Sin amigas no se puede sobrevivir. Siempre han sido para mi, algo así como una necesidad básica.
Cuando chica iba en colegio de mujeres, por lo que pasé por esas etapas de “eres mi mejor amiga”, “ya no eres mi mejor amiga”, “de nuevo eres mi mejor amiga”, etc. Una vez mis papás barajaron la posibilidad de cambiarnos de ciudad –algo que tarde o temprano iba a suceder en mi familia de todas maneras–, entonces Mariana, mi mejor amiga de la básica, le escribió una carta a mi papá solicitando que yo no me fuera a ninguna parte, y antes de mandársela, hizo que todo el curso firmara la petición. Demasiado tierna. En esa oportunidad igual no nos fuimos a ninguna parte, pero era de armas tomar mi amiguita. Haz click para continuar leyendo »
Echada en mi cama el otro día, contemplaba mi colección de DVDs y entre pelis y series, y me di cuenta de que las temporadas completas de Sex and The City estában justo al lado de las de Candy Candy, lo que, después de analizar ciertas similitudes, no me pareció una simple casualidad:
• Candy es rubia de pelo crespo igual que Carrie.
• Ambas siempre andan con ropa linda.
• Las dos sufren por hombres y al momento de enfrentarlos suelen actuar con torpeza.
• Tienen cero contacto con su familia biológica.
• Tienen una amiga morena linda con cara de mosca muerta (Annie / Charlotte).
• También tienen otra amiga menos linda –pero inteligente– (Patty / Miranda), que anda con un chico medio nerd –pero buena persona– (Stear / Steve).
Si tuviera que elegir, no quisiera ser ninguna de las dos…mejor me quedo con las series y todos sus personajes. Pero si tuviera que elegir por obligación… me quedo con Big!!
Qué se hace cuando una muy buena amiga, sin que uno se dé muy cuenta de cómo, se vuelve loca de alguna forma de la que eventualmente resulta imposible traerla de vuelta? Si se hace adicta a algo, o se mete en una especie de secta, o se aleja de todo el mundo, o está con un mal tipo… qué pueden hacer las amigas para rescatarla?
Lamentablemente en mi experiencia no me ha quedado más que esperar, después de intentar hacer entrar en razón a la amiga en cuestión conversando con ella, expresando la preocupación que todo el mundo tiene sobre su situación e insistir en que vaya al sicólogo y deje lo que le hace mal. Al final sólo he podido esperar no más a que se dé cuenta sola, se le pase, y una seguir lo suficientemente cerca –en lo posible, porque suele no ser fácil en estas situaciones– como para que la amiga cuente con una cuando cache lo mal que está.
Encuentro LO ocioso que hagan escándalo porque Michelle Bachelet se levantó temprano, fue a la playa y se dio un chapuzón en el mar antes de que comenzaran las reuniones de la Cumbre del Mercosur durante su viaje a Brasil. En las noticias decían “la presidenta no aguantó la tentación”… como si fuera pecado! yo más encima la encuentro toda heroica por levantarse tan temprano. Como bien decían también en las noticias, es como salir a trotar antes de ir a la pega. Que tanto! Supongo que esta tontera no afectará su imagen, la que ha ido de menos a más durante su mandato.
Las fotos originales son de la agencia EFE, via El Mostrador.
A parte de las lógicas diferencias de lo que significa trabajar para uno mismo o para otro, hay un montón de pros y contras en los detalles de cada situación. Yo por ejemplo, recomiendo que cuando uno recién sale de la carrera, trabaje aunque sea un tiempo en una empresa u oficina –lo que corresponda según la profesión–, porque hay cosas que uno aprende sólo por el hecho de haber trabajado en equipo, con gente con mayor experiencia de la que uno puede aprender. Otra buena cosa de trabajar en un lugar es la posibilidad de conocer gente nueva, que quizás en tu círculo más cercano jamás habrías conocido, y así uno termina haciendo bellas amistades con gente mucho mayor que uno (o mucho menor), de distintas tendencias políticas, etc.
