tiempo
POR A.
Hay demasiadas tareas de la vida adulta que me dan una lata atroz: esperar fila en un banco, hacer las compras del supermercado, hacer el aseo de la casa entera, etc.

De hecho, me encuentro en este momento esperando el número 46 de la notaría y van recién en el 35. Leer siempre es una buena alternativa para no morir del aburrimtiento, o escribir un post al respecto, como lo estoy haciendo ahora.

Pero no escribo sólo para que ustedes amablemente me acompañen en la espera, sino para contarles algo que me ha resultado útil a la hora de evitar el sopor de enfrentar responsabilidades aburridas: la “solución” ha sido cronometrar cada uno de estos indeseables panoramas para después darme cuenta de que no fue ni tanto el tiempo que perdí, ni tan eterna la espera.

La primera vez que lo hice fue haciendo la cola en un supermercado el día de año nuevo. La fila se veía laaaarga, y en vez de reprocharme por no haber sido previsora y hacer las compras un día antes, puse a correr el cronómetro de mi teléfono, y pude constatar que lo que perdí no fue más que 15 minutos, que, claro, habrían sido más divertidos en cualquier otro lado, pero tampoco eran para desquiciarse ni decir que perdí toda la tarde haciendo las compras de la comida. Gracias a eso, le perdí al susto a las filas largas, porque por largas que sean, igual avanzan.

Lo mismo para hacer camas. Siempre las hago deseando no hacerlo, pienso que ya podría estar instalada trabajando y me tiento de dejarlas para más rato, pero verlas a media mañana sin hacer, sí que me supera. Así que cuando mis niños no alcanzan a dejarlas hechas, las hago tranquilamente porque ya se que son máximo 3 minutos por cama, o sea, nada. Otro ítem superado.

Lo mismo lavar la loza, cuento el tiempo con la cantidad de capítulos de alguna serie de Netflix que alcance a ver o con la cantidad de canciones que alcanzó a cantar.

Dimensionar el verdadero tiempo que te ocupan las actividades lateras es un consuelo, además que es mejor tener la noción real de las cosas, y, ojalá, darnos cuenta de que son más cortas de lo que pensábamos (y que todo suplicio tiene un fin).

12 minutos, llamaron a mi número!

2 COMENTARIOS

  1. Qué bien escrito el post, me encantó y buenísima tu técnica, la voy a implementar todo el rato! Yo creo que, al final, es más el tiempo que se pierde en las redes sociales que en la fila del banco.

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