por Coxiella
Hace años estoy soltera, y veo desde lejos las relaciones de pareja -lo bueno y lo malo-. Hace poco me tocó acompañar a una amiga que terminaba su relación, y estaba profundamente triste. Y mientras la escuchaba, se vinieron a mi cabeza aquellos días de mierda, solitarios y grises, cuando me tocó vivir algo parecido.

Escuchaba sus cuestionamientos, y eran exactamente iguales a los que tuve en ese tiempo, pude ver mi propia tristeza reflejada en aquella escena. Días después todavía esa sensación extraña me acompañaba.

Pensé en mi pena, en el duelo. Me duró 3 días que se hicieron eternos, en cama, posición fetal y profundamente sola. Fui dramática –nada de webadas–, lloré hasta que me aburrí, grité con ganas, no comí, fui un estropajo en pijama. Le agradezco al sur por su cuota extra de drama: lluvia, relámpagos, días grises y ventolera. El escenario perfecto para sentirse miserable.

Y al final de esos días, me pregunté: ¿Por qué estoy llorando? ¿Por quién estoy llorando? Y caí en cuenta que tanto llanto era por la relación que terminaba, por todos esos futuros planeados que ya no serían, por tantas promesas que no íbamos a cumplir. Lloré por él, por perderlo, por sentir que con él se iba una parte de mí. Y al final de esos días lloré por mí, porque había dejado pasar mucho tiempo despreocupándome, siendo irresponsable, evitando tomar decisiones, evadiendo pensar en un futuro “conmigo”. Creo que ese fue el llanto más doloroso. Me había acomodado siguiendo los sueños de otro, y había olvidado por completo los míos. Y en ese olvidar y guardar en cajones, también había guardado mucho de lo que era, mucho del empuje, de las pasiones que me movían, mucho de decir ”esto no me parece”, “esto no lo quiero”.

Cuando se acabó el llanto, vino un suspiro. Finalmente, se abría una oportunidad para estar conmigo -eso que tanto había rehuido- para pensar en el futuro, para hacerme cargo de los pendientes, para reencontrarme, estar entera y re bien.

**Si quieres escribir en Zancada, manda tu colaboración voluntaria con título y nombre con el que quieres firmar a [email protected] en un mail titulado TEXTO. Puedes contarnos lo que te está pasando en la vida, lo que se te ocurrió ayer mientras volvías a tu casa o compartir un dato bacán, como si se lo estuvieras contando a una amiga. Como siempre, si va con nuestra línea editorial felices lo publicaremos.

Milada Vigerova

6 COMENTARIOS

  1. Pucha que duelen esos llantos, el primero por la parte que se desprende de ti de la manera que sea para volver a ser yo y no “nosotros” y especialmente duele harto el último, a veces más que el primero, porque cuando ya llevas mucho tiempo en pareja sientes miedo de volver a pararte en el mundo y pasas por un carrusel de emociones desde el miedo hasta la pena por una misma. Te das cuenta de que quizá te postergaste más de lo necesario y al final de una u otra manera como que sacas fuerza de alguna parte para empezar de nuevo.

    • Yo entendí que fue como un nuevo duelo porque ya llevaba años soltera y al conversar con esta amiga recordó cosas de la última relación

    • Según lo que entendi, no es que lo haya superado en tres días, sino que fueron tres dias de solo llorar, gritar, no comer y pasarlo pésimo, hasta que pudo levantarse y decir, la vida sigue, aunque duela.

  2. Hoo reviví mi propio duelo y veo que es un proceso tan necesario.
    Fue hace años pero creo que ese click, ese último suspiro hace que una deje la pena ahí, guardada en un rincón y pueda volver al mundo, con la pena presente pero dispuesta a sonreír por una.

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