, sobre esta princesa que era tan buena, tan linda, tan madre de sus hijos y tan sufrida porque la reina le tenía mala, pero cuando crecí entendí el drama que le tocó vivir porque el príncipe Carlos estaba enamorado de otra y hasta yo, en mi Chilito tan lejano a Londres, estaba enterada de que ella hacía el papel de pantalla. Horroroso, pero ni así logré entender la enorme empatía que causaba Diana en los demás, no me convencían sus fotos con la Madre Teresa de Calcuta, ni sus visitas a hospitales, pensaba que si tanto le daban pena ¿por qué no vendía el yate donde le sacaban fotos en topless y les regalaba la plata? En fin, la cosa es que uno, aunque no quiera, termina enterándose igual de la vida de la gente famosa, así que supe de sus romances, de sus problemas con la realeza, de su bulimia y de su separación, hechos que la acercaron aún más a la gloria de la bondad y que ahora son relatados en miles de documentales que la dejan en el sitial de inmortalidad mediática.
La cosa es que con tanta historia y con tanta foto que veía uno de ella fue demasiado impactante que muriera y, más encima, producto de la persecución de un paparazzi. Tremendo condoro el que se había mandado él o su chofer, habían matado a la madre del futuro rey y al personaje más fotografiado por décadas, un nombre del que todos estaban lucrando como locos, incluso ella misma. Parecía mentira que se hubiese muerto y parecía mentira que mi abuela, que no tenía ni pito que tocar, llorara desconsolada por la muerte de Diana, “es que era tan linda” me decía. Y no era sólo mi abuela, todos lloraban alrededor del mundo y para peor, acto seguido muere la Madre Teresa de Calcuta y los diarios titulaban: “Dios se las llevó juntas”. No se podía creer, me parecía insólito, por muy penosa que fuera la muerte de cualquier ser humano, ese tipo de comparación, era absurda.
Ahora que los años han pasado, las cosas han cambiado. Ahora, el príncipe rana que bajo ningún encanto se volvió guapo, ni inteligente logró casarse con su amor y sus hijos son ahora como dos pequeñas Dianas pero mas modernos, con su carisma de estrellas hicieron un enorme recital en su honor este año para 60.000 personas, donde actuaron Nelly Furtado, Joss Stone, Lilly Allen, Duran Duran, Elton John (obvio), entre otros. Ni Victoria Beckham se lo perdió y eso si que es tener arrastre.