Father John
POR LUCAS RODRÍGUEZ SCHWARZENBERG
Aniversario Club Fauna, cortesía de Pepe Jeans London
Se subió al escenario a eso de las 11:20 de la noche, día sábado, septiembre recién inaugurado. Tenía el pelo largo de vagabundo y los lentes de sol con los que no debió haber visto ni lo que le ponían por delante, pero también un pulcro traje blanco como la harina. ¿Se estará poniendo formal Father John Misty? O más bien, ¿se estará transformando en una persona regular? Quizás lo es y a mí me gusta pensar lo contrario; va mejor con sus canciones. Es la clásica transferencia vudú del fanático: asumir que el músico idolatrado es todo lo que uno nunca será. Aunque eso implique negarle su condición de ser humano. Pero si uno se acercara al escenario pretendiendo corear las canciones, esas (pseudo, por suerte) poesías que uno memorizó a costa de un par de cumpleaños o aniversarios familiares que podría haber resultado útil recordar, consciente de que el payaso que está arriba pretendiendo que sabe bailar es la misma sarta de músculos, huesos y sangre que uno, mejor quedarse en la casa.

Es por la misma razón que no pude soportar más de una canción de “Animal Collective”. ¿Dos cabros flacos, casi pubers, loopeando coros y rasgueos? Demasiado cercano a un fin de semana con los amigos, no gracias. Yo sé que en la era de Spotify estoy entre la minoría, pero soy de los que aun aprecian algo de misticismo en sus músicos. Algo de arrogancia. No quiero verlos tomándose un frapuccino por Instagram. Menos aun me interesa saber cuánto se esfuerza por interactuar con sus fans. Prefiero a mis ídolos algo bastardos. Lejanos. Necesito que sea así para poder creérsela a una canción tan cínica, confiada e increíble como “Pure Comedy”, una de las tantas joyas que anoche derrochó Father John Misty en el Teatro Teletón.

Antes de ese tema, que creo que era el que más esperaba, Josh Tillman (el nombre real casi mormón detrás del pseudónimo artístico) fue soltando una selección experta de los mejores momentos de sus cuatro discos. Partió con algunas de Fear Fun, su debut. “Nancy From Now On”, la primerísima primera, sonó clara y enfocada, algo que se mantuvo constante y que me llamó mucho la atención: nuestro amigo no solo venía con una corrida de músicos que se notaban comprometidos con lo que estaban tocando, sino que podría apostar que con un sonidista dedicado íntegramente a él. De qué otra manera explicar el balance exquisito que el volumen mantuvo durante todo su setlist. Nunca fuerte, nunca chillón. Acorde a un músico que a ratos se acompaña solo de un piano o una guitarra acústica. Para mí lo mejor de FJM son 1) sus melodías y 2) su voz, así que una mezcla de sonido así de elegante me permitió disfrutar de ambos a la perfección.

Solo alguien miserable de tan perfeccionista podría alegar que se echó de menos alguna canción. Aprecio particularmente lo bien representado que estuvo su más reciente álbum, God’s Favourite Costumer. Aunque es fácil con un disco así de bueno, no es raro que los músicos/bandas dejen algo de lado sus lanzamientos recientes a favor de los infalibles caballitos de batalla (felicidades en ese sentido a Noel Gallagher, quien a pesar de contar con un ejército de estos, está tocando entero su disco nuevo). “Mr. Tillman” y “Date Night”, dos de los singles del disco recién mencionado, y dos de los temas más poperos de quizás todo el catalogo de FJM, cobraron nueva vida al ser interpretados con más guitarras eléctricas, baterías y vigor que en el álbum, saltando del escenario como unos monstruos de frankenstein recién electrocutados.

Quizás el momento más memorable fue en el primer verso de “The Palace”, una canción que a todas luces parece una balada soñadora y solemne, pero que presenta una historia bastante ridícula se si le presta atención a las letras. Acompañado solo por un piano y paseándose pensativo por el escenario, FJM cantó “Last night i wrote a poem/Man i’ve must have been in the poem zone”.

Silencio.

Unos segundos de incomodidad, seguidos por las risas del público al darse cuenta lo patético de la frase. El cantante miraba de reojo, como para asegurarse de que compartíamos el chiste. Solemnidad, cinismo, paranoia y humor, los ingredientes que componen al alter ego de Josh Tillman, avistados en un solo momento. Me parece que por ahí va la cosa con este músico: puedes endiosarlo, pero prepárate a que se ría de ti por hacerlo.

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