POR HOLLY
Me acuerdo que cuando era adolescente una siempre hablaba de encontrar a “sus pares”, a los que tuvieran gustos similares a los tuyos o a los que están en una etapa similar (en general cuando estás en etapa de estudiante) o que tienen formas de ver la vida similares, para que sean tus amig@s.

Y claro, también a esa edad una considera que sus compañeros de vida tienen que ser un poco parecidos a uno para apañarse.

Pero ahora que ya soy adulta me he dado cuenta que los mejores amigos que tengo o que han estado en mis peores y mejores momentos, son los que son totalmente distintos a mi. No es que tampoco antes buscara a mis gemelos perdidos para ser amigos –porque eso lo encuentro muy narciso y limitado–, pero nunca pensé que podría ser amiga de gente con visiones políticas y religiosas tan distintas a las mías, por ejemplo. Y que sobre todo, eso no fuera impedimento para ser grandes amigos. Al contrario, creo que es cuando más he aprendido de la tolerancia, el respeto y el saber escuchar otros puntos de vista. Puede que siga no compartiéndolos pero he podido experimentar la tolerancia de verdad y que no sea algo que uno dice sólo de la boca para afuera.

También creo que lo bueno de las diferencias, es el recibir opiniones y consejos más objetivos, en especial cuando tus amigos tienen distintas edades o son de personalidad muy diferentes a los tuyos. Gracias a eso se produce lo mejor a la hora de analizar situaciones o problemas desde diferentes ángulos.

Lo que sí creo que ha sido lo principal para que la amistad funcione es el respeto, ser directa y al final ver la amistad como un valor importante y no como gente con la que te juntas una vez al año.

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