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cocina

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olimpia
por @patyleiva

Olimpia es nuestra nueva pizzería de cabecera, y se ha convertido en un verdadero oasis en medio del tráfico y el jaleo de Providencia, estas son mis razones:

• Ubicación. Esto sí que está a pasos, pasitos del metro Pedro de Valdivia, en pleno Providencia. Si no vives o trabajas cerca, es muy posible que alguna vez tengas algo que hacer por ahí y ya tienes el dato para pasar a almorzar.
• Sabor: Las pizzas son realmente ricas, hay muchas combinaciones que pueden ser de tu gusto, entre mis favoritas están la Prosciutto (Prosciutto, rúcula y tomate), Salmón (salmón ahumado, alcaparras y emulsión de limón), Tomate deshidratado (queso de cabra, rúcula y tomates deshidratados). Todas miden 28 cms y tienen base de queso mozzarella y salsa de tomate casera.
• Decoración: Es fresco y a la vez acogedor. La decoración cuidadosamente ambientada en ladrillos y techo alto, hacen que en verano sea fresco, y cuando el tiempo se empiece a poner feo, me imagino perfecto resguardándome de la lluvia en ese cómodo ambiente.
• Variedad: Tienen comida adecuada para cada hora, porque puedes desayunar omelette, almorzar pizza o menú del día (puede tocarte ají de gallina, pollo teriyaki o lomo a la mostaza), o ir de noche y tomar algo acompañado de bruschettas Caprese o Mechada, por ejemplo.
• Ambiente: Los mozos son buena onda, el trato es cercano y relajado,lo que hace que te sientas cómodo.

Dirección: Av. Providencia 2033
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polloCoco
por @patyleiva

Encontré en la despensa una lata de leche de coco que había comprado para hacer piña colada, pero como nunca la ocupé, decidí buscar recetas para ocuparla en una preparación de comida salada. Me encontré con varias ideas de comida tailandesa y terminé preparando, de la manera más simple, un pollo agridulce que quedó de lo más sabroso:

Ingredientes
Pechuga de pollo trozada
1 lata de leche de coco
Cebolla
Jengibre al gusto
Cilantro

Se pone la cebolla al fuego con poco aceite en un sartén. Cuando se empieza a dorar, se agrega la leche de coco, el jengibre (puede ser en polvo o en pequeñas rodajas) y cilantro. Cuando esta mezcla comienza a hervir, se pone a cocer el pollo salpimentado cortado en trozos cuadrados o en tiras y se sirve con arroz.

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por Mariana y punto

El primer día del 2015 fue el día en que conocí el Aperol Spritz. Ese 1 de enero pasé la tarde parasitándole piscina a un amigo, y otra chiquilla llegó con los ingredientes para prepararlo: Aperol, champaña, agua mineral con gas, naranjas y mucho hielo.

Reconozco que al principio me pareció excesivamente producido para una tarde de relajo post trasnoche de Año Nuevo, pero terminó siendo lo más rico que pude tomar ese día, y junto con el tinto de verano es lo que más me dan ganas de tomar casi siempre en días de calor.

Que esté tan de moda es maravilloso porque el fanatismo es compartido con varias amigas, lo ofrecen en muchos bares (y más encima es barato en comparación a otros cocteles clásicos, siempre lo visto en más o menos 3 lucas), aunque encontrar Aperol no me ha resultado tan sencillo en botillerías (en supermercados más grande tipo Jumbo te vas a la segura).

Cuando lo preparo en casa prefiero hacerlo en vaso largo (las copas siempre me han parecido tan adultas) y con las siguientes medidas:
– 4 ó 5 cubos de hielo
– 1 chorro de Aperol (es cosa de gustos, mientras más le echas queda más amargo)
– Champaña hasta llegar a los 3/4 del vaso
– Agua mineral con gas hasta casi llenarlo (pero con ojo de dejar espacio para lo siguiente)
– 1 chorrito de jugo de naranja
– 1 rodaja de naranja

Refrescante y maravilloso para tardes calurosas como la de hoy en Santiago.

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por lucy

Un par de amigas que han ido a nutricionistas con resultados exitosos me empezaron a meter en la cabeza, por primera vez, que las frutas son algo que debe consumirse sólo en la mañana, para tener tiempo suficiente de digerirlas durante el resto del día.

