Sophia
por C.
Hace algunos días, como todos, me enteré de la muerte de la pequeña Sophia. No había querido escribir antes, en caliente, porque quizás hubiera querido simplemente quemarlo todo. Hoy, después de una semana, quería compartir algunas reflexiones que me ha dejado este caso feroz, los debates que he leído y escuchado, lo que he conversado con amigos. Podemos compartir visiones o no, pero creo que sería interesante poner la atención sobre algunas cosas.

No he querido adentrarme en los detalles. No los necesito. Abusar y asesinar a un niño, sobre todo si es tu hijo, es de esas cosas que jamás serán justificables. Me quedo con la carta del médico, en la que cuenta su estupor y su tristeza. Es suficiente para mí. He leído últimamente muchas personas pidiendo reponer la pena de muerte. Los entiendo porque sé que hablan desde la perplejidad y el dolor, porque se ponen en el lugar y pueden ver lo que eso les significaría si se tratara de su hija, hijo, sobrinos, nietos, hermanos. Y, más allá de los aspectos legales, de los tratados internacionales y de la regulación, creo que sacamos bien poco con reactivar esa conversación. ¿Por qué? Porque creo que mientras nos dedicamos a pedir sólo sanciones, dejamos de ver que en otro lugar de Chile puede haber hoy mismo, en este momento, otra Sophia. O en algún otro lugar puede estar creciendo un niño que, en unos años más, violentará a sus hijos de manera brutal. Nada nos devolverá a Sophia, pero podemos tratar que nunca más haya un caso similar.

¿Sirve establecer penas más altas? Quizás logremos una sensación mayor de justicia. Quizás nos quedemos con la impresión de que las leyes sirven para equiparar, en parte, el resultado del crimen con la pena y que, de alguna forma, podemos lograr cierto balance. Sí, quizás sirve en cierta medida caminar ese sendero.

Por otro lado, creo que tenemos que ir un poco más allá y preguntarnos, ¿qué pasó para que estallara esta bomba? Y pienso que son muchos factores que confluyeron tristemente en la muerte de Sophia. ¿Sabemos cómo vivió ese hombre?¿Sabemos si fue abusado en su vida, si sufrió violencia, si fue abandonado, si alguien se preocupó de él? Si ya tenía antecedentes, si ya había golpeado hasta casi matar a otras mujeres, ¿por qué no estaba tras las rejas cumpliendo una sentencia, y estaba “rehaciendo” su vida con otra mujer, seguramente violentándola de igual manera? Y aquí tenemos la falla de un sistema completo. ¿Sabemos en qué condiciones esa mujer vivió su embarazo, si quiso o no ser madre, si fue acompañada, si tenía una red de apoyo? Porque es muy fácil llegar y juzgarla, decir que es una mala mujer, que no merece ser madre. A simple vista seguro que es lo que parece, pero… ¿qué hay más allá?

Una amiga me decía que seguro este tipo estaba enfermo. Quizás. Entonces pregunto, ¿habrá sido diagnosticado, habrá estado siguiendo un tratamiento? Porque tampoco es un misterio que la salud mental en Chile no es una prioridad. Es cara, hay poco acceso, faltan especialistas en el sistema público, y así, un largo etcétera. Y bajo ningún punto me interesa justificar lo injustificable. Sólo quiero decir que, mientras ponemos nuestra energía en el castigo, ¿qué estamos haciendo para evitar nuevos casos como éste? ¿Qué tanta energía estamos poniendo en atajar esos puntos iniciales y detenerlos cuando todavía hay tiempo? Hacernos cargo es básicamente meternos a un pozo de mierda sin guantes ni botas, y no, pareciera que nadie quiere hacerlo.

Luego pienso, ¿cómo va a ser posible que en Chile necesitemos leyes para comportarnos como la gente? ¿Por qué tiene que morir Emilia para caer en cuenta que no podemos manejar curados? ¿Por qué necesitamos leyes que nos digan que no debemos maltratar a nuestros niños? ¿Qué tan mal estamos para exigir leyes para regularnos de esa forma? ¿Son las leyes la solución? ¿O la solución es tratar de vivir una vida mejor?

Leo que hay gente que se indigna porque se gastan alrededor de $700.000 mensuales en la manutención de un preso, y que –bajo esa perspectiva– la pena de muerte incluso le ahorraría al estado dinero que puede invertir en algo mejor. ¿Es en base al gasto/retorno que está hecha nuestra valoración? ¿Es “plata perdida” un niño con problemas de aprendizaje en un sistema público, en el que el estado invierte cierta cantidad de dinero? ¿O será que debiéramos enfocarnos en lo que hacemos con esos recursos y cómo devolvemos ciudadanos decentes?

Me encantaría pensar que reponer la pena de muerte es el camino a la solución, pero no me convenzo. Sería, quizás, sanador para muchos ver que este tipo está muerto, bajo tierra, sin posibilidad de herir a nadie nunca más, pero… ¿servirá realmente? No sé cuál es la respuesta correcta, cuál es el camino que debiéramos seguir, pero lo único de lo que estoy convencida es que todo esto no pasó de la noche a la mañana, sino que es una larga lista de factores que confluyeron, y que si no ponemos atención, vamos a seguir lamentando más casos como este en el futuro.

Me quedo con la frase que vi en uno de los carteles de gente que, espontáneamente, salió a manifestarse. “Los niños amados se convierten en adultos que saben amar”. Quizás por ahí nos vaya un poquito mejor.

4 COMENTARIOS

  1. Yo solo me pregunto, cuanta de esa gente que pide ahora pena de muerte para este mmm; no se si llamarlo enfermo sea lo correcto, tipo. Golpea a sus propios hijos como método de castigo/educación?. Ok, no todos llegan a matarlos, pero los violentan, los abusan, los crían bajo la idea de que golpear al otro que esta en desventaja es aceptable.
    Esta tan normalizada la violencia que no ven que la semilla esta ahí en sus propios hijos, en justificar un “buen” correazo, en violentarlos mientras pueden, mientras tienen superioridad física, mientras no les van a devolver el golpe.
    Para mi es muy difícil de entender a esa gente que dice amar a sus hijos por sobre todas las cosas y que darían la vida por ellos, pero son los mismos que los golpean solo porque pueden. Si, porque PUEDEN. No hay ninguna sola razón valida para golpear a otro, y es en casos como este que sale a flote el país hipócrita en que vivimos, donde se ve la paja en el ojo ajeno pero jamas la viga en el propio.

  2. Es el mejor texto que he leído en zancada en años! Bien escrito, bien argumentado y sobre todo valiente. En este tipo de temas no es fácil ir contra la masa enardecida que tira piedras fuera de los tribunales pero, como muy bien dice Mishca, no duda en golpear a sus hijos como correctivo.

  3. ¡Qué bien escrito está el artículo!, reflexivo, bien estructurado y que va al fondo de la cuestión. Desgraciadamente vivimos en una sociedad tan violenta que ha perdido la perspectiva, por lo que cuando saltan a la actualidad casos brutales como el de Sophia la reacción mayoritaria es de más violencia. Está comprobado que la pena de muerte no reduce la tasa de criminalidad, por tanto, la solución pasa por más educación, mayores oportunidades, mayor inversión en salud mental, entre otros.
    Estos gravísimos problemas no se solucionan de forma individual, sino que deben existir acciones coordinadas que involucren a los distintos grupos que integran la sociedad. Ya es hora de que quienes deseamos una sociedad mejor tomemos la iniciativa y exijamos que el Estado atienda nuestras peticiones y requerimientos con nuestros impuestos.

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