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por Daniela Paz (@dnlpz)

En un almuerzo familiar en que habían muchas cosas ricas, me sorprendió por lejos lo sencillo y rico de este postre, que resulta ideal en esta fecha con fruta fresca con la que se puede hacer combinaciones como ésta.

Ingredientes:
piña
arándanos
yogurt natural endulzado
menta

La preparación es simple, como se ve en la foto: primero pones de base la piña, puede ser cortada en círculos o en pequeñas porciones, luego con una cuchara distribuyes el yogurt, los arándanos y finalmente la menta, que es el toque más importante, ideal que la piquen muy fina o mejor que la sequen antes.

Como ven es muy muy fácil, pueden llevarlo a una comida si les tocó la sección postre, quedarán como reyes y como personas muy saludables.

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por lucy

Un par de amigas que han ido a nutricionistas con resultados exitosos me empezaron a meter en la cabeza, por primera vez, que las frutas son algo que debe consumirse sólo en la mañana, para tener tiempo suficiente de digerirlas durante el resto del día.

Yo había leído y escuchado que había algunas como la uva que tenían mucho azúcar (lo cual afectaba sólo si quieres bajar de peso o si tienes tendencia a la diabetes), pero me sorprendí con que la noche debiera reservarse para las verduras, y la mañana y el almuerzo para las frutas.

Mi costumbre era hacerme jugos de frutas naturales en la juguera en las tardes, pero ahora estoy tratando de cambiar mis hábitos y reservar las frutas para la mañana, que así además varío del típico pan con palta o leche con cereales que solía comerme al desayuno.

No sé cómo lo voy a hacer en invierno donde las frutas son más fomes, pero ahora en febrero la verdad es que estoy disfrutando el despertarme con frutas e ir alternando sandía, durazno, melón, frutillas en el desayuno, y a media mañana picotear uvas, guindas y cerezas. Lo que me falta incorporar: pomelo en ayunas.

¿Ustedes tienen el hábito de desayunar fruta en verano o durante el año?

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por Mariana y punto

Nunca le había prestado gran atención a los porotos verdes hasta este año. No sabía ni cómo se cocinaban o preparaban, y con suerte tenía cierta noción de que quedaban buenos en una tortilla.

Ahora me hice fan. Coincidieron dos cosas: comprobé que efectivamente no hay tortilla que encuentre más rica que la de porotos verdes (o bueno, quizás la de papas, pero son tan diferentes que no compiten) y empecé a entender el chacarero, un sándwich del que realmente hasta hace poco no me cabía en la cabeza tanto fanatismo.

Como hace tiempo me intrigaba la fama de este sánguche, probé sin querer queriendo un chacarero vegetariano que estaba comiendo amiga en la fuente de soda Genaro’s, y encontré tan sabrosa esa mezcla de porotos verdes, tomate y ají verde que imaginé que con carne sólo podía resultar mejor, y me di cuenta de que realmente no necesitaba en absoluto mayonesa (un ingrediente que amo) para no ser seco. Justo unos días después leí una columna de Don Tinto donde decía que esta es la mejor época del chacarero, porque tanto los porotos verdes como el tomate frescos están en su mejor momento y sabor.

Y en realidad pensándolo bien hasta como ensalada quedan ricos, son un ingrediente del charquicán y más encima son muy fáciles y rápidos de hacer.

Foto: Diógenes ;) vía Flickr

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por Daniela Paz (@dnlpz)

Llegar a tu peso saludable es bien latero. Me pasaba que con el tiempo me daba cuenta de que aunque me cuidaba o dejaba de comer cosas ricas, no conseguía bajar. Al comienzo creía que tenía un problema y que era una persona que no podía descontar kilos y me tenía que hacer ver. Pero no. Por eso una amiga me recomendó ir a un centro de nutrición para que básicamente me enseñaran a comer bien, y luego de casi dos meses siguiendo una rutina, que tuvo resultados bacanes, pero que tengo que incorporar para siempre en mi vida, aprendí algunas lecciones que les comento abajo.