Yo había leído y escuchado que había algunas como la uva que tenían mucho azúcar (lo cual afectaba sólo si quieres bajar de peso o si tienes tendencia a la diabetes), pero me sorprendí con que la noche debiera reservarse para las verduras, y la mañana y el almuerzo para las frutas.

Mi costumbre era hacerme jugos de frutas naturales en la juguera en las tardes, pero ahora estoy tratando de cambiar mis hábitos y reservar las frutas para la mañana, que así además varío del típico pan con palta o leche con cereales que solía comerme al desayuno.

No sé cómo lo voy a hacer en invierno donde las frutas son más fomes, pero ahora en febrero la verdad es que estoy disfrutando el despertarme con frutas e ir alternando sandía, durazno, melón, frutillas en el desayuno, y a media mañana picotear uvas, guindas y cerezas. Lo que me falta incorporar: pomelo en ayunas.

¿Ustedes tienen el hábito de desayunar fruta en verano o durante el año?

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por Mariana y punto

Nunca le había prestado gran atención a los porotos verdes hasta este año. No sabía ni cómo se cocinaban o preparaban, y con suerte tenía cierta noción de que quedaban buenos en una tortilla.

Ahora me hice fan. Coincidieron dos cosas: comprobé que efectivamente no hay tortilla que encuentre más rica que la de porotos verdes (o bueno, quizás la de papas, pero son tan diferentes que no compiten) y empecé a entender el chacarero, un sándwich del que realmente hasta hace poco no me cabía en la cabeza tanto fanatismo.

Como hace tiempo me intrigaba la fama de este sánguche, probé sin querer queriendo un chacarero vegetariano que estaba comiendo amiga en la fuente de soda Genaro’s, y encontré tan sabrosa esa mezcla de porotos verdes, tomate y ají verde que imaginé que con carne sólo podía resultar mejor, y me di cuenta de que realmente no necesitaba en absoluto mayonesa (un ingrediente que amo) para no ser seco. Justo unos días después leí una columna de Don Tinto donde decía que esta es la mejor época del chacarero, porque tanto los porotos verdes como el tomate frescos están en su mejor momento y sabor.

Y en realidad pensándolo bien hasta como ensalada quedan ricos, son un ingrediente del charquicán y más encima son muy fáciles y rápidos de hacer.

Foto: Diógenes ;) vía Flickr

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por Eleonora

Mino. Mino. Mino. Minazo. Mijito. Guachito rico. A este mino no se le puede decir “te haría un queque” porque probablemente él podría hacerte un queque mil veces más rico y pa qué quiere tu queque. Así que habría que decirle algo como “te limpiaría la cocina”, o “te haría el mise en place” (chiste para gente que cacha de cocina *wink*).

Creo que la mayoría de las mujeres que vimos Master Chef anoche nos pegamos un GLUP cuando apareció el chef invitado. Es que Rodolfo Guzmán (chef del famosísimo y excelentísimo restorán Boragó) se-pa-só de guapo. Y cuando pasaba por cada aspirante, dándoles consejos, mirándolos fijamente, hablándoles bajito… creo que todas quisimos ir a su restorán, pedir cualquier cosa y reclamar falsamente para pedir hablar con el chef. Aunque nos costara probablemente un ojo de la cara. Filo.

Alejandra nos representó a todas cuando lo llamó como mil veces a su mesa para que le diera consejos. Es que yo también habría aprovechado, po. “Se me paran los pelos cuando me acuerdo del chef” dijo en un momento. Amiga, te entendemos (pero igual, calma).

Mino. Mino que cocina rico. O sea, mino perfecto.

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por Mariana y punto

El choclo es EL ingrediente de los platos veraniegos de cocina chilena. Y entre las frutas y los platos con choclo, para mí no hay otra época en el año que sea mejor para comer preparaciones frescas.

Acá mi ránking personal de platos favoritos que incluyen choclo, con links a recetas para aventurarse y cocinar con este fabuloso ingrediente.

1. Porotos granados: Mi plato preferido del verano. Me gusta con mazamorra o con pilco (choclo en granos y zapallo en cubos), con un poco de merkén para hacerlo más picante y sabroso, o así nomás. Creo que lo he comido de formas bien distintas, pero no tengo recuerdo de que alguna de ellas no me haya gustado. Desgranar los porotos en familia debe ser de las actividades más simples, veraniegas y lindas.

