OPINIÓN

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por daria

Partamos por limpiar la mala fama que tiene la palabra “ambición”. No la miremos con el prisma malvado que se ha ganado, sino con el bueno. Personalmente creo que es bueno ser ambicioso en la vida, en el sentido de querer ser más, querer ser mejor; proponértelo y lograrlo.

No tienen para qué ser siempre enormes proyectos, puede ir desde querer estudiar algo, trabajar la tolerancia, hacer más deporte o tomar más agua; el punto es superarse y creo que tener amistades cercanas que tengan propósitos de vida es importante porque es tremendamente contagioso.

Suelo detenerme a observar el comportamiento de las personas y si hay algo que he visto se repite bastante es que solemos compararnos con nuestros pares. Esto, nuevamente, puede ser muy malo, pero también puede ser muy bueno.

Llega un punto en la vida en que se hace más urgente el plantearnos desafíos, tratar de alcanzarlos y si no se puede, algo se sacará en limpio porque al menos lo intentaste. Estos retos, alcanzados o no, son lo que nos hace crecer y contar con amigos que los tengan, los socialicen y compartan contigo- sean éxitos, fracasos o baches en el camino- enriquecen no sólo la relación sino a ti mismo, te suben a su carro de autosuperación y tú los subes al tuyo.

Creo que tanto lo bueno como lo malo se pega y tener cercanos que esperan poco de la vida lleva a las personas a marchitarse. No soy quién para decir cuál manera de vivir es buena y cuál no (o si siquiera hay maneras “buenas” y “malas” de vivir), pero me he dado cuenta de que los amigos que más admiro son aquellos que tienen metas y me motivan a querer lograr las mías también, a plantearme nuevas aunque no sea seguro que las alcance y a ser al menos una mejor persona que el año pasado.

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por daria

El año que acaba de pasar y el primer mes de este 2015 ha estado movida la escena en el Congreso; es un hecho que los proyectos se están aprobando y vaya que lo han hecho rápido. Lo bueno es que son proyectos necesarios, que muchos anhelaban y que nos permitirán avanzar como sociedad.

En política se trata sobre todo de saber esperar el momento correcto, saber reconocer los tiempos y ahí dar el golpe. El Acuerdo de Unión Civil, antes conocido como PUC y antes de eso como AVP, es a lo que como país podemos aspirar por ahora y eso no tiene nada de malo porque sin importar por dónde se le mire, representa una enorme evolución. Por supuesto que somos muchos los que queremos algo llamado, lisa y llanamente, matrimonio igualitario, pero este, el AUC, es un avance, enorme y esperado, para nuestro país que hasta hace menos menos años de los que nos gustaría reconocer (sólo 10), aún no tenía algo tan básico como una ley de divorcio. Con la unión civil se regularán situaciones de parejas heterosexuales, pero más importante aún, le otorgará derechos que el Estado estaba negando a los homosexuales, miembros de la sociedad como cualquier otra persona y por eso, sujetos de derecho.

La Reforma Educacional es otra arista de la búsqueda por más igualdad. Sí, sabemos que no se puede acabar de cuajo con la desigualdad, esta siempre existirá, pero el punto es igualar condiciones, sobre todo al inicio de nuestras vidas. Se trata de garantizar que cada niño o niña, sin importar su capital económico o cultural, podrá torcer la mano a su destino si así lo quiere. Por esto la aprobación del proyecto de inclusión en el Congreso es el primer paso para comenzar a abandonar esa mentalidad de “sacar las frutas podridas del cajón”, tan nociva y contraproducente con un sistema educativo que debiera ser siempre inclusivo e integrador.

