Cristóbal Briceño
por Mariana y punto
La primera vez que vi en vivo a Cristóbal Briceño y su banda Fother Muckers —hoy convertidos en Ases Falsos— fue el 2011, cuando telonearon a Jorge González en el Teatro Caupolicán. Aunque llevaba un tiempo escuchándolos y quería verlos, estaba afuera conociendo a una de mis ídolas periodísticas, por lo que los pillé recién en la última canción. “Te mentiría si te dijera algo sobre nuestra presentación, no tengo un recuerdo claro. Chucha que ando amnésico. Pero sí me acuerdo del plato de fondo, Jorge González haciendo La voz de los 80 completo. Increíble cómo sonaba su banda y su voz estaba impecable. Tras bambalinas lo vimos pasar seguido por un largo séquito y hasta recibimos un breve saludo, un cordial apretón de manos de su parte. No lo quisimos molestar más, quizás una manera de rendirle tributo. ¡Mucho hace el que no estorba!”, recuerda Cristóbal sobre esa noche.

Esa última canción que vi de los Fother Muckers terminó transformándose en una tradición siempre sorprendente, que tendrá un hito especial el próximo viernes 15 de diciembre, cuando los Ases Falsos se presenten por primera vez solos en un concierto en el Teatro Caupolicán, y a propósito del cual Briceño gustosamente respondió nuestras preguntas sobre ese recinto, sus conciertos, cábalas y hasta penas futboleras.

¿Qué recuerdas particularmente de alguno de los conciertos que has visto en el Caupolicán como espectador? Leí que has visto desde Green Day a Leo Dan…
He ido a varios conciertos pero no tengo un momento Caupolicán, mi memoria es muy acuosa. En general tengo la idea de un lugar monstruoso. Siendo harto más chico que el Arena, se me hace más grande. Por qué será, no sé. Tal vez es que en el Arena el escenario se ve tan re lejos que termina perdiendo importancia. Y el sonido suele ser difuso, no me gusta. En cambio en el Caupolicán, por más que estés sentado en la última fila igual te sientes encima de la banda, y el sonido es potente y nítido. Para mí es el escenario más importante de Chile, el que realmente parece hecho para la música en vivo.

Si no me equivoco, tocar un Caupolicán no es tanto algo que desearas sino más bien algo inevitable… ¿qué es lo que te disgusta de la popularidad de Ases Falsos?
Dices bien, no estaba en nuestros planes. Terminamos cediendo a la oferta de Toma, una productora que se la jugó. Ojalá termine bien el asunto. Por nuestra parte nos hemos preparado a conciencia, sabiendo que será una noche diferente, con gran potencial emocional. Pero es muy desgastante que todo se reduzca a vender entradas. ¡Es que son tantas! Y concentrar las energías en andar promocionando la pomada es debilitador, y nadie lo va a hacer por ti. Hemos tratado de que no nos afecte, pero afecta. Y otra cosa, hay una contradicción difícil de resolver en el hecho de querer alejarme de toda aglomeración de personas y al mismo tiempo convocar una. Personalmente, después de esto preferiría retomar la senda de las salas medianas y, especialmente, de los bares grandes y bien equipados. Me encanta ese circuito y no tengo problemas con desarrollarme ahí. Como NRBQ, una de mis bandas favoritas. Con la diferencia de que ellos recorrían un país que tiene mil bares con escenarios de primera. Bueno, veremos qué pasa. Al final las cosas terminan sucediendo de la forma más inesperada.

¿El repertorio que preparan para el 15 de diciembre lo están armando de forma distinta a los otros conciertos que hacen con Ases Falsos? ¿Cuál dirías que es el criterio habitual y cuál el que están aplicando para el Caupolicán?
El criterio habitual es adecuarnos a las circunstancias. Por ejemplo, cuando vamos a Antofagasta o a Puerto Montt sabemos que lo hacemos una vez al año, a lo más dos, entonces hacemos un repaso de lo más conocido, pero si vamos a Conce o a Valparaíso, como vamos más seguido, entonces preparamos cosas más rebuscadas. En ese sentido, el Caupolicán lo hemos preparado según nuestro criterio habitual, ajustándonos a la circunstancia, que no es otra cosa que una visita al recinto número uno del país. Te repito, el Arena es más grande, pero la experiencia es menor. Y los estadios e hipódromos son escenarios adaptados. Así que trataremos de brindar una noche épica, a la altura de las antiguas galas de boxeo. Que se quede dentro.

¿Qué canción histórica no tocarán en vivo nunca? Como para dejar de soñar…
Si te refieres al catálogo Ases Falsos/Fother Muckers, no descartaría nada. Pero sí recibimos frecuentemente la petición de hacer alguna canción de Los Mil Jinetes, el Dúo Niágara o de mi repertorio solista. De eso ni hablar.

¿Qué piensas cuando los espectadores coreamos las letras y aplaudimos coordinadamente en ciertas canciones?
Me siento muy agradecido y conmovido. Es una locura, digo, que a alguien más le importe y que hasta se emocione con alguna tontera que inventaste. La música, mis discos, y cuando digo mis discos me refiero a mi colección de cd’s y no a los discos en los que he trabajado, me ayudan todos los días a sobrellevar la existencia. Entonces, saber que otras personas se apoyan en tus canciones, no sé, es algo que parece de fantasía. Creo que tenemos la gran suerte de servir a los demás.