1. No hay ningún milagro en bajar de peso, ninguna pastilla, ningún batido, ningún quemador de grasa. La fórmula es comer bien y hacer ejercicio. Eso es infalible.

2. Los horarios son clave. Aprendí y me obligué a comer lento y cada tres horas, este es el primer mandamiento. No hay que saltarse nada, porque de esta manera aceleras el metabolismo, no pasas hambre y todo bien. Obviamente no hay que comer de todo, pero siempre desayuno, colación, almuerzo, nueva colación y comida. Si vas a hacer ejercicio, tienes que comer algo una hora antes, así no te darán puntadas.

3. Sí se puede tomar, la cosa es combinarlo de la mejor manera. Si vas a comer en una junta, por ejemplo, aceitunas, quesos o carnes, prefiere los destilados, si quieres comer algo como masas es mejor hacerlo con champaña o cerveza. Obviamente no hay que tomárselo todo, puedes hacer excepciones, pero siempre la idea es medirse sin pasarlo mal.

4. Verduras y frutas. Esto hay que comerlo a diario, las verduras siempre siempre. Yo era de las que jamás en la vida comía una ensalada, ahora las como a diario en el almuerzo y comida, la cosa es ir variando y usando cosas nuevas, como tortillas, omelette, verduras salteadas, sopas y lo que se te ocurra. Sobre las frutas es un tema diferente, como me recomendaron, la mejor manera es comerlas tal cual como vienen, no en forma de jugos, porque el cuerpo las procesa diferente y mientras más molida esté la fruta, más suelta azúcar. Así que ideal en el desayuno o colación de la mañana, comer una porción de fruta (lo que quepa en una taza) y así las incluyes en tu vida.

5. Siempre hacer ejercicio. Creo que no hay forma de mantenerse si no haces algún tipo de ejercicio; yo en la dieta me salía un montón, pero siempre lo “pagaba”. Si me comía un brownie, salía a correr un día extra, o si en el almuerzo pedía papas fritas, eliminaba al otro día los carbohidratos. Siempre hay que nivelar de alguna manera los pequeños excesos y para mí lo más entretenido es hacerlo con deporte. Si corres o haces cualquier ejercicio 30 ó 40 minutos tres veces a la semana, no habrá problema en incluir alguna galletita o rico sándwich a tu dieta.

6. Tener compañía. Este tema es de los más importantes. Si tienes pololo, la idea es que puedan incorporar estos temas juntos, pero no obligarse a nada. También con las amistades, que entiendan que esto es con sacrificio, porque no hay nada peor que alguien hinchándote porque no comes o por qué no tomas tanto como ellos quisieran.

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por @ConchitaQ

Las primeras veces que probé estos rollitos de verduras fue en unos restaurantes de comida thai y vietnamita, y simplemente me enamoré de ellos. Por lo general, siempre vienen acompañados con unas salsas agridulces increíbles, y son bien frescos y livianitos para comer en el verano.

Una gran amiga me enseñó una preparación ultra casera para hacer estos rollitos en la casa, donde claramente lo más importante son los papeles de arroz. Antes sólo se encontraban en los almacenes chinos, pero hoy los venden en grandes supermercados y resulta fácil tener siempre un paquete en la despensa.

Se trata de una preparación rápida y sencilla, donde lo más entretenido es que los ingredientes son a gusto de cada persona (o los que tengas en ese minuto en el refrigerador), porque estas masas de arroz son sólo la base para rellenar con lo que se te ocurra (como por ejemplo, camarones, kanikama, pollo, cerdo, atún, salmón ahumado, etc).
Acá les comparto mi combinación favorita.