Y créanlo o no, el terrorífico Sistema Binominal tenía mucho de desigualdad también pues permitía que los votos de unos valieran más que otros. ¿Cómo puede ser esto, si hace más de 25 años que volvimos a ser un país democrático? Sin querer sonar oficialista, es un hecho que el binominal permitía, por ejemplo, que un candidato que no había obtenido la primera mayoría saliera elegido, haciendo que los votos de algunos ciudadanos valieran más que los de otros o que la verdadera contienda electoral se daba entre compañeros de pacto y no con el candidato de la vereda opuesta. Insólito, por decir lo menos.

Lo curioso es que dos de estas reformas, educacional y al binominal, deberán pasar por el Tribunal Constitucional antes de ser promulgadas, institución que más parece una tercera cámara legislativa y que debiera ser reformada o eliminada si queremos seguir por esta senda de avances por la que recién comenzamos a caminar. Sin embargo es imposible negar que el recorrido se ve, hasta ahora, felizmente auspicioso.

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Por Lala

No soy un grinch, para nada. La navidad me gusta, pero cada año me pongo más piola para celebrarla. No armo arbolito, porque con dos perros es más un cacho que otra cosa. Conozco gente que le pone una mini reja a su árbol para que no sea vandalizado por sus mascotas, pero ya de sólo pensar en eso me da mucha lata. Aún estamos viendo con mi novio dónde lo pasaremos, ya que ambas familias han estado haciendo preguntas al respecto.

Sin embargo, lo que nos convoca en esta oportunidad son los regalos. Aquí algunas consideraciones que he ido tomando con el tiempo:

Preferir una pyme. El año pasado tomé la decisión de comprar mis regalos sólo en pymes o pequeño comercio y quedaron todos felices. Fui a cuanto bazar navideño encontré y di con puros buenos regalos.

Proponerse una cuota. Como en mi familia no hay niños chicos, la navidad es para todos por igual. Este año las vacas no están tan gordas, así que decidí hacerles regalos a todos, pero algo pequeño y significativo. Incluso, algunas cosas hechas por mí.

¿Amigo secreto familiar? Somos tan pocos que no vale mucho la pena. Para familiones de seguro es lo más conveniente.

No regalar jamás una mascota. Y cuando digo jamás es JAMÁS. El 40% de las mascotas regaladas esta navidad estará en la calle en abril. Considérenlo si su hermano chico, hijo, nieto, está pidiendo un cachorrito de regalo. Una mascota es una responsabilidad por, al menos, 10 años. Y si el destinatario no ha pedido una mascota, con mayor razón es un pésimo regalo.

La navidad puede no ser un mal momento para regalar cosas para la casa. Un año mi viejo me regaló un cobertor precioso para la cama y sábanas, lo que agradecí.

¿Cómo lo hacen en sus casos? ¿Qué prefieren con respecto a los regalos en navidad?

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por Eleonora

Parto este post diciendo que estoy casada y que me casé porque quería casarme, así de simple (y porque, afortunadamente, mi novio también quería casarme conmigo, fiu). Y que encuentro que la más perfecta razón para casarse (y para tener hijos, y para irse a vivir a otro país, y para hacer cualquier cosa importante en la vida) es justamente esa: querer hacerlo, simplemente.

Dejando esa introducción de lado, reconozco que hay un montón de razones distintas para dar el gran paso hacia el matrimonio. Y reconozco también que hay un montón de razones para no hacerlo. De hecho creo que cada día la gente se casa menos, ¿o no? Y es por eso que en un mundo en el que cada vez es más innecesario casarse, me pareció interesante pensar en las razones para hacerlo.

Están las razones prácticas: compartir cuentas bancarias, ser carga en la Isapre, poder responder en caso de accidente o enfermedad o algo así, que no te obliguen a testificar contra el otro, que tu novio/a es extranjero y necesitas tener nacionalidad para irte con él/ella, y todas las situaciones formales en las que es mejor estar casados en la legal. ¿Podrían llamarse las razones fomes? Sí, podrían.

