El cuerpo perfecto es la consigna básica para el mundo del modelaje. Sobre esa premisa se construye la carrera de una modelo y se estructura un programa como “America’s next top model”.
Pero rompiendo con esa base la BBC lanzó un reality que hace básicamente lo mismo que el caballito de batalla de Tyra Banks pero con mujeres discapacitadas.
Cuando me contaron del programa no pude sino sorprenderme. Mi primer pensamiento fue lo morboso que pudiera resultar este nuevo experimento televisivo, como tantos otros que ya conocemos, pero de a poco, he ido matizando mi opinión.
Quienes no tenemos ninguna discapacidad probablemente nunca podamos ponernos en el lugar de quien sí la tiene. Podemos empatizar, pero no vivenciar realmente qué ocurre cuando una parte de tu cuerpo falta o no funciona.
Pienso en lo poco que conozco el medio de la televisión y me cuesta lanzar dardos o alabanzas. Pienso en los variados motivos que tendrán los espectadores para ver este programa.
Han criticado el programa por ser morboso, pero también porque no funciona como reality show. Ocurre que este tipo de programas necesitan del conflicto para desarrollarse y se ha dicho que en este caso esto queda marginado. La dureza de los jueces de America’s next top model, desaparece en las eliminaciones de Britain’s Missing Top Model ya que, al parecer, lo que prima ahí son los consejos y la comprensión. No he visto tanto del programa como para asegurar que eso es así realmente, pero me pregunto, ¿será eso necesariamente malo?
Podremos decir un montón de cosas al respecto, pero lo que me queda como última idea siempre es lo que debe ocurrir con ese grupo de mujeres que están concursando. La posibilidad de validar sus cuerpos debe ser una gloria para ellas. Verse bonitas, producidas, seductoras permite que su condición pase a segundo plano, sobrepasando las motivaciones de quienes idearon el proyecto.
Como dice una de las concursantes, la gente piensa que por naturaleza una discapacitada no puede ser modelo, entonces habrá que mostrar lo contrario.
Diane Lane siempre fue mina. No necesariamente linda, sino que derechamente mina. Súper sexy. Es mina ahora que tiene 43 y era mina cuando tenía 14. En Un pequeño Romance queda clarísimo que hay gente que es sexy porque sí no más y lo es desde siempre. Algo que podríamos decir de Natalie Portman, por ejemplo.
Diane Lane siempre se ve sexy y no necesita de lunares cerca de la boca, ni escotes, ni una mini. Es así y no hay nada que hacerle. Con su look adolescente perno de pelo largo peinado con pinche, su falda ancha y sus calcetines blancos hasta la rodilla se veía mina; y obviamente se veía increíble en Infidelidad, donde solita sostiene toda la película. Tanto así que en una decisión que me pareció acertadísima, pero bastante atípica, la nominaron al Oscar, por un rol que estaba lejísimos de los clásicos postulables, como las películas de época o los biopic. Pero el atrevimiento solo alcanzó para la postulación, porque finalmente el premio se lo llevó Nicole Kidman, justamente representando a Virginia Woolf.
Diane Lane tiene algo de John Malkovich. Es de esas actrices que uno conoce pero difícilmente ubica en alguna película, claro que cuando aparece es imposible dejar de notarla.
Cuando era más chica, con mis amigas siempre hacíamos fiestas de piyamas, yo esperaba ansiosa el fin de semana para pasar con mis amigas una noche entera despierta, hablando de los niños que nos gustaban, inventándonos máscaras para la cara, poniéndonos mucha ropa, pintándonos la cara y comiendo mucho.
Recuerdo esas fiestas con mucho cariño, y me pregunto, por qué ahora no hago eso con mis amigas, realmente la preparación para ese día era especial, y la emoción era aún mayor que las fiestas regulares, porque pasar la noche entera era como hacer algo prohibido y además lo pasábamos increíble.
