Nanette
POR V&P
Nanette es el stand-up de Hannah Gadsby –una comediante nacida en Tazmania–, que desde hace algunas semanas se estrenó en Netflix. La vi y me pareció familiar, era porque actúa en Please Like Me, una serie australiana altamente recomendada.

Este stand up no partió chistoso y desde el comienzo uno advierte que esto es diferente, que esto es especial, que no es lo que se espera en un monólogo de comedia, pero quedé corta con mis expectativas.

Hannah Gadsby va contando sus vivencias desde su perspectiva y les agrega comentarios, bromas y opiniones –por cierto muy geniales, sutiles e intelectuales–, y va súper bien, captando nuestra atención en un cien por ciento, hasta que de pronto, el monólogo se intensifica de tal manera que más te vale tener agüita y pañuelos desechables cerca.

Su narración se vuelve vertiginosa y angustiante, sincera pero muy bien pensada, y sus palabras comienzan a entrar en tu mente y tu corazón sin anestesia. Te afectan, te duelen, en especial si te identificas con la auto-burla, uno de los grandes puntos que la artista expone en este show único.

“No es humildad, es humillación”, dijo Hannah Gadsby mientras mis ojos se abrieron hasta quedar secos. Caemos en la humillación como método de humor para ser un mecanismo de defensa, y claro, sientes que funciona, que caes simpática y que eres chora, pero quizás ese “saber reírse de sí mismo” esté sumamente sobrevalorado, y los atropellos realizados a su paso serán comida para hoy y hambre para mañana, porque la autoestima no es automática, porque las cosas que duelen, duelen igual.

Cuando chica sufrí mucho bullying, entonces cuando fui creciendo ya asumí que era gorda, fea, y tonta —todo esto, según comentarios de uno que otro familiar insensible y gente del colegio—. Me convencí de que no iba a ser igual de fácil para mí simpatizar y entrar en buena onda que para estas mismas cabras y cabros que me molestaban, así que ya de grande, empecé a desarrollar una risa nerviosa y hasta una “habilidad” de reírme de mí misma. Por una cuestión de autoestima, de autodefensa y de hacerme la cool, empecé a tirar tallas entremedio de las cosas que realmente me afectaban. Esta práctica –casi a modo de experimento social–, dio como resultado conversaciones buena onda en donde caía bien y me arriesgaba menos. Sentí que funcionaba.

Pero, en verdad, no siento gracia de mi propio dolor, no me dan risa las vivencias que me causan decepción. Todo lo que viví en Nanette (sí, este stand up no se ve, se vive) va más allá. Cada comentario negativo antes de presentar algo hecho, cada salvedad o advertencia que emitimos antes de entregar algo valioso para nosotras, termina siendo una auto burla con una intención anexa que clama: “por favor no se burlen”. Como dice Hannah en un momento “me tiro para abajo para pedir permiso para hablar”.

Luego de ver Nannette y encontrarme con esta reflexión –para la que no estaba preparada–, conversé con un par de amigas y decidí que yo también voy a abandonar la auto-burla. Yo, como, imagino, el resto de las personas, quiero ser tomada en serio. Si alguien más se ríe de algo que estoy contando porque me preocupa o me deprime, es esa persona la que tiene un problema, no yo.
Paremos el mambo de querer ser bacanes, cínicas. Ya basta de darle tribuna a la burla y al chiste a costa de los errores o inseguridades tuyas o las de alguien más, crezcamos como sociedad, como amigas y mujeres.

Hannah Gadsby, espero que esta despedida, no lo sea en realidad.

2 COMENTARIOS

  1. Lo vi el fin de semana. Lo lloré todo. Como especie, los humanos somos miserables, no me logra caber en la cabeza cómo por convicciones sociales, religiosas o morales trunquemos la vida y la felicidad de otro para siempre. Hannah y miles sufireron maltrato, violación, humillación, solo por ser distintos, diferentes a la regla. Ver este stand up me recordó el libro Como acabar con Eddie Bellegueule.

    Somos una raza maldita. Valemos callampa. Esa es mi conclusión.

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