Y luego las razones conservadoras: que los papás no te dejan ir a vivir con el lolo sin casarte, que estás esperando casarte para perder la virginidad y estás que cortas las huinchas, que ya han pasado mucho tiempo pololeando y es “lo correcto”, que simplemente quieres vestirte con un vestido bacán y tener una fiesta bacán, que no quieres tener hijos hasta estar casada, y así un montón de razones como hay parejas.

No sé, quizás es una opinión muy personal, pero volviendo a lo del principio creo que la única razón válida para casarse es porque tú y tu pareja quieren prometer intentar estar juntos para siempre, frente a la gente que quieren. Digo intentar porque no soy ingenua y sé que estar casada, la monogamia y llevarse bien con una persona es muy difícil. Pero en mi caso quisimos intentarlo, y celebrar esa voluntad. Aparte me encantan los símbolos y por eso mismo me encanta andar con el anillo, referirme a mi marido como marido y ser su mujer.

Eso era suficiente para mí.

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poto

por Eleonora

Después de ver el último video de Nicki Minaj, una sola palabra quedó dándome vueltas en la cabeza. POTO. Así, tal cual. Y cuando digo “dándome vueltas en la cabeza” es porque, sí, veía un poto girando en mi mente sin parar. Es que se fue al chancho. Hermoso su poto, no me malentiendan, sin embargo sentí que ya era DEMASIADO. Llámenme anticuada pero siempre he preferido las cosas sensuales más que sexuales, la sugerencia por sobre lo explícito y lo sutil por sobre lo grotesco. Y un video donde lo único que se ve son nalgas redondas sobándose contra distintos tipos de superficies, no tiene nada de sutil.

Pero bueno, cada poto, perdón, cada loco con su tema.

La cosa es que hace unos días vi el teaser del nuevo video de Jennifer López con Iggy Azalea (otras famosas con posteriores famosos). Para empezar, la canción se llama Booty. O sea. Altiro uno ya cacha para dónde va la cosa. En los 33 segundos del teaser lo que más se ve son los traseros de JLo e Iggy bañados en líquidos viscosos, frotándose el uno contra el otro, vestidos en mallas, etc. De nuevo: POTO.

¿Estamos viviendo un momento potocéntrico? Yo sé que desde siempre se han tomado las nalgas femeninas como inspiración para la música (Baby Got Back, Bootylicious, Fat Bottomed Girls, Thong Song, etc) pero me da la impresión de que ahora como nunca se está valorando un trasero grande y redondo como algo bello y empoderador.

Por una parte me gusta porque siento que nos incentiva a las potonas a querer nuestros potos un poco más. Sabemos que por mucho tiempo se ha posicionado la delgadez como el ideal de belleza, y quizás este nuevo potocentrismo le da a las curvas el valor que se merecen. Y por otro lado no me gusta tanto porque, como ya decía, siento que todo es cada vez más sexual, más explícito y un poquito más grotesco.

Nicki Minaj, JLo, Iggy Azalea, Beyoncé… divas del momento con traseros grandes y bailes que los destacan sin vergüenza. ¿Será que finalmente en el eterno dilema de pechos contra poto, ganó el poto? ¿O será sólo una moda?

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por daria

Como todo fin de semana largo, el 18 causa -sobre todo entre los santiaguinos- esa fiebre por salir fuera de la ciudad. Y es una fiebre verdaderamente.

En un momento también la sufrí, hasta que una vez tuve que quedarme, al año siguiente me pasó lo mismo y fue ahí cuando descubrí algunos de los beneficios de no salir:

– No terminar con el poto cuadrado por estar sentada en un taco 3 horas a la ida y 3 horas a la vuelta. Personalmente, eso me pone de mal genio.

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pinigolTatuaje
por Fernanda Fierro

El famoso tatuaje de Pinilla retratando la pelota dando justo en el palo fue de lo más comentado post participación de Chile en el Mundial. Desde lograr entender el por qué alguien se tatuaría eso, hasta el aspecto estético, de si era o no bonito como para tenerlo de por vida en su piel.