Voy a tratar de llevar esta costumbre de niñas y hacerlo ahora, porque la pasaríamos muy bien, es que creo que todas llevamos algo infantil en nosotras, y no hay nada más entretenido que estar mucho tiempo con tus amigas, haciendo tonteras y riendo mucho. Así que pienso que volver a las fiestas de piyamas es la mejor manera de rescatar cosas buenas de tiempos pasados.
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Hacerle clases a adultos, trabajadores la mayoría de ellos, es parte de la rutina semanal que agradezco tener. La invitación para ser parte de un equipo de universitarios y profesionales que trabajan en Infocap me llegó de una antigua compañera de colegio que pensó en mí para hacerle clases de Lenguaje a un curso que estaba listo y, sobretodo, dispuesto para terminar el colegio luego de haberse retirado hace muchos años de la senda escolar.
Mi trabajo consiste justamente en ser profesora de Lenguaje por lo que el desafío de hacerle clases a adultos significaba algo especial. Trabajo como profesora pero con adolescentes, ellos son mi público conocido, por lo que pensar en un grupo de adultos como receptor me causó cierto nerviosismo en un comienzo.
Esta sensación desapareció luego de la primera clase que hice. Mi costumbre es que quienes están en el colegio no piensan mucho en ello, es lo que les toca, mientras que estos nuevos alumnos estaban ahí sólo por voluntad. Estudiar luego de sus horas de trabajo, en un sentido de probabilidad, era lo último que les correspondía hacer o el más insólito lugar donde debían estar, pero ahí estamos ellos y yo: aprovechando el tiempo y disfrutando del ejercicio de aprender.
Siempre he querido ser rubia, me encantan esas cabelleras tipo Deborah Harry, Marilyn Monroe o Kate Moss, en que el pelo es un accesorio importantísimo y se transforma en un sello personal.
Muchos leerán el título y se preguntarán porque no lo hago si es llegar y teñirme. Bueno, resulta que tengo la mala suerte de que además de ser muy pálida, poseo una cejas gruesas bien oscuras y una cara que de verdad no invita a arriesgarse con un look tipo Gwen Stefani. Qué rabia me da! pero mientras más lo pienso, más me convenzo de que debería ser más osada, teñirme, dejar de preguntarle a los demás como me quedaría y lanzarme a mi estrellado de chica blonda, porque eso de pedir la opinión a veces es un error. Cada vez que he anunciado esta nueva idea de hacerme rubia me responden con un rotundo no (eso incluye al peluquero). Pero ¿qué tan terrible puede pasar? A lo más lo quemo un poco, lo tiño oscuro de vuelta y lo corto para que no se me seque. ¿Será tan fácil o me estaré metiendo en un camino sin retorno? No lo sé, pero que un día voy a aparecer rubia eso es un hecho.
Hoy tuve que empezar mi día con una reunión de trabajo en un Museo. Lo que por un momento me pareció algo latero (empezar el día ya con una reunión!!), en realidad me lo cambió.
Caminando por el museo pude ver algunas de las obras de arte que más me gustan, y pensé: qué privilegio empezar mi día viendo algo tan bello.
Y me puse a pensar cómo normalmente empezamos nuestros días: con algo rutinario, burocrático? Con el mismo bostezo de siempre, el mismo mal humor, o la misma leche caliente, saliendo apurada para no perder la hora de la micro?
Romper mi rutina matinal con esa visita al museo me hizo ver cómo lo que hacemos por la mañana puede influenciar, y mucho, el resto de nuestro día. Tuve muchas otras reuniones seguidas, apenas tuve tiempo de ir al baño, pero me sentía distinta.
Y entre tantas cosas que me estoy proponiendo a hacer para cambiar mi vida para mejor, esa es una más: en la mañana, hacer algo que me de mucho placer. Leer un poema, escuchar una canción especial, meditar, pensar en mi familia por 5 minutos, hacer Pilates, o tantas otras cosas que a nosotros nos encantan pero que con la rutina prácticamente se nos olvida.