¿Cuál es la emoción que sientes antes y después de un recital de Ases Falsos?
Antes, mucho nervio disfrazado de calma. Un intento de eso que llaman templanza. Generalmente siento la necesidad de defecar. Entre los compañeros tratamos de infundirnos seguridad y cariño. Después de tocar, por lo general siento una confusa mezcla de alivio, satisfacción, desorientación y vacío. Y muchos deseos de relajarme, aunque nunca pueda hacerlo realmente, por lo general hay que hacer alguna nota de prensa, o recibir visitas al camarín o sacarse fotos. Me encantaría poder compartir con el público y entregarnos amor mutuo sin tener que pasar por lo de las fotos, que te hace estar tensando constantemente los músculos de la cara. Si lo piensas, ese momento en que uno se queda quieto antes de una foto… visto de afuera debemos vernos tan imbéciles. Si se me permite soñar, lo ideal bajando del escenario sería poder meternos, la banda completa, a una gran tina caliente con unos cócteles y conversar. Eso sería saludable.

Muchos artistas y deportistas tienen rituales o cábalas para antes de salir a la cancha o al escenario, ¿tienes alguna?
Creo que no podría llamarse ritual ni cábala, pero siempre antes de tocar nos juntamos en círculo alrededor de la hoja donde está la lista de canciones, y entonces hacemos lo que llamamos “ensayo mental”. Repasamos todas las transiciones de los temas haciendo los sonidos de los instrumentos con la boca. Debe ser ridículo presenciarlo. Pero a nosotros nos sirve un montón, yo diría que es imprescindible, aprovechamos de apretar tuercas sueltas. Martín es un virtuoso de la emulación de sonidos, como ese negro de Locademia de policía, es capaz de imitar a la persona o el timbre que se te ocurra.

A propósito de deporte, no puedo dejar de preguntar, ¿cómo te llega la eliminación de Chile del Mundial?
Mira, no es que me importe demasiado. Bueno, sí. Es que lo veo así, si Chile hubiese clasificado al mundial, no es que me hubiera cambiado la vida, pero cada día de acá a junio del 2018 yo me hubiese levantado con un extra, con una yapa vitamínica. En cambio, estos doscientos días que quedan saldré de la cama con una carencia, con una deficiencia que debo compensar en el transcurso del día. Es un detalle cotidiano, mínimo y desesperante.

Y a propósito de eso, ¿has visto una foto en internet donde supuestamente apareces tras el vidrio del Monumental?
La vi, salgo admirando a Esteban Efraín. Lo estimo muchísimo. Desde sus tiempos de pelo largo en que lideraba al Morning. Si el Chago hasta ponía publicidad en el diario con su foto, una cosa insólita. Y lo hacían al estilo circense, invitando a la gente a ver a “Esteban Paredes y compañía”. Volviendo a la selección, independiente de los resultados, me di un festín visual, intelectual y emocional viéndola jugar. Aunque muchos partidos hayan sido en uno de los peores lugar para ver fútbol desde la galería, como es el Estadio Monumental. Tiene un alambre púa de centro de detención, todo enrollado, que se come entera una línea lateral. Ni siquiera puede uno pegarse a la reja, o al vidrio en este caso, porque hay un desnivel maldito entonces todos nos apelotonamos en el metro y medio que hay junto al córner. Pero lo disfruté. Era tal la sincronización de los movimientos de ese equipo, que incluso cuando no se ganaba uno tenía la sensación de haber visto un ballet. Una belleza. Les estaré para siempre agradecido por estos diez años mágicos. Y si ahora toca perder, ya lo dijo Franco De Vita, “claro que sé perder”.

¿Qué relación tienes con internet y las redes sociales como medio de difusión y consumo de música, información y otras cosas?
Mmhh…. creo que no tengo la madurez suficiente para disponer de una señal wi-fi. Así que no tengo internet en mi casa. Mi vecina me comparte, y cuando lo apaga, se apaga. Estoy bien así. Si no, puedo pasar la noche en banda saltando de un tema de interés a otro. También me pasa que hay harta información dando vuelta sobre mi trabajo y sobre mí mismo, es una cosa muy incómoda, atrayente y repelente a la vez. De repente me topo con disparates que no sé de dónde sacan, y que los cuentan como si fueran verdades consumadas. Muy retorcido. Me tengo prohibido asomar la nariz por twitter, creo que saca lo peor de la gente. Un vertedero del alma. No digo que me crea mejor que el resto por no tener twitter, ni wi-fi, ni celular inteligente. Pero sí me creo mucho mejor que yo mismo disponiendo de esas “herramientas”, eso seguro. El tema del internet es tremendo, especialmente para aquellos que crecimos sin internet. Supongo que lo notamos más. Y es de gran ayuda, cierto, y divierte un kilo, cierto, pero también masifica la ansiedad y la angustia. Hay una canción que viene en el próximo disco de Ases Falsos que le da vueltas al tema, empieza diciendo “apago la pantalla / y se acabó la bulla / se acaba tanto griterío / la lava se enfría en el río / un eco muere adentro mío / ¿y qué hará conmigo este rocoso silencio?”.

¿Cuánto es lo más que has pagado por entrar a un concierto?
Hace tanto tiempo que no voy a un concierto, no me acuerdo… probablemente hayan sido unos 30 mil pesos por Luis Miguel. Valió cada peso.

Como es habitual, la entrada para ver a Ases Falsos —incluso en su primer Caupolicán— tiene precios módicos: la primera preventa (presencial en su último concierto en el Cariola) costó 5 mil pesos, en regiones las han vendido a 6 lucas, la preventa oficial empezó en 7 mil, actualmente están a 8 mil (quedan las últimas disponibles a ese precio) y luego subirán a 9 y hasta 10 mil; las entradas para cancha y tribuna cuestan lo mismo, aunque quedan muy muy pocas canchas. Se pueden comprar en www.ticketek.cl y www.tomaticket.cl o sin recargo en tiendas The Knife (Eurocentro) y Tifossi (Portal Lyon). Los niños de 0 a 7 años no pagan entrada.

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