por Mariana y punto
Una de las razones por las que el FICValdivia es mi festival de cine favorito es que hay muchas actividades y rituales asociados al festival, más allá de las películas (que ya som razón suficiente para ser feliz).

Quizás el más evidente es el de tomar cerveza, porque acá desde hace muchos años existe una tradición de cervezas artesanales que se encuentran en muchos bares, aunque principalmente en el clásico Café La Última Frontera, donde tienen desde botellas de litro hasta mi shop favorito del mundo: la “Colorina” de Valtare. El Growler es otro bar cervecero que abrió hace un par de años en Isla Teja, pero que rápidamente se ha transformado en un imperdible para muchos.

Dentro de la programación del festival, ya se ha consolidado la sección Voces, que se trata de conversatorios sobre cine o ciudadanía, que aprovechan la presencia de invitados especiales como directores de películas u otros Cómo este año serán Natalia Valdebenito y Malaimagen.

Siguiendo con las actividades no oficiales, la feria costumbrista de Niebla es otro hito que se ha transformado en recurrente para nosotras: ideal para ir aprovechar de ver el mar y de degustar empanaditas de sierra, caldo de pullmay, mini chupes, papas rellenas y otras comidas tradicionales.

Los crudos son otro favorito ineludible: está el Das Haus (ex Haussmann de la plaza, que ahora está ampliado) y nuestro más recurrente Haussmann de Isla Teja, que no es tan bonito (como todas las franquicias del local: es un intento de copia del tradicional, pero en versión moderna), pero tiene una terraza bacán y abre los domingos.

Como un incentivo para estas actividades extraprogramáticas, los abonados al festival tenemos descuentos en muchos lugares del comercio asociado al festival (como por ejemplo en Das Haus), acá pueden ver la lista.

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