por Ximena Torres Cautivo
“Prefiero Chile”, de Hernán Rodríguez Fisse, es un libro de memorias absolutamente actual, aunque suene a contradicción. Por el mes en que estamos, el de la Patria, el del terruño, y por el tan visible tema de los migrantes, que nos tiene incluso con una nueva ley de extranjería en trámite legislativo.

Ganador del Premio Revista de Libros 2016, “Prefiero Chile” es la historia de Jacques Rodríguez, joven judío sefardí, nacido en 1914 en Estambul, y su familia. Alto, buenmozo, gozador, además de clarísimo en sus ansias de descubrir el mundo, admirador de la cultura francesa, angloparlante, con dominio del castellano antiguo, el ladino, que “hablaban sus antepasados en España y que se llevaron a Turquía cuando fueron expulsados en 1492”, Jaques es el protagonista indiscutido de la historia que instala a esta familia turca en Chile.

Durante la primera mitad del siglo XX, con la irrupción del nazismo y el posterior desarrollo de la Segunda Guerra Mundial de fondo, el decidido y encantador Jacques toma contacto en París con el escritor chileno Bernardo Subercaseaux, y se siente cautivado con el largo y angosto país, que se mueve a cada rato, que le describe el intelectual.

Lo más llamativo de Jacques es su determinación para no amarrarse sentimentalmente hasta cumplir los 30 años y su capacidad para adaptarse, sin traicionarse a las costumbres locales. Entretiene seguirlo en su instalación en Valparaíso, el puerto principal, donde consigue trabajo en la sombrerería Woronoff, famosa y tradicional, presente en la novela “Sonata del Olvido”, de Roberto Ampuero, punto de referencia para cualquier porteño que se precie de tal. Su sobrino, el periodista Hernán Rodríguez Fisse tiene el talento y la meticulosidad de ir entrelazando las circunstancias y gustos del tío Jacques con los acontecimientos políticos y económicos de Chile, de la revolucionada y occidentalizada Turquía en los años de Atarturk, de Europa bajo el dominio nefasto de Hitler.

Bueno para el tango, el cine, la buena mesa, donde manifiesta una apertura notable a todos los sabores y licores, no sólo da cuenta de la gran historia de su tiempo, sino de la pequeña, de lo que se habla, lee, escucha, baila. El “franchute”, como empieza a hacerse conocido entre sus amigos, se enamora de la naciente Ciudad Jardín y participa de una fiesta de fin de año de 1929, en el flamante Casino de Viña del Mar, que aún no se inaugura. Y empieza a manifestar su amor por la ciudad balneario, pero no se limita en sus enamoramientos geográficos.

La crisis económica mundial obliga a Jacques a buscar trabajo en Santiago. Así, se convierte en funcionario de Tribunales, encargado de ejecutar los desalojos a quienes adeudaban arriendos en la etapa del derrumbe del salitre. Es un trabajo triste, ingrato, que sirve para explicar el marco económico de Chile de comienzos de los años 30.

Luego de un corto viaje a Turquía, que incluye un taquillero periplo por Italia y Francia, Jacques se encuentra con sus padres, sus hermanas, radicadas en Francia, y su entrañable hermano David, y cumple con un breve servicio militar. A su regreso a Chile, es contratado en Santiago como vendedor en distintas “casas de moda” de la capital y empieza a hacerse conocido, a cultivar amistades, a aficionarse al fútbol y… a recibir ofertas. Una de esas es la que pronto lo lleva a Osorno como vendedor estrella de la Casa Rosemblitt, donde su relato es un atractivo fresco de la vida en las provincias del sur, dominadas por los inmigrantes alemanes, en pleno crecimiento económico y turístico.

Es en Osorno donde recibe la oferta de convertirse en vendedor viajero, representando la marca de camisas Wings, fabricadas en Chile. Por sus averiguaciones, descubre que debe tener varios productos para que el salto laboral sea interesante. Consigue algunos y le ofrecen ser representante de los impermeables Búfalo, cuyo eslogan era “cuando llueve todos se mojan, menos los que usan impermeables Búfalo”.

Todo este tramo de memorias es fascinante. Muestra cómo era el Chile antes del imperio del retail y debería ser lectura obligatoria de los interesados en el desarrollo económico de Chile, aterrizado a la vida del ciudadano común.

En paralelo está el amor, el nacimiento de los hijos chilenos, la prosperidad, que se ve reflejada en la construcción de una casa, un chalet, en el barrio cercano al Estadio Nacional en Santiago, conocido como barrio de familias turcas. Y la reunión de hijos, hermanos y padres a comienzos de los años 50, por el impulso, el empeño, la visión de un hijo migrante ciento por ciento puro.

Leer “Prefiero Chile” es una memoria con sentido de anticipación a todo lo que está viviendo el país en estos últimos años. Y todos, chilenos y migrantes, deberían leerlo.

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