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“Bésame mucho”, el libro sobre la historia del bolero en Chile

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por Lala
Soy una fanática de los boleros. Los amo. Crecí con mi abuela cantando boleros en la casa, es una herencia que no puedo desconocer y que me encanta que siga vigente. Ya lo hemos visto en el éxito arrollador del Bloque Depresivo, que hoy repleta teatros en cada presentación que realiza cantando boleros enamorados y despechados. Pero la historia de este género es mucho más antigua: nació en el Caribe y llegó a Chile hace unos 80 años.

Esta historia, la del bolero en Chile, es la que cuentan los periodistas Natalia Marambio y Sebastián Cerda, en el libro “Bésame mucho”, que será lanzado oficialmente el 12 de noviembre en la Feria Internacional del Libro de Santiago, editado por Ventana Abierta. Este fin de semana se puede comprar en la feria Primavera del Libro de Providencia.

Conversamos con ambos autores, quienes nos contaron sobre sus gustos, el libro y por qué el bolero sigue siendo uno de los géneros más queridos y reconocidos entre los chilenos.

¿Cuáles son, a su juicio, los exponentes más destacados del bolero en Chile?
Sebastián (S): Lucho Gatica, el más grande a nivel intercontinental; Antonio Prieto, que también fue un crack hispanoamericano; Palmenia Pizarro, ícono continental; Sonia y Miriam, el más grande dúo y además primera dupla infantil famosa en Chile desde los años ’40. La Orquesta Huambaly también tiene un lugar en este podio romántico.

Natalia (N): Tal como los enumera Sebastián, la lista es larga y contundente, porque la mayoría son “pesos pesados” de la música. Si tuviese que elegir, coincido y me quedo con el trabajo del gran Lucho Gatica, Antonio Prieto, Palmenia Pizarro, y no dejaría de destacar a Valentín Trujillo, el “Tío Valentín”, quien apoyó y sigue apoyando la carrera de un sinfín de artistas, no sólo dedicados al bolero.

En lo personal, ¿cuáles son sus cantantes o bandas favoritas?
S: La Orquesta Huambaly, para mi gusto, es la banda tropical más grande del país. Grabaron entre los 50 y 60 un repertorio de excelencia, incluyendo grandes boleros como “Quémame los ojos”. Y Los Ángeles Negros, que no tocan directamente bolero, pero reciben toda su influencia para crear una balada (la balada le debe mucho al bolero) que es romántica, rockera y funk a la vez.

N: Desde siempre escuché el bolero de Palmenia, porque a mi papá le encanta y compraba sus cassettes y luego CD’s, y me gusta mucho Douglas y su álbum “Cariño Malo”, que se lo regalaron a mi mamá y me lo aprendí de memoria. También en mis favoritos está el trabajo de bandas nuevas como Flor del Recuerdo, que son jóvenes, músicos de profesión y que apostaron por un estilo de música que de repente puede parecer ajeno a generaciones más actuales, pero no es sí, sigue vigente. Y ellos hacen un show bonito, elegante, con toda una puesta en escena muy cuidada.

¿A quiénes entrevistaron para este libro?
N: Para la investigación nos ayudaron muchos periodistas ligados al tema musical, un musicólogo, gente de radio, académicos, pero sobre todo destaco a los artistas, que tuvimos el privilegio de entrevistar y que nos contaron desde sus propias historias personales cómo el bolero formó o forma parte de sus vidas. Y no quisiera olvidar las muchas conversaciones con nuestros abuelos, tías, papás, que tuvieron al bolero como parte de sus bandas sonoras desde siempre.

S: Algunos nombres relevantes: Palmenia Pizarro, Germaín de la Fuente, Vicente Bianchi, Valentín Trujillo. Fue un tremendo honor escuchar la experiencia de tantos años y glorias juntas.

Actualmente, bandas como el Bloque Depresivo llevan el bolero al nivel de una catarsis colectiva, ¿qué tiene el amor, el desamor, que nos gusta tanto? ¿Qué tan ‘cortavenas’ somos los chilenos?
S: El bolero es un género muy amplio y habla sobre el amor desde muchas dimensiones, no solo el amor y el desamor romántico. También de amor a la madre, a los hijos, a alguien que murió, a realidades colectivas, ¡al racismo incluso!…Es un repertorio amplio como la vida y que te habla de emociones transversales, por eso pega tan fuerte. Si a eso agregamos su cadencia y sus melodías sentidas, tenemos por resultado un buen caldo para la catarsis. El hecho que el Bloque Depresivo devuelva al bolero a lugares como el Teatro Caupolicán, permite que esa catarsis sea compartida y se intensifique. No solo nos gusta ser cortavenas, nos gusta compartirlo. Son emociones que nos reúnen. Y como chilenos, nos hacemos parte de un sentimiento cortavenas transversal al continente. Nos hace más latinoamericanos (aunque a algunos quieran europeizarse o jaguarizarse).

N: Somos súper cortavenas, me encanta, y creo que remite más que a nuestra condición de chilenos, a un sentimiento muy latino: ser intensos, amar y sufrir intensamente. En ese sentido, creo que la clave es que en un género como el bolero afloran sentimientos universales. Qué más universal que el amor, cantado con una melodía cadenciosa, una letra muchas veces simple y sin grandes metáforas. A todos, en algún u otro, nos identifica.

¿Cómo vieron la presencia femenina en el bolero?
N: En minoría notable si se compara con el catálogo masculino, pero con exponentes muy, muy importantes. Sin duda lo que hicieron las hermanas Sonia y Miriam en los años ’50 es muy importante, porque logran conquistar el mercado chileno, pero también el extranjero, con países como Brasil y Cuba. Destacable también es lo que hace la cantante Carmen Prieto. Pero Palmenia Pizarro es seguramente la voz femenina más importante del país no sólo en este género; es quien hizo al bolero parte de sus repertorios, con una interpretación sincera y sin tantas pretensiones, y que triunfó a lo grande, conquistando mercado extranjeros muy competitivos como el mexicano, y abriéndole camino a muchos artistas que vinieron después.

S: Hay dos formas de verlo: como temática, la mujer es desde siempre ha sido protagonista de las temáticas del bolero cantado por hombres.
Por otra parte, siempre hubo cantantes mujeres del bolero, desde el inicio en Cuba y México. A Chile llegan cantantes como Margarita Lecuona a principios de los años ’40. La irrupción de estrellas mujeres del género, encabezadas por Palmenia Pizarro en los años ’60, consolida un cambio paradigmático: ahora es una mujer quien dice el bolero, quien habla de sus emociones, deseos, aprehensiones, etc. En su contexto, fue algo bastante revolucionario, más si consideramos el nivel de éxito que Palmenia tuvo en todo el continente. Palmenia se transforma en la voz que representa el sentir de muchas.

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