Reportaje: Nerd

nerd
por Mariana y punto, Paty Leiva & Sur

¿Desde cuándo que ser y reconocerse nerd se convirtió en algo cool?

Aparición del nerd
El primer nerd del mundo fue Frankenstein. O eso según Benjamin Nugent, autor de “American Nerd: The Story of My People”, quien lo identifica a él y a Mary Bennett de Orgullo y Prejuicio como los primeros nerds del siglo XIX.
Más tarde, los primeros antihéroes de la cultura popular aparecieron en los cómics, como Peter Parker de El Hombre Araña y American Splendor.

Ya cuando era un término conocido pero impopular, en los 70 los nerds eran los inadaptados socialmente -como en American Splendor-, mientras en los años 80 se empezó a identificar a los nerds con los geeks, los raros computines.

El paper “Nerd Nation: Images of nerds in US popular culture” de Lori Kendall incluso enmarca La Venganza de los Nerds (1984) como una posibilidad de reivindicar minorías como los homosexuales y los negros, que no estaban pasando por su momento más popular debido al gobierno de Ronald Reagan; según sus autores, que además eran judíos, La Venganza de los Nerds era prácticamente una película anti-nazi.

El salir del clóset para los nerds (más conocido como “geek out”) vino con la democratización tecnológica y el hecho de que ya no había que ser tan geek para tener que cachar de computación; es más, ser geek era algo codiciado una vez que todos empezamos a usar artefactos a diario, desde un microondas hasta un videojuego. Ser bueno con el joystick era tan bacán como ser bueno pa la pelota.

Con las comunidades de internet y con hitos como Creep de Radiohead, los nerds se fueron dando cuenta de que no eran tan minoría y ya no les daba susto el concepto de geek out. Lo buscaban.

Para Nugent, el momento en que se consolidó lo cool que eran los nerds fue en The O.C., cuando el personaje rudo fue totalmente ignorado por la audiencia al lado del geek medio torpe que coleccionaba figuritas y lo molestaban en el colegio; ¿alguien se acuerda de cómo se llama Ryan en la vida real? Pero seguro que muchas recordamos perfectamente los nombres de Seth Cohen aka Adam Brody.

(Este artículo –y mucho más– está en la Edición Especial Aniversario Zancada #4)

El porqué del nerd
Preguntamos a Tatiana Guillon Moretti -psicoanalista, magíster en psicología clínica, docente postgrado en psicoanálisis Universidad Andrés Bello- que nos explicara algunas razones que pudieran explicar lo que han significado los nerds en la cultura pop.

-¿Qué definición de antihéroe podría proponer el psicoanálisis? 
El héroe es una figura mítica, a diferencia del antihéroe que es una noción que se ha ido forjando en el tiempo como su reverso, hasta llegar a constituirse en su opuesto. Tradicionalmente, la antítesis inmediata del héroe es el villano o el cobarde. El antihéroe se define fundamentalmente por la falta de aquello que se esperaría como características de lo heroico.
La figura del antihéroe, tal como la concebimos hoy, parece cristalizarse como correlato a la aparición de la figura del superhéroe, surgida en los años ’30 en la industria del cómics, superando al héroe clásico por poseer poderes sobrehumanos. El superhéroe inscribe su conflicto en las coordenadas del bien y del mal, el éxito y el fracaso. En este contexto la figura del antihéroe se comienza a asociar con la torpeza, aun con la simpatía, la falta de cualidades y las malas artes; demostrando finalmente ser un ‘perdedor’.  Por ejemplo la figura emblemática de Tarzán llevada por primera vez al cine en 1918 va a encontrar en ‘George de la Selva’ de 1997, un correlato absurdo y antiheroico que convierte a la tragedia en una comedia.