Ahora que el mundial terminó y con la cabeza más fría, creo que yo habría elegido algo más sutil que tatuarme que el arco mismo, pero rescato el concepto del “ A un centímetro de la gloria”.

Todos lo hemos vivido alguna vez, quizás no en la instancia de defender nuestra selección en un mundial, pero sí en nuestras pequeñas batallas diarias y cotidianas.

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machismo
por Carla Moreno

No quiero culpar a los señores Luis Plaza (Alcalde de Cerro Navia), Jorge Sammy (Alcalde de Paredones), y José Antonio Gómez (Ministro de Justicia) por desconocer lo que significa el concepto “igualdad de género” o “feminismo”. Yo misma salí de la universidad creyendo que “feminismo” era el opuesto de machismo, y actualmente me avergüenzo de haberme jactado alguna vez de “no ser feminista ni machista”, creyendo que de esa forma estaba hablando de igualdad. Tampoco era mi culpa.

Por eso quiero hacerles notar que eso que a muchos -como a ellos- les parece una simple diversión puede ser muy peligroso: sacarse y publicar fotos junto a cuerpos femeninos y organizar celebraciones municipales con strippers.

El machismo no son casos aislados de hombres que golpean mujeres, o de mujeres que ganan sueldos más bajos. El machismo es el mismo cimiento de la sociedad en la que vivimos, y ha estado presente entre nosotros por tanto tiempo, que si nadie nos dice nada podemos vivir la vida entera y nunca verlo. Consiste principalmente en el predominio social de todo lo que se considera masculino sobre todo lo que se considera femenino. Lo que conlleva que las mujeres crezcamos en una sociedad que nos enseña a sentirnos inferiores a los hombres de muchas maneras, y a los hombres a dominar y discriminar todo lo femenino.

Una de estas expresiones de superioridad de los hombres sobre las mujeres (¡pero no la única!), es el control y el uso del cuerpo de las mujeres como si fuera “un objeto hecho para el uso” masculino. Y por lo tanto, la separación del cuerpo de la noción de “persona que tiene un cuerpo”. Persona con la misma dignidad que cualquier otra, independiente de su género.

Esto se puede ver cotidianamente de muchas formas. Una de ellas, es el abuso del cuerpo de las mujeres en todo tipo de shows de entretenimiento, en el arte y hasta en lo que consideramos cultura. Vemos cuerpos femeninos (todos jóvenes e iguales, por cierto) todo el día en la televisión, en las películas y en la publicidad. Cuerpos pertenecientes a mujeres sin nombre, sin edad y sin historia, por lo que llegamos a pensar que son solo eso: cuerpos.

Como esos que aparecen en las fotos, o esos otros que van a contratar con fondos públicos para mostrarlos desnudos ante un grupo de padres.

O como esos otros cuerpos, que caminan por las calles siendo evaluados a gritos por muchos hombres, que asumen que solo por estar ahí pertenecen al espacio público y por lo tanto pueden ser tocados y juzgados.

Es triste pensar qué consecuencias puede tener vivir en una sociedad así en el desarrollo de una niña, y en la idea de su valor como ser humano. No es raro que termine limitando su desarrollo y su personalidad para centrarse en su imagen corporal. Y nuestros niños, reproduciendo sin cuestionarse un sistema desigual.

Por eso invito a señores como Luis Plaza, Jorge Sammy y José Antonio Gómez a tomarse sus cargos públicos con más responsabilidad, e informarse de estos temas para luego contribuir a educar, que mucha falta nos hace.

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por Eleonora

El otro día en la mañana veía en las noticias a un doctor especialista en nutrición hablando sobre un nuevo peligro en la comida: el furano. Un estudio de la Universidad Católica habría comprobado la presencia de este componente en alimentos tan comunes como los colados de guagua, las galletas de soda o el pan tostado. Y el problema es que el furano al parecer es una sustancia que produce cáncer en los animales.