Cuando tenía como 17 años le comenté pernamente a una de mis mejores amigas del colegio que, cuando fuera grande, quería tener una colección de muchas películas y que iba a grabarlo todo. Mi amiga, ni siquiera de tan visionaria y sabia, sino más bien por la obviedad del asunto, me dijo “y por qué no lo haces ahora?”. Pues bien, como justo mi tata me había regalado un video viejo (el primero de mi vida porque en mi casa jamás me habían pescado con uno) y cuando tuve 18 nos pusieron por fin cable, empecé a grabarlo todo como poseída, y así hace ya hartos años (antes de que fuera tan fácil conseguirlas en dvd) que tengo una colección de prácticamente todas mis películas favoritas, algunos capítulos de mis series preferidas y ya estoy tan acostumbrada a grabar que casi siempre tengo un VHS listo por si las moscas.
Tal vez ahora podría tener devedés y modernizarme, pero esa colección ya casi antigua y los años en que veía desde Los Amantes del Círculo Polar hasta La Condesa Farsante cuando me dieran ganas y sin pasar por el Blockbuster (que nunca las tuvo, por lo demás) fueron lo mejor.
Siempre me pasa que cuando veo alguna película que me gusta mucho, me pongo a pensar en lo cool que sería que uno, aunque sea una vez en la vida, actuara en una película, en la que uno quisiera. Por ejemplo, a mi desde chica que las películas de Almodóvar me llaman demasiado la atención, me encantan sus historias, el arte y sobretodo sus personajes, a tal punto, que cuando veo alguna me paso el rollo de qué personaje me hubiese gustado interpretar a mi en la película. Por ejemplo, en Todo sobre mi madre, me hubiese gustado que ser la Agrado, yo sé que es la menos agraciada de todas las actrices que ahí aparecen, pero encuentro que todo lo que dice y cómo lo dice, la hacen un personaje demasiado genial.
Otro tipo de películas que me inspiran lo mismo son las de la Sofía Coppola, porque tienen esos personajes que siempre me parecen un poco lejanos pero que a la vez tienen una sensibilidad especial, eso sin contar las bandas sonoras que siempre son increíbles y le dan una atmósfera mucho más cercana a todas las escenas pic.
Me imagino lo que se debe sentir de verse a uno mismo siendo parte de ese tipo de cosas. Sólo algunos tienen la suerte de poder hacerlo, pero que pasaría si uno estuviese más cerca, se ofreciera y le dieran las gran oportunidad de la vida. Sería ese tipo de cosas que a uno lo dejarían, simplemente, en las nubes.
Siempre es bueno acordarse de Roberto Bolaño, de su figura, de su obra. Pero ahora, luego de 5 años de su muerte parece más importante.
Durante su vida en México fue, junto al poeta Mario Santiago Papasquiaro, quien fundó el movimiento poético infrarrealista que buscaba romper con la literatura oficial, encarnada en Octavio Paz, y configurarse como vanguardia artística que trabajaba desde el margen. El proceso de formación, desarrollo y fin del movimiento está plasmado en su obra más conocida, Los detectives salvajes que le significó premios importantes que lo llevaron a ser reconocido mundialmente.
Bolaño murió el 15 de julio del año 2003 en Barcelona debido a una insuficiencia hepática que lo mantuvo en el hospital los últimos días de su vida.
Su relación con la literatura chilena está cargada de polémicas: sus peleas con Isabel Allende, Antonio Skármeta, Diamela Eltit, lo llevaron a un sitial extraño dentro del campo nacional, pero que siempre tiene como primera lanza su obra monumental.
Los proyectos que giran en torno a su obra han sido, y serán, numerosos. El de mayor renombre es una película que hará Carlos Sama de “Los detectives salvajes” y que podría incluir a Gael García Bernal interpretando al escritor.