Cuando uno trabaja solo no tiene que marcar tarjeta, por lo que es muy fácil excederse de la hora y terminar trabajando incluso más que cuando te controlaban el horario. Cuando trabajas en una oficina hay más posibilidades de compartir un café matutino con alguien… y así…
Me fascina la ropa, me preocupo de mi pelo, leo revistas de moda, y no me considero feminista, pero aun así, no puedo entender que exista un concurso como Miss Mundo o Miss Universo, en pleno siglo XXI. No quiero ser grave, pero lo encuentro medio fome. Me da como verguenza, especialmente cuando las señoritas tienen que mostrarse parándose en un punto frente a las cámaras, el público y el jurado haciendo unos pequeños pasitos para los lados y para adelante dejando apreciar su favorecida anatomía y enorme sonrisa, tal como los hacen los perritos de concurso. La que ganó ahora es una rusa que estudia ingeniería. Como que las misses siempre hacen cosas humanitarias y todo –por lo que supongo el fin es bueno–, pero no se si me gustaría que mi mayor gracia en la vida fuera ser la más linda.
Se lo he escuchado a gente de lo más distinta, tanto a Evelyn Matthei como a Felipe Camiroaga, al público y a los animadores: todos dicen “soy fans”, cuando se dice fan en singular y fans, en plural! No es algo relevante pero es que no entiendo de dónde vino la deformación de la palabra. Es como decir “soy admiradorasss tuya”.
por Sur
Tal como dice el dicho: chiste repetido, sale podrido.
La verdad es que este señor Farkas ya me aburrió. Al principio podía ser divertido. Era simpático el rumor de un millonario excéntrico que pagaba millonarias sumas a KC and the Sunshine Band para que cantaran en su cumpleaños, incluso gracioso que algún ocioso lo propusiera como candidato presidencial a través de Facebook. Hasta ahí, todo bien.
A mi modo de ver, el gran pecado de Leonardo Farkas fue tomarse a sí mismo en serio. Estamos de acuerdo, el tipo no por nada es millonario: canta bonito y le dio el palo al gato cuando se casó con la mujer indicada, pero cualquier aparición pública del blondo ruliento debió permanecer en el espacio de la humorada. Ya lleva un tiempo estirando el absurdo elástico de su improbable candidatura y eso es una lata suprema. Se suponía que esto era gracioso, pero en demasía, cansa. No hay Hummer, terno ni propina que resista tanto: Farkas quemó todos sus cartuchos y ahora ya parece ser otro de los muchos personajes sin sentido que abundan en nuestra televisión.
Semana pasada en mi empresa hubo un corte grande de personal, y vi a amigos y amigas quedando sin pega de un minuto a otro, más encima, a semanas de la Navidad.
Me acuerdo que una vez me pasó algo muy similar, la ONG en que yo trabajaba perdió su principal financiamiento y tuvimos que reducir drásticamente el número de empleados, y a mí me tocó echar a personas que, a parte de ser amigas, yo sabía que necesitaban la pega. Fue uno de los peores momentos de mi vida personal y profesional, y sólo pensaba que nunca más querría pasar por algo similar. Un par de meses después llegó mi momento de ser echada y, aunque fue difícil, sabía que esa era oportunidad para que yo finalmente cambiara a algo nuevo y desafiante.
Eso sí, me cuesta mucho y casi nunca lloro con otras personas ni por muy amigas que sean, para eso me tiene que haber pasado algo realmente malo que no pueda contener.
Pero llorar sola cada cierto tiempo para mí es un desahogo necesario, casi como salir a trotar. Tengo que llorar cada cierto tiempo, así descargo las cosas malas que me han pasado, lo que me tenga apestada, taimada o triste, y normalmente quedo de lo más relajada después.
Así que aunque no pueda llorar en público, me cuesta mucho entender a la gente a la que no se le cae ni una lágrima, ni siquiera cuando está sola.