Claramente es algo por lo que hay que preocuparse. De hecho, ese mismo día me entrevistaron en la esquina de mi casa preguntándome mi opinión sobre el asunto para un noticiero (debe haber sido porque iba con mi hijo de 6 años y con mi guata de 6 meses de embarazo), sin embargo la respuesta que le di al periodista pareció sorprenderlo.

Le dije que yo por lo menos, trataba de no ceder ante la paranoia alimenticia. Que estaba aburrida de que cada vez encontraran más peligros en las cosas que comemos, que pronto íbamos a poder comer simplemente las cosas que salieran de la tierra, directamente, y sin cocinarlos. Y sin sal ni aceite porque son muy tóxicos también. Que trataba de comer lo más sano posible, y alimentar a mi familia bajo mis propios estándares de qué es saludable, y que sentía que eso era suficiente.

Porque la verdad es que me tiene un poco exasperada el tema. Cada vez aparecen más y más peligros mortíferos en las cosas que comemos día a día. ¿Ahora hasta el pan tostado? ¿lo que incluso se supone que puedes comer hasta cuando estás enfermo de la guata? ¿galletas de soda? Es demasiado. Pienso en las generaciones anteriores de mi familia que vivieron hasta viejos, comiendo de lo más normal, e incluso comiendo cosas que ahora son consideradas poco saludables.

No pretendo defender la comida chatarra. Ni menos alimentar a mi familia con ella. Pero realmente siento que tampoco es bueno vivir mirando y leyendo etiquetas y descartando cada vez más comida por el miedo a que te está haciendo mal. Hay comidas que claramente hay que comer menos, sí. Pero me niego a renunciar al pan tostado. Furano o no furano.

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por Eleonora

Hace poco vi el documental “Miss Representation” (del cual ya hablamos acá en Zancada) y me conmovió profundamente. Una de las partes que más me quedó es cuando al final, cuando están mostrando los créditos, dan pequeñas “guías de comportamiento” para ayudarnos entre nosotras, mujeres, a estar mejor representadas, a ser más amables las unas con las otras, a que nos queramos y respetemos más y así nos quiera y nos respete más el resto.

Me puse a pensar en lo crueles que somos a veces, las unas con las otras, y también en cuáles eran las situaciones que a mí más me molestaban, cuando se trata de mujeres hablando mal de otras mujeres.

La verdad es que eran bastantes, pero si hay un tipo de discriminación que me molesta (entre las que nos hacemos nosotras mismas las mujeres) es la discriminación por edad. Esa famosa frase de “ay pero es que ella ya no está en edad para tal o cual cosa” me enfurece más allá de lo que debería. Principalmente porque siento, y siempre he sentido, que soy una persona que no actúa de acuerdo a lo que convencionalmente debiera hacerse según mi edad.

Me explico: tengo 30 y no me maquillo porque me da lata, me visto con jeans, poleras y zapatillas, escucho música pop adolescente, uso calcetines con brillos y vueltos, no me gusta tomar, uso mochila y no cartera, no tomo vino, no uso tacos, y un montón de otras cosas por las que he recibido comentarios lateros o hasta retos de mi mamá porque “no estoy en edad” de hacerlas. No soy una cabra chica, no soy inmadura, soy mamá, tengo hijos, estoy casada, no es como que esté pegada en la adolescencia ni nada por el estilo (y si alguna mujer decide hacerlo, quién soy yo para juzgarla, también). Sólo odio el estereotipo de que uno tenga que hacer ciertas cosas por tener la edad para hacerlas.

Desde situaciones superficiales como mi mamá que piensa que “está muy vieja” para tener el pelo largo a situaciones más severas como una mujer que espera estar lista para tener hijos (ya sea a los 25, 35, o 40, entendiendo las complicaciones biológicas y valientemente aceptándolas), creo que debemos vivir la vida como queremos, siendo amables con nosotras y con el resto, y apoyándonos en nuestras decisiones, sean las que sean y a la edad que sean.