Pensé que nada me exasperaba más que recibir una llamada donde una grabación me dice “aló?, hola, usted ya me conoce! soy Lolo Peña / Leo Caprille / Raquel Argandoña…” puaj!, pero también están las llamadas de carriers que te preguntar por “el dueño de casa” y te ofrecen planes “preferenciales” de descuento en llamadas nacionales.
Sin embargo, las peores, son aquellas incoherentes, que preguntan por tu nombre y te hablan de cosas que no entiendes, dejándote más que metida porque no saben explicarte de dónde sacaron tu teléfono ni para qué te están llamando. Hace un par de semanas me llamaron de Hites para decirme que me tenían lista mi tarjeta!!! la que por supuesto yo jamás había solicitado. Los tipos tenían mi teléfono y hasta mandaron a comprobar mi domicilio! La tipa a la que ladré cuando me llamó toda feliz para contarme la “buena noticia” de que solo tenía que pasar a firmar para ser cliente de su horrible multitienda (en la que en mi vida he puesto un pie), sólo pudo responder a mi furioso interrogatorio que las casas comerciales se pasan información. (Recordarán el famoso caso de los millones de datos personales que un descocnocido dejó como comentario en fayerwayer).
Es por eso que ando en la búsqueda de una grabadora / contestadora, para hacer como en las películas, escuchar quien llama, y sólo responder a las que tengan sentido. No es que con eso pueda evitar el asqueroso manejo de información, pero al menos tendría un pequeño filtro antes de pasar malos ratos. Podría pensarse en lo apáticos que nos hemos vuelto pero, encuentro mucho mas terrible la intromisión de extraños a nuestras casas, abusando de la venta de bases de datos. Saben tanto de nosotros en tantos lados! que al menos quisiera no darles aún más información. Alguien sabe si las venden en cualquier tienda de electrónica?
Hay ciertas conquistas que más que conquistas son desafíos. Estoy segura que varias han pasado por alguna situación en que se lo propusieron como una misión solo para sentir el gusto de haber ganado una difícil tarea.
Y en ese tema hay distintas modalidades. La que quiere conquistar el tipo que nunca la ha pescado en toda su vida; la que quiere conquistar un hombre de otra; hasta aquellos casos más extremos, como la que quiere conquistar –aunque sea por una noche–, a gay o a un religioso.
Me acuerdo de una vez que me fijé la meta de conquistar a un compañero de clase.No me interesó hasta que me percaté de que él estaba coqueteando con una amiga mía. Confieso que fue una decisión de puro orgullo femenino; la sensación de que yo tendría que revertir la situación y ganar. Entonces empecé el juego. Miradas, sonrisas, un acercamiento constante hasta que ¡voilá!, lo conquisté. Resulta que el tipo era un perno, después de la primera salida se mostró, aparte de tonto, prepotente. Me desencanté de inmediato. Pensé por un momento que eso había sido un “castigo” por haber sido tan competitiva; pero prefiero pensar que fue un favor que le hice a mi amiga.
Después de un largo período de puro cielo azul, me alegro en despertar y ver, por el espacio entre las cortinas, que el día está gris. Quizás sea una necesidad de complacer a mi lado más tranquilo, esa necesidad de sentir un viento más húmedo y frío, alguna que otra gota, o incluso una rica lluvia. Algunas canciones tienen mucho más sentido si se las escucha en un día como estos.
No tengo problemas con los días “feos”. Creo que todo tipo de día tiene su belleza, basta saber disfrutarla. Me gusta como la ciudad queda en un día nublado, con un clima más nostálgico quizás.
Tengo un amigo que llega al extremo: cuando hace sol, se encierra en casa y hace el aseo, ordena todo. Y cuando el día amanece nublado, sale a caminar y a disfrutar la ciudad. Creo que cada período tiene sus pros y sus contras y, mejor que sólo quejarse, es encontrar cosas ricas que combinen perfectamente con el clima.
Y después del largo período que se nos viene con días nublados, nada mejor que volver a entusiasmarse con un rico sol por entre las nubes. Pero ahí ya será otro post.
