POR @PATYLEIVA
En esta película del 2015, Meryl Streep es Ricki, canta canciones de Tom Petty y de Lady Gaga en un bar con su banda The Flash. Tiene un galán maduro, rockero y buena onda interpretado por Rick Springfield (un verdadero galán maduro rockero y buena onda que fue un hitazo en Estados Unidos en los 80s) y un pasado familiar que ha dejado atrás.

Su ex marido es Kevin Kline, quien le pide que vuelva a casa por un problema con su hija (Mamie Gummer, su hija también en la vida real), y ahí es cuando la cosa se pone buena/incómoda/divertida.

Ricky and The Flash está escrita por Diablo Cody (Juno, Young Adult, Tully) y dirigida por Jonathan Demme, quien murió el año pasado y fue el responsable de otras películas que también abordan conflictos familiares como Rachel Getting Married y obras maestras como El silencio de los inocentes.

A ratos Ricki es una campeona, rockera “más cool que las otras mamás” como dice su hijo, pero a ratos también la odias: votó por Bush y es más conservadora de lo que parece. Pero eso me parece que es lo lindo de esta película. Nadie es perfecto, y en este caso ni Meryl Streep lo es. Este no es un dramón, es una película amorosa, pero que toca importantes temas como la maternidad, la realización personal, la libertad, la separación, las oportunidades, todo eso con un poco de música y buenas actuaciones.

Ricky and The Flash está disponible desde hoy en Netflix.

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