No tan random # 63
POR RODRIGO FERRARI
De vuelta de un paseo la semana pasada, conversábamos con un par de buenos amigos sobre amor, relaciones, desamores, altos, crisis, anhelos y las clásicas culpas. De lo harto que le cuesta a uno decir lo que siente, al punto de que crean que no sientes nada. No sé si fue antes o después de esa conversa, que en la radio del auto sonó “Boys don’t cry” (1979) y recordé que tenía apenas 5 meses cuando fue lanzado. Era apenas el segundo single de The Cure. Pero el primer recuerdo que tengo con la canción es cuando vi por primera vez el video en 1986, probablemente fue en Más Música. Ese donde tres niños representan a Tolhurst, Dempsey y Robert Smith, mientras en el fondo, tras una tela, se ven tres siluetas de ojos rojos. El ritmo de la canción, la amarga dulzura de su melodía, esas misteriosas sombras, los pelos raros y sobre todo, esas luces rojas que veían a quien los miraba fueron suficiente. Fue la primera canción que realmente me gustó sin que pesara la influencia de algún hermano o amigo. La escuché un millón de veces y la sigo escuchando hoy porque siento que le sigue hablando a ese tipo que le cuesta decir lo que siente, incluso cuando ya es muy tarde, solo porque aprendió que los niños no lloran. Una canción de pop perfecta, cuyo contenido está contado con maestría, fineza y mucha emoción en este Podcast de la BBC (porfa, en serio dense la media hora que dura) que me apretó la garganta varias veces porque habla de lo que sentimos algunos, de empatía y de The Cure, mi banda favorita de la vida. Bienvenidos a No tan random, edición #63.

I try and laugh about it
Hiding the tears in my eyes
Because boys don’t cry

Con tranquilidad me percaté que somos varios los curiosos musicales que superamos la barrera de los 30 años y seis meses y seguimos buscando nuevos sonidos. Los de esta semana vienen con los australianos Rolling Blackouts F.C., que editaron el viernes pasado su álbum debut (después de dos EP), donde viene “Talking straight” (2018). Banda nueva de esas que le estás siguiendo la pista y se sacan un buen disco. A la holandesa Amber Arcades la había destacado hace un tiempo por otro single. Hace unas semanas sacó “Simple song” (2018), el primer adelanto del que será su primer disco. A The Shacks también los había recomendado antes y están muy de moda tras el estreno de su primer disco. “Audrey (spending all my time with you)” (2017) es un nuevo arreglo de una de las canciones que integran su EP de hace dos años. Dream pop con impronta sicodélica. Otra que se repite: la norteamericana Laura Veirs. Es que el disco que sacó este año está muy lindo y “Seven falls” (2018) con ese folk indie a punta de lap steel es definitivamente la mejor canción del álbum. How can a child of the sun be so cold?. Barrie es un quinteto multi-nacional con residencia en Brooklyn y que en un año de existencia llevan dos singles, el último “Tal uno” (2018), que -como leí por ahí- la escuchas y te sientes bailando un incómodo y tenso lento en un gimnasio de colegio mientras un haz de luz se parte en cientos destellos contra una bola disco. De las buenas cosas que pasaron la semana pasada, está el regreso de Spiritualized, que anunció disco después de 6 años. No contentos con eso, se sacaron dos hermosos singles, uno de ellos “A perfect miracle” (2018), que me recuerda mucho al Ladies and Gentlement… (cosa que se agradece), un poema sobre lo que a veces a uno le gustaría sentir y lo que termina sintiendo en verdad. Porque se puede ser así de contradictorio. Finalmente, el trío neoyorquino Sunflower Bean sacó en marzo su segundo disco, donde viene “I was a fool” (2018) que la escucho y se me hacen unos Fleetwood Macs, o mucho?.

Rufus Wainwright y su “Grey gardens” (2001) es una mezcla entre la afición del autor por el documental setentero del mismo nombre, sobre familias de la elite neoyorquinas que vivían estancadas en otros tiempos en los Hamptons y la novela Muerte en Venecia, de Mann. Me recuerda los últimos años de la universidad. “Kissing a fool” (1988) de George Michael es una canción que siempre he fantasiado cantar micrófono en mano. Además le iba a dar nombre al disco que finalmente se llamó Faith. “Jealousy” (1991) fue la primera canción que escribieron y compusieron Neil Tennant y Chris Lowe, los amigos que se conocieron en una tienda de equipos de música y teclados y formaron Pet Shop Boys. Un amigo de Tennant estaba muy celoso de esta nueva amistad e inspiró esta canción. Si bien fue escrita y compuesta en 1982, la banda esperó años que Ennio Morricone aceptara orquestarla, cosa que no pasó nunca, hasta que finalmente, a nueve años de haber sido concebida, fue incluida en el cuarto disco de la banda, uno de los más otoñales que tienen y bueno, es otoño todavía.

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Las gráficas de No Tan Random son de Francisca Alcalde y Tomás Dintrans.

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