Los videos de Massive Attack están tan bien dirigidos que siempre me dejan intrigada, se crean atmósferas oscuras como en éste de Angel (del disco Mezzanine, uno de los discos más perfectos y redonditos que he escuchado en mi vida), donde me recuerdan uno de mis miedos primarios, y es que hay cierto tipo de lugares que hacen aflorar a la paranoica que vive en mi, como es el miedo a los estacionamientos. No es que ande atacada cada vez que me estacono, pero hay veces que me paso rollos. Los autos crean una especie de laberinto, es fácil esconderse, y –lo que me ha pasado últimamente– perderse. No se sabe de donde provienen los ruidos porque hay ecos y muchas veces no hay ningún guardia (o uno a lo lejos).
También me dan susto los baños de los cines. Todo está en silencio, si vas a la mitad de la película lo más probable es que no haya nadie más ahí a dentro, y si te pasa algo –como en cierta película de terror que vi cuando chica que parece que me creó el trauma–, por mucho que grites nadie va a escucharte.
Muchas veces me ha pasado que alguien me cae medio mal y más encima su olor me carga, lo cual agrava la falta y hace prácticamente imposible que me caiga mejor. La primera vez que me pasó fue con una compañera de colegio que, para colmo, se llamaba igual que yo excepto por una h que ella siempre se encargaba de recalcar aunque para el resto no hacía ninguna diferencia más que al escribirlo y al oirselo decir a cada rato, “ esa h es porque yo nací en Francia…” Ok, la perla había nacido en Francia, la famosa h estaba metida entre una m y una vocal, tan muda como ella siempre debió haber sido, pero además usaba tanto polvo traslúcido en su cara que siempre tenía un olor como a canasto de ofertas de ropa usada que hacía insoportable acercársele, su olor había matado cualquier intención de hacerme amiga suya.
Pero el caso de mal olor más clásico de todos es, obviamente, el del olor a cigarro. Tuve una compañera de trabajo que fumaba compulsivamente, cada cinco minutos salía a fumar, entonces cuando llegaba el momento en que te preguntaba cualquier cosa, su aroma te desconcentraba, era un verdadero cenicero viviente y si a eso le sumamos que el personaje en cuestión no era muy amiga de las sonrisas, todo mal.
Otro clásico es el mal aliento, pero acá debo decir que la única persona de la cual llegué a compadecer encarecidamente a su dentista y a su polola, era el de una gran amigo y no me quedó más remedio que aguantar la respiración discretamente de vez en cuando, o sea, que esto de los aromas se puede perdonar, lo que pasa es que si se trata de alguien antipático, esto empeora aún más su condición.
Me encantan los hombres con bufanda, ojalá amarrada a la europea (doblada a la mitad y atravesándose a si misma en el doblez dejando un nudo ajustado al cuello). Encuentro que la temporada invernal le sienta muy bien al sexo opuesto, tenemos la oportunidad de verlos con montgomery, chaquetones y abrigos, porque por mucho que yo adore el verano, es harto mas motivador mirarlos con estas abrigadas tenidas que con chalas y horrorosos shorts o bermudas (existen todavía?). Las chaquetas atercipeladas o de cotelé si que son lo más. Minos minos, como Alfie, Belmondo y un buenmozo de cuello peludo que caminaba en pleno SoHo. Algo bueno tenía que tener el maldito frío.
El peor tipo de mina que se me ocurre, junto con las moscas muertas, son las pernas malvadas y resentidas, que en realidad son una variación de la mosca muerta, sólo que en una persona poco atractiva. Pude encontrar una definición a este peligroso tipo con el personaje que Reese Witherspoon hace en Election: mala, egoísta, perna, que se supone que sigue las reglas tan textuales y al pie de la letra que cree que es justo hasta cuando hace trampa, muy competitiva y que no soporta perder, pero cuesta que las cachen porque como son pernas y las pobrecitas no tienen amigos, todos juran que son buenas. Son como viejas acusetes, sólo que tienen menos de 30, o hasta de 20.
