Fell in love with a girl es el último regalo del día. También de Gondry, tambi´én genial. Nada como 2 minutos de guitarra y batería a la vena aportados por The White Stripes. Buenas noches…
Por supuesto no podía faltar el mejor video del mundo: Let forever be de Chemical Brothers, dirigido por Michel Gondry. Una oda a la creatividad, a la composición y a la percepción. Es tan divertido! Hoy si que me aprendo las coreografías!
Este regalo incluye: Damon con delineador, una de las canciones más bellas de uno de mis grupos preferidos del mundo, un escenario casi clínico con gente extraña en un ambiente naranjamecaniquesco. Perfecto.
Siguiendo con el ataque egocéntrico que los 35 años me permiten, vuelvo a regalarme otro video favorito. last cup of sorrow, del Album of the year de Faith no more es un video excepcional por varias razones:
• La más importante es su guión y estética “Vertiginosa” (basada en la película Vértigo de Hitchcock, una de mis películas favoritas).
• La coprotagonista es la excelente actriz Jenniffer Jason Leigh (Mujero soltera busca, Fiesta de aniversario).
• Mike, por supuesto.
Hoy cumplo 35, si, 35. Y pienso celebrar desde temprano. Voy a subir mis videos preferidos durante todo el día, así como de auto regalo. Blue Jean fue la primera canción de Bowie que me hipnotizó. Aluciné con la música y con el maquillaje, lo que marca la diferencia entre el bowie perno del público y la super estrella por donde lo miren del escenario.
Feliz cumpleaños para mi y para mi compañerita la Mané que nació el mismo día. Feliz no cumpleaños para todos.
por Paty Leiva
Comienza Octubre, el mes de las brujas, mi mes preferido por varias razones: el clima se pone rico, la primavera se declara y el cambio de horario nos da días más largos y noches con sol. Además, soy una Libra cayéndose para Escorpión, así que este el mes de mi cumpleaños, el cual aún no se si celebraré discreta o groseramente, veamos como evolucionan los días y mi ánimo decidirá. Feliz octubre para todos.
Crecer, madurar, atinar o como se le llame, deben ser acciones que forman parte de los procesos personales más satisfactorios que conozco. Darse cuenta que uno cambia, que se contradice incluso a veces y que eso no es nada más que aprendizaje nos hace tomarle cariño a los recovecos que nos regala la vida.
Yo tengo claritas algunas cosas que he aprendido. Puedo decir que hay cosas que antes no me gustaban, es más, que las abucheaba públicamente, y que hoy me alucinan y me hacen, al menos, sonreír.
El mar es la primerísima de ellas. Desde que leí Océanomar y que conocí Tunquén, la playa se ha vuelto para mí un impredecible. Antes lo asociaba a Viña, a mucha gente buscando estacionamiento y a la arena que se colaba por los lugares más incómodos e insólitos. Hoy, el movimiento, el ruido, el viento siempre frío son un pulmón de energía alucinante.
Los Beatles son mi segundo gran aprendizaje. No conozco su historia, no tengo un integrante favorito, no me importa qué rollo armó la Yoko Ono, lo que si sé es que tienen canciones hermosísimas (“Across the universe” y “Here, here and everywhere” por ejemplo) que van más allá de las que siempre me cargaron, como “Love me do” o “Help”.
Quedarse en cama hasta que la flojera se ha ido por completo es un placer que he aprendido a experimentar. Aunque se despierte temprano, un sábado o un domingo se puede tomar desayuno en la cama para volver a dormirse. Para despertarse por segunda vez y agarrar el diario o un libro. Y como tercera parte de esa mañana que es larga por opción siempre están los Sudokus o Juegos de Lógica que probablemente saldrán mal. Hasta un tiempo atrás, abrir los ojos era signo de levantarse. De sacar el pijama y ducharse acortando un espacio que no sabía podía extenderse por puro gusto.
Lo último es disfrutar del calor. Como adolescente estereotípica que fui siempre dije que me gustaba el invierno y que el verano era básicamente una época apestosa. Comencé por tolerar el sol. Ahora lo añoro cuando no viene seguido, lo busco en estos días de septiembre en que nuestro clima no se decide y lo encaro (siempre con mucho y buen factor solar) cuando hay una piscina que lo aquiete.
El viernes pasado, el corazón de mi adorada cocker dejó de latir. Los que han tenido mascota saben lo que se siente… un dolor en el alma, un hoyo en el pecho. Lo único que me tranquiliza es que no la vi sufrir, siempre linda y digna, hasta el final. Murió en mis brazos, y sin ni siquiera quejarse. Nunca en su vida mordió a nadie, aprendió trucos hasta el final, me acompañó mientras esperaba a Pedrito y esta última semana convivieron gateando los dos juntos. Gracias por todo Consuelito, siempre te querré.