revista Paula
por @patyleiva
Por cosas de la vida, son varias las Zancadas que pasaron por revista Paula en distintos años, en diferentes etapas de la vida. Yo, por ejemplo.

Hice mi práctica profesional en el tiempo en que Alexandra Edwards se convirtió en la directora de la revista, y cuando me fui, la dirigía Paula Recart. Estudié diseño gráfico y mi compañera Lorena Rodríguez (hoy, convertida en una flamante escritora de novela juvenil) me llamó la primera semana de vacaciones después de terminar nuestro último año de carrera, para despertarme tipo 11 am un día de semana y decirme que había conseguido práctica para las dos en revista Paula.

Yo, muy vaga, sólo podía pensar que no podía seguir durmiendo hasta esas horas indecentes pero me alisté para la entrevista. No sabía que eso en verdad definiría mi vida profesional de ahí en adelante. Tenía que hablar con Paula Minte (hoy, convertida en la cabeza del eximio Centro de Cocina Paula).

Llegué a la portería de Santa María 0120 –la segunda o tercera dirección de la revista, ubicada frente al río Mapocho– y en el momento en que saludé al guardia olvidé el apellido de la persona con quien me tenía juntar. Pastel.

Carlitos –como supe después que se llamaba–, me ayudó con las vagas señales que le di. “Tengo que hablar con Paula… de diseño… su apellido empieza con M…”. Minte. La llamaron y me hicieron pasar. Yo iba con muletas porque, justamente con Lorena, nos habían atropellado el año anterior. Una fractura expuesta de tibia y peroné me tuvo en convalecencia durante casi un año. Las muletas eran lo de menos, la parte que cerraba un ciclo de yesos, férulas y tornillos dignos de Terminator (no exagero). “Clack, clack” sonaban mis pasos por el camino que me llevó a la reunión.

Era mucho más joven de lo que yo esperaba. Yo tenía 23, ella debe haber tenido 25. Pero eso no le quitó formalidad alguna a la entrevista. Me contrató para mi práctica por los 3 meses que pedía la universidad. Cuando terminó el periodo me dijo ¿y para qué te vas a ir? Me quedé como siete meses en total.

Cuando llegué a ese lugar me fasciné con la enorme cantidad de libreros, con los tremendos escritorios que cada persona tenía en su estación de trabajo, con las enormes pantallas de los computadores y sobre todo, con la cantidad de mujeres que circulaban a paso firme por este luminoso galpón de amplios pasillos que se convirtió en mi primer trabajo real, el lugar donde fortalecí mi vocación y conocí a gente muy importante en mi vida.

En los noventas, las alumnas en práctica no tenían computador. Los cierres de revista se enviaban en papel, con el texto digital pero las fotos en diapositivas y una maqueta que indicaba el corte y tamaño en el que debería imprimirse. A mí me tocaba hacer esas cosas manuales, pero la Paula Minte me pasaba a ratos su computador para practicar y aprender, entregándome de a poco mis propias páginas para diseñar. Obvio partí por hacer publireportajes, y después me tocaron esas páginas de elegidos o de entretenimiento que se arman de pequeñas lecturas de fotos en una especie de rompecabezas de texto e imagen, donde descubrí mi fascinación por “diagramar”, una subvalorada rama del diseño que es la responsable de que una página sea legible y atractiva, logrando justamente “que no se note” que alguien las dispuso así.

En ese momento supe que esa era mi parte favorita del diseño: el diseño editorial. De mis primeras páginas huachas, pasé con los años a hacerme cargo de revistas completas, libros e incluso crear el estilo de revistas nuevas. No sé cómo describir la satisfacción que siento al ver una página bien armada, a tener la certeza de que simplemente no puede estar mejor.

Yo dejé las muletas; aprendí a seleccionar la mejor foto entre cientos de diapositivas y a interactuar con todos los responsables de que una revista sea publicada; me hice amigas, partiendo por mi mentora, las diseñadoras (la Manana fue la primera en meterme conversa) y las demás alumnas que llegaban a trabajar a la revista Práctica y las de revista Paula Internacional, ya que en ese tiempo se diseñaban también ediciones para Uruguay, Paraguay y México dirigidos Liliana González y Aleka Vial, con quien siempre me identifiqué mucho por tener en común nuestra nacionalidad mixta (chilena y chilanga).

Yo al principio escuchaba a las mujeres hechas y derechas que se tomaban muy en serio su trabajo; me reía de las bromas; afinaba mi percepción de la moda y me enteraba de quién era el nuevo escritor revelación del momento. Hasta el día de hoy conservo amistades entrañables, innumerables diseñadoras y periodistas que conocí entre las compañeras y jefas que tuve.

Después de mi extensa práctica, terminé mi tesis y trabajé un tiempo con una amiga diseñadora, hasta que me llamaron de vuelta para trabajar en el primer especial de belleza hecho para revista Paula México. Me quedé 3 años más. Pasé por las distintas revistas internacionales hasta terminar dedicándome 100 por ciento a la edición mexicana, lo que para mí era un sueño hecho realidad.

Recuerdo haber estado muy consciente de todo lo que mis ojos estaban absorbiendo día a día, maravillándome con las imágenes de fotógrafas como Pin Campaña y Carola Vargas; las producciones de Juanita Vial e Isabel de Grenade y tantos talentos que vi desfilar en textos e imágenes.

Después me cambié de trabajo internamente a Cuerpos Pintados, el otro proyecto de Roberto Edwards, donde seguí trabajando en diseño editorial. Seis años después vino Zancada, y un par de años después Sofía Aldea me entrevistó para Paula para hablar de Zancada en el perfil que sale en la foto del comienzo, cerrando un lindo círculo editorial.

Paloma Salas, Javiera Pérez, Daniela Paz, Soledad Camponovo, Bárbara Mery y también Kay Schwarzenberg, Fran Torres, Andrea Herman junto con algunas colaboradoras ocasionales que se me quedan en el tintero, son algunos de los nombres que se repiten en las historias de Paula y de Zancada. Puede ser una coincidencia, pero tiendo pensar que hay una fuerza invisible que reúne a mujeres en distintos lugares para crear, inevitablemente, de una o de varias maneras.

Siempre que cuento cómo partió Zancada, recalco la importancia de haber trabajado con grupos de mujeres, y cómo quise reproducir y expandir virtualmente la dinámica que se daba cada mañana cuando nos volvíamos a encontrar (lo que conversas con amigas).

Revista Paula ha sido responsable de importantes hitos de la mujer en Chile, ya sea como protagonista, testigo o comunicadora, con un rigor –al menos en mi recuerdo– que me dejó marcada para siempre.

Hoy cumplen 50 años, larga vida, y espero que sean muchos, muchos más.

3 COMENTARIOS

  1. Qué interesante historia, Paty. Es bello saber qué pasa tras bambalinas del mundo editorial de moda y diseño de una revista para mujeres. Me encantó, sobre todo porque el relato está cargado a la gratitud de la experiencia humana y profesional y alejado de la frivolidad.

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