2. Pastelera de choclo: Normalmente es un acompañamiento, pero a mí me gusta comerla sola, en un plato chico (porque es verdad que, tal como los chupes, por rica que sea después de un rato aburre). Personalmente me gusta que sea más bien dulce (me parece que realza su sabor), aunque conozco gente que la prefiere salada.

3. Choclo con mantequilla: Es una de las pocas cosas que me gustan desde que era chica, y que ahora de adulta encuentro que no he comido lo suficiente. Cuando era chica siempre era en trozos del choclo grande nomás (mi mamá me dice que el choclo americano, ese más chico y dulce, es relativamente nuevo como ingrediente de nuestra cocina), pero me gusta de todas formas. Puede ser asado en la parrilla o cocido.

4. Pastel de choclo: Es básicamente un pastelera con pino de carne y una presa de pollo; yo prefiero que el pollo sea desmenuzado desde antes, aunque en realidad la prefiero con puro pino de carne y sin pollo. Tradicionalmente se prepara y sirve en un plato hondo o fuente redonda personal de greda.

5. Humitas: Son mis menos favoritas de la lista porque me parece que inevitablemente son más secas (si fuera por mí, metería pastelera adentro de las hojas del choclo), pero de todas formas no puede pasar un verano sin comer al menos un par de veces humitas con ensalada de tomates. Antiguamente era de las que le echaba azúcar encima, pero ahora en cambio la prefiero tal cual está hecha.

Bonus: Ensalada de choclo, tomate y palmitos. Ésta la hago durante todo el año con choclos congelados, pero de todas maneras que es más bacán hacerla con choclo fresco y aprovechar el verano para eso.

Bienvenidas sean más recetas de preparaciones con choclo, ya sea de estos mismos platos o de otros que no hemos mencionado.

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lascabras
por carodu & Mariana y punto

Desde hace un par de semanas que salivábamos al ver las fotos en redes sociales de un nuevo local llamado “Las Cabras”; una fuente de soda pero nueva, que está al frente del Costanera Center, cuyo eslogan es “comida rica”, y su dueño el chef Juan Pablo Mellado.

Las fotos que habíamos visto mostraban unos sánguches que de puro verlos se notaban que estaban al nivel de la Fuente Alemana, y carnes jugosas que decían se cortaban con tenedor.

Hasta que al fin fuimos a probarlo, y quedamos tanto o más maravilladas de lo que esperábamos (y las expectativas eran altas); el local es precioso, realmente como fuente de soda pero renovada, donde se nota que cada detalle fue cuidadosamente elegido; los platos, las servilletas, todo. Y los meseros o eran extremadamente amables o extremadamente minos. Un gusto.

Para partir, los mini panes amasados calentitos y el pebre eran una pequeña maravilla. Para seguir, probamos las charchas de cerdo, que eran tan sabrosas y blandas como las imaginábamos; por su intensidad, podríamos decir que su sabor algo se parece al osobuco, pero es más suave en todo sentido. Venían acompañadas de papas fritas caseras en su punto, y pedimos un arroz algo aburrido, pero que con el jugo de las charchas se combinaba perfectamente.

Pero esta fiesta en nuestras papilas gustativas no terminó ahí. Nos dejamos llevar por la intuición y pedimos una fricandela casera en pan frica con ají, mayonesa hecha en el local y palta. Podemos resumir lo que sentimos al probarla diciendo que fue imposible no gemir. Impactantemente sabrosa, mojadita, y todos los ingredientes se conjugaban de manera perfecta. Todo muy rico. Rica palta, rica mayo, rico ají, plan crujiente, y la fricandela, Diosito, la fricandela.

Y como siempre queda un espacio para lo dulce, pedimos una porción de pie de limón para compartir, tenía una rica masa y un agradable sabor a limón, aunque creemos que la porción era un poco mezquina. De todas maneras, consideramos que lo salado se robó absolutamente la película en nuestro almuerzo.

No es barato, pero filo, para sentir esos sabores vale absolutamente la pena, y lo único que queremos es volver a comer lo que ya probamos y seguir degustando esa enjundiosa carta que incluye palta reina, tallarines con mechada o lengua, pollo arvejado, crudo de filete y salmón, entre otros platos que necesitamos comer pronto.

