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“Homo Deus” de Yuval Harari: El libro que todos leen

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Homo Deus
por Ximena Torres Cautivo
“Mientras que en 2010 la obesidad y las enfermedades asociadas a ella mataron a cerca de tres millones de personas, los terroristas mataron a un total de 7.697 personas en todo el planeta, la mayoría de ellos en países en vías de desarrollo. Para el estadounidense medio la Coca-Cola supone una amenaza mucho más letal que al-Qaeda”.

Provocativas afirmaciones como esta, basadas en datos absolutamente objetivos y comprobables, son las que han convertido al profesor de historia de la Universidad Hebrea de Jerusalén, Yuval Noah Harari, en el bestseller y conferencista ultracotizado a nivel mundial que es hoy.

Su libro “Homo Sapiens: De animales a dioses”, donde revisa la evolución humana, es un boom planetario, y la segunda parte, “Homo Deus, Breve Historia del Mañana”, que proyecta el camino del desarrollo humano hacia el futuro y al cual corresponde la cita inicial de este post, repite el éxito del primero.

Harari, que es gay, vegano y ateo, además de cuarentón, estiloso e inteligente, dice que escribió ambos libros pensando en que fueran comprensibles para estudiantes de secundaria. Y el resultado lo han devorado, admirado y recomendado personajes como Barack Obama y Mark Zuckerberg, la elite de la elite. Es que lo que consigue Harari es ponerse al mismo nivel intelectual del lector, sin petulancias, en un estilo que algunos llaman de alta divulgación y que, dicen, “ha conquistado a un público que no existía”. Uno al que llaman midcult.

Harari con “Homo Deus” nos hace reflexionar sobre cómo podrá llegar a ser el futuro. Sobre cómo, pese a toda la pobreza, desigualdad, enfermedad y violencia que existe en el mundo, hoy no existen la hambruna, las pestes mortales y las guerras que dejaban millones de muertos en el pasado. Antes los hombres vivían aterrados por el hambre, la enfermedad y la muerte. Hoy existe pobreza pero no hambre; los pobres están obesos, no desnutridos; la clase media baja no se distingue por su apariencia de la alta; la expectativa de vida es de 80 años en 29 países del mundo, Chile incluido. Y así. Sólo los pesimistas no ven estos progresos, dice el profesor en sus reflexiones.

Harari escribe esto mucho mejor que yo. Leemos: “Por primera vez en la historia, hoy mueren más personas por comer demasiado que por comer demasiado poco, más por vejez que por una enfermedad infecciosa y más por suicidio que por asesinato a manos de la suma de soldados, terroristas y criminales. A principios del siglo XXI, el humano medio tiene más posibilidades de morir en un atracón en un McDonald’s que a consecuencias de una sequía, el ébola o el ataque de al-Qaeda”.

A partir de estas constataciones, Harari hace ver que la lucha actual, lo que nos tendrá ocupados en el futuro es vencer a la muerte, que es en parte lo que ya hemos hecho. En 1900 la esperanza de vida no superaba los 40, hoy en Chile las mujeres superamos los 80. Y cita la Declaración Universal de los Derechos Humanos diciendo que el ser humano tiene el derecho a la vida sin fecha de caducidad. “En ningún lado dice que tengamos el derecho a la vida hasta los 90 años”.

En su mezcla de filosofía y cultura pop, también saca a colación una respuesta de Woody Allen cuando se le preguntó si aspiraba a vivir eternamente a través de sus películas. Allen dijo: “No quiero conseguir la inmortalidad por mi trabajo. Quiero conseguirla por no morirme”.

Esa es la meta del hombre actual: la lucha por la eterna juventud. Por la vida eterna. Por la amortalidad, una derivada de la inmortalidad.

Harari afirma que llegará el día en que viviremos tiquitaca hasta los 500 años. Y de ahí se pregunta, por ejemplo, cómo serán entonces las relaciones con los hijos con quienes tendremos un recuerdo distante de cuando eran niños y dependían de nosotros. Y ni hablar de la pareja para toda la vida, de la monogamia.

Esto es apenas una idea de las honduras en que nos va metiendo Harari, de manera genial, clara, nítidamente, sin prejuicios religiosos ni políticos. Su desparpajo mental es notable, por eso hay que leerlo. No sólo para sentirse midcult, sino para pensar en serio cuestiones serias y acuciantes.

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3 COMENTARIOS

  1. Me tinca ene el libro.
    Solo un comentario, y es que en Chile puedes distinguir las clases con solo una mirada, además de poder conocer, casi de manera precisa, hasta donde podrá llegar cada chilena o chileno en su vida.

  2. Interesante. Me tincó leerlo. Me gustaría saber qué opina el autor de la relación que tenemos como seres humanos con el medio ambiente. Ya que no sacamos nada con la inmortalidad de nuestros cuerpos si no hay dónde vivirla.

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