-¿Existe algún momento histórico que haya hecho cambiar el interés de los lectores del héroe al antihéroe?
Entre los siglos XVIII y comienzos del XX, la humanidad apostaba a llevar a cabo una historia colectiva que culminaría en la felicidad, la libertad y el progreso. En nuestra época ya no se sostienen estas grandes ideas, la creencia decae; desde el psicoanálisis asistimos a la llamada ‘caída del padre’, los ideales ya no organizan la vida del sujeto, el hombre ya no se entusiasma con un futuro colectivo prometedor; es la época de la errancia, del escepticismo y la incredulidad.

-¿Por qué es grato identificarse con los personajes de las obras que vemos en el cine?, ¿es por empatía?, ¿es envidia a los ganadores?, ¿por qué queremos que pierdan los que siempre ganan?
Nos identificamos porque las imágenes poseen la cualidad de devolvernos una ilusión de completud, de integridad, lo que resulta altamente gratificante. Así, tenemos la posibilidad cierta de identificarnos a lo que podríamos llegar a ser; esa promesa de integridad nos fascina, nos captura, nos seduce.
Ante el sistema que se impone regido por la lógica de la competencia y el consumo, “el perdedor” pareciera encarnar una respuesta alternativa, pero legítima. Bridget Jones no tiene un cuerpo perfecto, una carrera prometedora, ni el dinero, la fama y la diversión de Paris Hilton; sin embargo rescata para nosotros la promesa de un final feliz. En este sentido es una antiheroína contemporánea. 
El antihéroe se hace atractivo porque tiene el poder de acercar a la imagen, la verdad de nuestra fractura. Si ya no confiamos en esas figuras ideales, que dan la vida por una causa, estas imágenes pueden convertirse en soportes que justifican nuestro sin sentido, mediocridad o falta de valentía.

Consolidación del nerd
El piloto de Glee -la nueva serie musical sobre nerds gringa- lo vieron casi 10 millones de espectadores en Estados Unidos, lo que es una especie de récord y la convirtió en uno de los estrenos más esperados de septiembre de este año; otro de los éxitos televisivos más bullados del último tiempo es una serie sobre geeks que parecen de la vieja escuela, pero con los que muchos creen identificarse, ¿o no conocen a alguien que se crea Sheldon de The Big Bang Theory?

Otro ejemplo: Taylor Hicks en la quinta temporada de American Idol. Cuando llegó a las audiciones, Simon no quería dejarlo pasar a la etapa siguiente porque temía que se fueran a burlar de él porque era medio freak, declaración de la que luego se retractó públicamente; finalmente Hicks terminó ganando ese año (2006) el programa, que probablemente el concurso por votación del público más popular de Estados Unidos.

La revista Geek Monthly es otro signo de esta popularidad; nació en 2006 desde una revista de gamers, y en sus portadas han estado ilustres de atractivo no tradicional como Rainn Wilson, Greg Grunberg, Mary Lynn Rajskub, Tina Fey y, en su último número, Ricky Gervais.

Las mujeres tampoco quieren quedarse abajo de la moda perna; en un artículo de NewsWeek llamado “The Revenge of the Nerdettes” habla Karen Panetta, fundadora del movimiento Nerd Girls (www.nerdgirls.com), y da como ejemplos de estas llamadas “nerdettes” a Tina Fey -fanática confesa y coleccionista de Star Wars- y a Winnie Cooper, que desde Los Años Maravillosos se ha hecho famosa nuevamente, pero por los bestsellers sobre matemáticas que ha escrito (“Math doesn´t suck”) y con sus compañeras de Nerd Girls luchan por hacer que el término geek no sólo se refiera a hombres o a mujeres feas sino que, como Tina Fey de Wonder Woman en la portada de Vanity Fair, se puede ser mina -y bien mina- y orgullosa geek. Es más, según la Consumer Electronics Association ya en 2006 las mujeres gamers superaban a los hombres de 25 a 34 años.

¿Queda alguna duda de que los nerds ya son, en realidad, taquilleros?

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