Las Cabras está en Luis Thayer Ojeda 0166 (justo abajo de la escalera mecánica para cruzar al Costanera Center); tienen mesas en la terraza, adentro y barra. Si quieren tentarse como nosotras, también pueden seguirlos en Instagram.

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por Claudio

Nunca he creído en esas comidas secretas en que se necesitan códigos o invitaciones especiales para acceder, pero la fama de Rolando Ortega -cocinero y dueño de Salvador cocina y café, el restorán más reconocido del año pasado- no me hizo dudar. Y acepté. Y transferí las 34 lucas, tomando un poco de aire al hacer click en la página del banco.

Al llegar a su casa la situación es otra: nada de códigos ni números secretos ni santos y señas, nada. Nos recibe el mismo Rolando y su perro, un pastor alemán buena onda y cariñoso. Casa blanca y sencilla, una patio acogedor. Una parrilla prendida, fuentes con carnes y verduras, y de aperitivo una copa de champaña o de sidra, nosotros elegimos. Quiénes somos nosotros: la Dani Paz, la Mariana y punto, la Riana Fer y Óscar, entusiasmados conversando mientras de a poco van llegando los otros comensales, la mayoría extranjeros.

Luego de un par de copas (y ya con un poco de hambre) pasamos al comedor. Diez puestos, tablas de queso casero y pan recién salido del horno sobre la mesa, para comenzar. ¡Qué fome!, dirán ustedes, con cara de lata. Para nada, el pan de masa madre, hecho por Rolando con hierbas y cocido en papel mantequilla. La tabla con tres tipos de quesos, brotes y semillas. Bonito. Rico. Y por cierto, con harto vino tinto.

El segundo plato fueron grandes tostadas con sierra ahumada en forma casera, con mayonesa de leche, alcaparras y lima cortada sobre el pan. Al costado, Rolando pone frascos de vidrio rellenos con verduras encurtidas (pepino, cebolla morada, cebollines) y un sartén de fierro con choritos al Bloody Mary. Más vino, blanco y tinto. Cada plato, antes de ser comido, es explicado: cómo se hizo, la procedencia de los alimentos y su cocción.

Tercer plato, chancho adobado y asado a la parrilla, pastel de zapallo butternut relleno de prietas (¡dios!), más verduras asadas. Luego, para quien quiera, médula en el mismo hueso, un poco apanado, con flores de romero (¡Sí, queremos llorar!). Más vino tinto. El postre fue un poco fome: una mousse de queso con peras hechas en vinagre de manzana. Está claro que lo dulce no es su fuerte.

Para terminar, dos bajativos hechos por el cocinero: licor de apio y un gin macerado con cáscaras de mandarinas, matico, hinojo y agua tónica. Me hubiese tomado un litro, si es que en algún momento de la noche –ya a las dos de la mañana- no nos hubiésemos dado cuenta de que no estábamos en nuestra casa y que debíamos irnos.

Mientras esperábamos nuestro taxi, Rolando, su encantadora señora y un par de amigos seguían conversando sin parar, hablando sobre nuevos proyectos. Él no sabía que solo en una semanas después sería elegido el chef revelación del año, por la revista Wikén. Nosotros, aún con el sabor floral del gin en nuestro paladar, estábamos seguros de que lo conseguiría.

Para próximas fechas de Casa Salvador, pueden estar atent@s a su página de Facebook.

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por lucy

El Toro es un clásico de calle Loreto, reconocido por su famoso pisco sour y su terraza inconfundible rodeada de ventanales, que te da esa ideal sensación de estar adentro y afuera a la vez.

Hace unas semanas nos invitaron a probar su nueva carta, que mantiene los platos que los comensales habituales echarían de menos, pero agrega más sabores a la oferta a la fusión peruano-chilena de sus preparaciones, tanto en tapas como en platos de fondo.

Con un exquisito Pinot Noir de William Cole y entre clásicos como el ceviche peruano, la causa (fresca) de camarones y las chocotejas de postre, éstas fueron nuestras novedades favoritas:

Tortilla de papas (con papas en cubos, muy mojadita y sabrosa)

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Pinzas de jaiba (como croquetas, pero rellenas de pura carne de jaiba)

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Lomo saltimbocca con prosciutto y reducción de vino tinto (sabrosísimo y con un puré perfecto)

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El Toro está en Loreto 33, casi esquina Bellavista.