POR @PATYLEIVA
Aunque a mí misma me parezca mentira, nunca había ido a un concierto de Depeche Mode en mi vida. Digo que es difícil de creer porque mi amor por esta banda nació a muy temprana edad, y porque me gustan canciones desde su primer disco hasta el último. Es de mis bandas fundamentales y por eso es que la cita de anoche me tenía con una ansiedad medio desproporcionada. La verdad es que siempre me emociono por ir a un concierto, me entra un nervio parecido al del día de navidad o el de mi cumpleaños cuando era niña, y esta no era excepción.

Me junté con 3 amigos para ir al Estadio Nacional, fans verdaderos que sólo hicieron que la experiencia fuera aún más grandiosa. El concierto partió puntualísimo, así que desde las 9 en adelante todo fue una experiencia única, una comunión de ex adolescentes un poco oscuros que nos volvíamos a juntar para vivir una ceremonia muy esperada.

Entre arlequin y sex symbol mister Gahan se presentó con su chaquetín y con un bigote delgadísimo –como todo en él–, y se movió como sólo él sabe hacerlo sobre el escenario, como si una corriente eléctrica circulara por su cuerpo de manera involuntaria, como por necesidad física, como si no pudiera expresarse de otra manera.

Cuando Martin Gore se ubicó en el centro del escenario y entonó Home, las emociones se dispararon. La canción ya es bellísima, pero la interpretación de anoche sobrepasó todas mis expectativas cantando a todo pulmón ese humilde coro que dice tanto:

“And I thank you
For bringing me here
For showing me home
For singing these tears
Finally I’ve found
That I belong here”

Home #Martin #depechemode

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Le siguió Never Let Me Down, otro de los altísimos puntos del concierto, que esta vez llevaba una parte de techno más duro, que me llevó al trance y a mover la cabeza como diciendo “no puedo creer lo que estoy viviendo”.

El bis nos dejó con gusto a poco (porque uno siempre quiere más), pero fue potentísimo: Strangelove (en una versión acústica cantada por Gore), Walking In My Shoes, A Question Of Time (que saltamos y bailamos como si no hubiera un mañana) y Personal Jesus como estocada final.

Me acosté escuchándolos de nuevo, y hoy me levanté igual de sobrecogida por el privilegio de presenciar el arte en su más pura entrega y comunión. Espero que no pasen otros nueve años para su regreso. Maestros.

Videos: Cortesía de Edward Zuñiga y @ConchitaQ

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