POR LUNARES
Cuando era más joven me gustaba quedarme a dormir en casa de amigas y también que ellas se quedaran en la mía, pero de adulta, después de un matrimonio fallido y una incipiente relación que no tiene al parecer futuro alguno, puedo decir que ya no me gusta la idea de dormir con alguien con quien no tenga plena confianza.

Es más, no me gusta dormir con alguien siempre. Creo que si volviera a vivir en el marco de una relación de pareja, exigiría un cuarto adicional para ocupar a veces, para leer; por si me siento enferma o simplemente por si estoy con insomnio y quiero darme mil vueltas en la cama sin molestar a nadie.

El acto de dormir es algo tan íntimo y a la vez tan primitivo como comer, ir al baño o tener sexo, quizás más personal incluso que todas las actividades anteriores, porque no tenemos conciencia de ese trance. En este estado no pretendemos vernos bien, ni simular posiciones insinuantes, ni tenemos tiempo de pensar en lo que diremos, sólo nos entregamos a un descanso, ojalá, reparador.
El sueño es una parte casi inexplorada de la vida, inconsciente y vulnerable. Mis temores se desarrollan más en el escenario de la noche, la penumbra cubre todo con un manto misterioso pero a la vez más acogedor que invita al descanso, a la reflexión a la conversación y eso me confirma que la naturaleza es sabia y sólo debemos estar a su merced.

**Si quieres escribir en Zancada, manda tu colaboración voluntaria con título y nombre con el que quieres firmar a contacto@zancada.com en un mail titulado TEXTO. Puedes contarnos lo que te está pasando en la vida, lo que se te ocurrió ayer mientras volvías a tu casa o compartir un dato bacán, como si se lo estuvieras contando a una amiga. Como siempre, si va con nuestra línea editorial felices lo publicaremos.

unsplash-logoKinga Cichewicz

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here