POR LALA
Siempre he creído que la realidad supera ampliamente la ficción, y este documental recientemente estrenado por Netflix es la prueba más clara de eso. Wild, Wild Country – dirigida por los hermanos Chapman y Maclain Way – relata el paso del gurú Bhagwan Shree Rajneesh, conocido popularmente como Osho (sí, el mismo que sigue vendiendo libros alrededor del mundo, a pesar de haber fallecido en 1990) y su enorme grupo de seguidores, por Estados Unidos.

Corrían los años 80, cuando la secretaria personal de Bhagwan –la enigmática Ma Anand Sheela-, Osho y un puñado de seguidores se instalan cerca del pueblo de Antelope, Oregon, una pequeña comunidad de 40 personas, rural, muy poco habituada a lo diferente. Lo que pasó después es como una bola de nieve que empieza a bajar por la ladera de la montaña, arrastrando nieve y otras cosas, alterando todo a su paso. Esta comunidad – Rajneeshpuram – aspiraba a ser algo como el cielo en la tierra, un paraíso apartado para vivir en armonía, paz y amor. Sin embargo, con una mano tan dominante como la de Sheela –ya que Osho había decidido delegar todo en ella– las cosas bien podrían complicarse, y lo hicieron.

Bioterrorismo, guerrillas, espionaje, enfrentamientos con los vecinos que se trasladaron a las urnas, escuchas telefónicas, un desfile de mujeres y hombres vestidos de rojo, acusaciones de fraude migratorio, millonarios que entregaban su dinero para hacer feliz a Bhagwan – y conseguir, por ejemplo, una asombrosa colección de más de 90 Rolls-Royce -, hacen de Wild, Wild Country un documental imperdible.

Y no, no es otro documental sobre sectas, sino que es un impresionante registro sobre los límites del ser humano, sobre cómo podemos dejar atrás lo que somos por seguir un sueño que alguien nos hace creer que es nuestro; es un documental sobre un pueblo que se siente amenazado, de un país que le teme a lo distinto, de seres humanos tratando de encontrar su lugar en el mundo, entre otras muchas cosas.

Me llamó mucho la atención la gran cantidad de imágenes que hay, ya que la comunidad se preocupaba de registrar todo lo que pasaba. La prensa también tenía bastante acceso – o bien era invitada a registrar mucho de lo que pasaba ahí -, por lo que hay registro de prácticamente todo lo que cuentan los entrevistados, testigos presenciales, como Sheela u otros colaboradores cercanos de Bhagwan. Es muy impactante poder seguir la historia y ver retratados a los protagonistas en esas imágenes.

Son seis episodios de una hora cada uno. ¿Qué más puedo decir? ¡No se lo pierdan!

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