Otros especímenes televisivos de esta especie, a ver si van cachando la idea y tienen cuidado cuando conozcan a alguien con esa perna expresión en sus caras: Tiffani de la primera temporada de Top Chef (tóxica, y llegó hasta el final!) y Melrose de ANTM (también llegó a la final porque todos la encontraban tan esforzada, por suerte al final se dieron cuenta, porque yo no podía soportarlo). Puaj!
Las situaciónes que envuelven la decisión de hacerse un test de embarazo suelen ser totalmente contrarias.
Cuando me lo hice a los 18 sufrí, fue la espera más larga de mi vida. Lo hice en la casa de una amiga, nos metimos las dos al baño y nos sentamos a esperar, cuando de pronto la abuela de mi amiga empieza a apurarnos porque quería entrar. La hicimos esperar hasta que el test me dijo NO. Después (aliviadas), mi amiga me fue a dejar a la casa, pero había que deshacerse de la evidencia. Obviamente no encontrábamos ningún basurero (Murphy), y con tan mala suerte que cuando me bajé a botarlo a un negocio la dueña me hizo recoger mi bolsita gritándome que ese no era basurero público. Ya ni me acuerdo como lo camuflamos.
El siguiente test que me hice fue positivo y todos felices porque nació mi bello hijo. Todo fue celebración. Claro que no me bastó con esa prueba y tuve que ir a hacerme examen de sangre para confirmar.
La tercera vez fue por un atraso que en lugar de resultar ser una ansiada segunda guagua, fue un resultado negativo que solo me advirtió que no estaba ovulando, debido al exceso de actividad y poco descanso. Al menos sirvió para que fuera al doctor y me regularizara de nuevo.
Negativo o positivo la noticia puede ser recibida de distinta manera. Cada cajita de test tiene una historia distinta, pero todos conllevan una buena dosis de vértigo.
La otra vez hablaba con unas amigas de que, en general, hay algunas personas que parecen ser muy zen y no lo son tanto. Por ejemplo, ellas me contaban de una amiga nueva que tenían que al principio era nada más relajada. Su ropa, su comida vegetariana y sus clases de yoga, hacían pensar que la mina era de lo más tranquila que hay, pero finalmente, y escudándose en su hipersensibilidad ante la vida, ella no hacía más que quejarse todo el día y dejar al resto cansados de oírla.
Tengo también una pereja de amigos súper lana que cuando uno va a su casa, además del olor a incienso, marihuana y una cándida decoración siempre tienen algún problema, siempre hay algún tipo de tensión y en verdad me temo que un día terminen tirándose algún frasco de semillas de algo o aceite de no sé qué.
La mamá de una amiga, quien asegura posee un don especial, se compra miles de libros de auto ayuda, tarot, runas, tiene quarzos por toda la casa, fotos de maestros hindúes, todo lo que se puedan imaginar está ahí, pero junto con todos eso está el mal genio constante y el infaltable bronceado de solarium. No es que no tenga derecho a ser malas pulgas ni a añorar el tono fascinante (yo también lo añoro por cierto) pero uno cuando escucha ciertos discursos como que espera un pelín de consecuencia o no?
Ya estamos cansados de escuchar que el mundo está globalizado, que la Internet acorta distancias, que eso, que aquello, pero la verdad es que no me dejo de sorprender con esas señales del mundo moderno.
Quizás porque ahora me ha tocado vivir una experiencia familiar tan fuerte como conocer a mis más nuevos sobrinos por Internet. Hace 1 mes nació la hija de mi prima, que vive en Buenos Aires. Y hace 1 semana nació el hijo de mi otra prima, que vive en Sao Paulo. Ambas guaguas las conocí a través del skype. Antes, llevábamos regalitos a la maternidad, ahora enviamos regalitos virtuales, y esperamos el momento en que todas estén en la misma ciudad para hacer los encuentros personales.
Yo y mi hermana crecimos junto con mis primas. Pienso que la generación de nuestros hijos igual va a crecer junta, pero de otra manera. Más virtual, por supuesto, pero no menos intensa. ¿Será lo mismo crecer junto a sus primos pero con la “tía Internet” al medio? Encontrándose personalmente de cuando en vez, pero con una comunicación constante? Definitivamente, tiene que ser posible.