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Ingredientes
Paquete de papel de arroz
Salmón ahumado
Queso crema (opcional)
Lechuga
Zanahorias
Pepino
Menta

Acompañamiento
Salsa Soya
Salsa Sweet Chili Sauce

1. Picar las zanahorias y pepinos en tiras. Lavar la lechuga, pero conservando las forma de las hojas.
2. Humedecer las láminas de papel de arroz con agua caliente de a una, sin soltar uno de los estremos. Poner sobre una tabla de madera, lo más estirada posible, para luego poner la hoja de lechuga.
3. Poner el salmón ahumado, queso crema, tira de zanahora y pepino, un par de hojas de menta. Las cantidades y cortes de las verduras (finas o más gruesas) son al gusto de cada persona. (* Si quieres incluir otras verduras podría ser cebolla, rúcula, palta, apio, entre otras).
4. Enrollar la masa de arroz, preocuparte que quede bien sellada. Y repetir con cada rollito.
5. Dejar enfriando rollos en el refrigerador por una media hora, para luego cortarlos en dos o tres (según el tamaño que los quieras presentar).
6. Presentar en una bandeja con las salsas.
* Salsas: Para el caso de la salsa soya, les recomiendo hervir una taza + una taza de azúcar rubia, y así les quedará más dulce y espesa. La salsa Sweet Chili Sauce la venden en supermercados, y es adictiva (sirve para pollos, ensaladas, papas, etc).

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por Mariana y punto

El choclo es EL ingrediente de los platos veraniegos de cocina chilena. Y entre las frutas y los platos con choclo, para mí no hay otra época en el año que sea mejor para comer preparaciones frescas.

Acá mi ránking personal de platos favoritos que incluyen choclo, con links a recetas para aventurarse y cocinar con este fabuloso ingrediente.

1. Porotos granados: Mi plato preferido del verano. Me gusta con mazamorra o con pilco (choclo en granos y zapallo en cubos), con un poco de merkén para hacerlo más picante y sabroso, o así nomás. Creo que lo he comido de formas bien distintas, pero no tengo recuerdo de que alguna de ellas no me haya gustado. Desgranar los porotos en familia debe ser de las actividades más simples, veraniegas y lindas.

2. Pastelera de choclo: Normalmente es un acompañamiento, pero a mí me gusta comerla sola, en un plato chico (porque es verdad que, tal como los chupes, por rica que sea después de un rato aburre). Personalmente me gusta que sea más bien dulce (me parece que realza su sabor), aunque conozco gente que la prefiere salada.

3. Choclo con mantequilla: Es una de las pocas cosas que me gustan desde que era chica, y que ahora de adulta encuentro que no he comido lo suficiente. Cuando era chica siempre era en trozos del choclo grande nomás (mi mamá me dice que el choclo americano, ese más chico y dulce, es relativamente nuevo como ingrediente de nuestra cocina), pero me gusta de todas formas. Puede ser asado en la parrilla o cocido.

4. Pastel de choclo: Es básicamente un pastelera con pino de carne y una presa de pollo; yo prefiero que el pollo sea desmenuzado desde antes, aunque en realidad la prefiero con puro pino de carne y sin pollo. Tradicionalmente se prepara y sirve en un plato hondo o fuente redonda personal de greda.

5. Humitas: Son mis menos favoritas de la lista porque me parece que inevitablemente son más secas (si fuera por mí, metería pastelera adentro de las hojas del choclo), pero de todas formas no puede pasar un verano sin comer al menos un par de veces humitas con ensalada de tomates. Antiguamente era de las que le echaba azúcar encima, pero ahora en cambio la prefiero tal cual está hecha.

Bonus: Ensalada de choclo, tomate y palmitos. Ésta la hago durante todo el año con choclos congelados, pero de todas maneras que es más bacán hacerla con choclo fresco y aprovechar el verano para eso.

Bienvenidas sean más recetas de preparaciones con choclo, ya sea de estos mismos platos o de otros que no hemos mencionado.

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lascabras
por carodu & Mariana y punto

Desde hace un par de semanas que salivábamos al ver las fotos en redes sociales de un nuevo local llamado “Las Cabras”; una fuente de soda pero nueva, que está al frente del Costanera Center, cuyo eslogan es “comida rica”, y su dueño el chef Juan Pablo Mellado.

Las fotos que habíamos visto mostraban unos sánguches que de puro verlos se notaban que estaban al nivel de la Fuente Alemana, y carnes jugosas que decían se cortaban con tenedor.

Hasta que al fin fuimos a probarlo, y quedamos tanto o más maravilladas de lo que esperábamos (y las expectativas eran altas); el local es precioso, realmente como fuente de soda pero renovada, donde se nota que cada detalle fue cuidadosamente elegido; los platos, las servilletas, todo. Y los meseros o eran extremadamente amables o extremadamente minos. Un gusto.

Para partir, los mini panes amasados calentitos y el pebre eran una pequeña maravilla. Para seguir, probamos las charchas de cerdo, que eran tan sabrosas y blandas como las imaginábamos; por su intensidad, podríamos decir que su sabor algo se parece al osobuco, pero es más suave en todo sentido. Venían acompañadas de papas fritas caseras en su punto, y pedimos un arroz algo aburrido, pero que con el jugo de las charchas se combinaba perfectamente.

Pero esta fiesta en nuestras papilas gustativas no terminó ahí. Nos dejamos llevar por la intuición y pedimos una fricandela casera en pan frica con ají, mayonesa hecha en el local y palta. Podemos resumir lo que sentimos al probarla diciendo que fue imposible no gemir. Impactantemente sabrosa, mojadita, y todos los ingredientes se conjugaban de manera perfecta. Todo muy rico. Rica palta, rica mayo, rico ají, plan crujiente, y la fricandela, Diosito, la fricandela.

Y como siempre queda un espacio para lo dulce, pedimos una porción de pie de limón para compartir, tenía una rica masa y un agradable sabor a limón, aunque creemos que la porción era un poco mezquina. De todas maneras, consideramos que lo salado se robó absolutamente la película en nuestro almuerzo.

No es barato, pero filo, para sentir esos sabores vale absolutamente la pena, y lo único que queremos es volver a comer lo que ya probamos y seguir degustando esa enjundiosa carta que incluye palta reina, tallarines con mechada o lengua, pollo arvejado, crudo de filete y salmón, entre otros platos que necesitamos comer pronto.

Las Cabras está en Luis Thayer Ojeda 0166 (justo abajo de la escalera mecánica para cruzar al Costanera Center); tienen mesas en la terraza, adentro y barra. Si quieren tentarse como nosotras, también pueden seguirlos en Instagram.

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por Claudio

Nunca he creído en esas comidas secretas en que se necesitan códigos o invitaciones especiales para acceder, pero la fama de Rolando Ortega -cocinero y dueño de Salvador cocina y café, el restorán más reconocido del año pasado- no me hizo dudar. Y acepté. Y transferí las 34 lucas, tomando un poco de aire al hacer click en la página del banco.

Al llegar a su casa la situación es otra: nada de códigos ni números secretos ni santos y señas, nada. Nos recibe el mismo Rolando y su perro, un pastor alemán buena onda y cariñoso. Casa blanca y sencilla, una patio acogedor. Una parrilla prendida, fuentes con carnes y verduras, y de aperitivo una copa de champaña o de sidra, nosotros elegimos. Quiénes somos nosotros: la Dani Paz, la Mariana y punto, la Riana Fer y Óscar, entusiasmados conversando mientras de a poco van llegando los otros comensales, la mayoría extranjeros.

Luego de un par de copas (y ya con un poco de hambre) pasamos al comedor. Diez puestos, tablas de queso casero y pan recién salido del horno sobre la mesa, para comenzar. ¡Qué fome!, dirán ustedes, con cara de lata. Para nada, el pan de masa madre, hecho por Rolando con hierbas y cocido en papel mantequilla. La tabla con tres tipos de quesos, brotes y semillas. Bonito. Rico. Y por cierto, con harto vino tinto.

El segundo plato fueron grandes tostadas con sierra ahumada en forma casera, con mayonesa de leche, alcaparras y lima cortada sobre el pan. Al costado, Rolando pone frascos de vidrio rellenos con verduras encurtidas (pepino, cebolla morada, cebollines) y un sartén de fierro con choritos al Bloody Mary. Más vino, blanco y tinto. Cada plato, antes de ser comido, es explicado: cómo se hizo, la procedencia de los alimentos y su cocción.

Tercer plato, chancho adobado y asado a la parrilla, pastel de zapallo butternut relleno de prietas (¡dios!), más verduras asadas. Luego, para quien quiera, médula en el mismo hueso, un poco apanado, con flores de romero (¡Sí, queremos llorar!). Más vino tinto. El postre fue un poco fome: una mousse de queso con peras hechas en vinagre de manzana. Está claro que lo dulce no es su fuerte.

Para terminar, dos bajativos hechos por el cocinero: licor de apio y un gin macerado con cáscaras de mandarinas, matico, hinojo y agua tónica. Me hubiese tomado un litro, si es que en algún momento de la noche –ya a las dos de la mañana- no nos hubiésemos dado cuenta de que no estábamos en nuestra casa y que debíamos irnos.

Mientras esperábamos nuestro taxi, Rolando, su encantadora señora y un par de amigos seguían conversando sin parar, hablando sobre nuevos proyectos. Él no sabía que solo en una semanas después sería elegido el chef revelación del año, por la revista Wikén. Nosotros, aún con el sabor floral del gin en nuestro paladar, estábamos seguros de que lo conseguiría.

Para próximas fechas de Casa Salvador, pueden estar atent@s a su página de Facebook.

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por lucy

El Toro es un clásico de calle Loreto, reconocido por su famoso pisco sour y su terraza inconfundible rodeada de ventanales, que te da esa ideal sensación de estar adentro y afuera a la vez.

Hace unas semanas nos invitaron a probar su nueva carta, que mantiene los platos que los comensales habituales echarían de menos, pero agrega más sabores a la oferta a la fusión peruano-chilena de sus preparaciones, tanto en tapas como en platos de fondo.

Con un exquisito Pinot Noir de William Cole y entre clásicos como el ceviche peruano, la causa (fresca) de camarones y las chocotejas de postre, éstas fueron nuestras novedades favoritas:

Tortilla de papas (con papas en cubos, muy mojadita y sabrosa)

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Pinzas de jaiba (como croquetas, pero rellenas de pura carne de jaiba)

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Lomo saltimbocca con prosciutto y reducción de vino tinto (sabrosísimo y con un puré perfecto)

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El Toro está en Loreto 33, casi esquina Bellavista.

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por Mariana y punto

A veces me encantaría que, como en Brasil, en nuestras playas chilenas hubiera quioscos con caipiriñas y puestos de comida que vendieran choclo con mantequilla. Pero cuando es verano y tengo la oportunidad de arrancarme unos días al litoral, agradezco el ritual de comer palmeras, que es realmente mi tentempié favorito para la playa, y las echaría de menos incluso con caipiriña en mano.

Hay pocas cosas que se han mantenido tal cual desde que era chica hasta ahora que tengo más de 30, y los vendedores ambulantes gritando “palmera, cuchuflí, barquillo” es una de ellas y me encanta.

Me gusta que las palmeras sean crocantes y dulces pero no demasiado (de hecho a mí me gustan las más blanquitas, que tienen menos caramelo), y su forma grande, redonda y plana no puede sino parecerme exótica y feliz. Incluso cuando las palmeras no son tan buenas, nunca son tan malas como un cuchuflí blando y sin manjar, por lo que te vas relativamente a la segura.

Históricamente mis favoritas han sido las clásicas “Palmeras de Algarrobo” Rieder, pero tengo que admitir que, lamentablemente, es en Santiago donde he encontrado unas aún mejores: en la panadería San Camilo les llaman “playeras” y tienen la gracia de que son ligeramente más blandas de lo normal, lo que hace que no se desarmen y descascaren tan fácilmente, y esa textura es perfecta. Pero igual, por buenas que sean, no es lo mismo que comer una palmera en la playa para reponer energías después de haber capeado algunas olas.

Otra idea no playera para ocupar palmeras, es hacer la torta algarrobina, que es como una falsa torta de milhojas, sin toda esa dificultad; la primera vez la probé en el restorán A toda costa de Algarrobo Norte, y ahora encontré esta receta en mibistec.cl, que demora sólo 10 minutos.