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Mujeres chilenas en tecnología: Reescribiendo el código

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mujeres chilenas en tecnologia
por Lala

Dos iniciativas instaladas en Chile buscan formar miles de mujeres programadoras para ocupar las plazas que la industria de la tecnología necesita. Actualmente la participación femenina es muy baja, sin embargo, a la hora de medir desempeño no hay diferencias entre mujeres y hombres. Son cientos las mujeres en Chile que se han atrevido a aprender y desarrollarse en un ámbito dominado por hombres e ingenieros. Así se reescriben los códigos.

Desde 2011, la comunidad global de desarrolladores Stack Overflow realiza una encuesta para conocer quiénes son y qué hacen estos profesionales alrededor del mundo. Esta encuesta entrega algunas luces sobre el panorama mundial, y también es respondida por desarrolladores chilenos. Este año se realizó en enero y arrojó un número esperanzador: si bien la tasa de mujeres desarrolladoras es baja, va al alza. En 2016 había 5,8% versus 92,8% de hombres. Este año, las mujeres llegan a 7,6%.

El avance no es casual. Hay iniciativas en todo el mundo para atraer talento femenino a la tecnología, con grandes empresas como respaldo. En Estados Unidos, la iniciativa Girls Who Code espera formar 40 mil mujeres para que se integren a un mercado de rápido crecimiento y con ingresos muy superiores a la media. CodeEd, también en EE.UU., forma niñas y adolescentes de sectores vulnerables directamente en sus colegios. En África, Andela recluta desarrolladoras de todo el continente, las forma y ofrece trabajos full-time en compañías como Microsoft, IBM y, por cierto, docenas de startups en crecimiento.

A pesar de los esfuerzos, las mujeres que se desempeñan en tecnología tienen que lidiar no solo con los obstáculos del mercado laboral que ya conocemos –precarización, menores sueldos por el mismo trabajo, hostigamiento a madres, entre otras– sino que también deben enfrentarse a prejuicios propios del área que nada tienen que ver con sus capacidades. En 2015 un grupo de estudiantes quiso saber si el código desarrollado por mujeres era bien aceptado en una comunidad como GitHub, con más de 12 millones de usuarios alrededor del mundo. La investigación arrojó un dato interesante: el código escrito por mujeres era mayormente aprobado, con un 78,6% versus 74,6% de los hombres. Sin embargo, esta cifra disminuía una vez que se conocía el género de quien había escrito el código.

Chile no se queda atrás. Siguiendo las cifras mundiales, menos de un 10% de quienes se dedican al desarrollo (de aplicaciones móviles, softwares, videojuegos, etc.) son mujeres. Organismos internacionales indican que, para los próximos 20 ó 30 años, se necesitará más de 500.000 programadores. La industria lo ha visto y ha decidido reaccionar. Ejemplo de eso es el fondo que entregó Google en marzo pasado: 1.1 millones de dólares para formar mujeres en esta área. De ese monto, 750 mil dólares llegaron a manos de Laboratoria, programa que funciona en Chile desde hace casi dos años. ¿El resultado? Dos tercios de las egresadas está trabajando y tienen sueldos que doblan o triplican lo que percibían al ingresar al programa.

Código made in Chile

El miércoles 5 de abril, Laboratoria reunió a sus socios, colaboradores, alumnas, egresadas, y a todo aquel que quisiera enterarse de cómo han crecido durante estos casi dos años trabajando en Chile. Hay ánimo y alegría entre los asistentes. Al día siguiente, anuncian, comenzará un nuevo programa de educación continua que formará a las egresadas del bootcamp (intensivo de seis meses) en distintas áreas para complementar sus estudios, durante otros 18 meses. Las clases serán tres tardes a la semana y la mañana del sábado, porque lo importante es no interrumpir su desarrollo laboral.

En otro punto de Santiago, en Las Condes, están las oficinas de Fundación Kodea. Esta organización “nace por el interés de un grupo de personas relacionadas con la tecnología, la innovación y la educación de reaccionar frente al escenario que vive nuestro país en el concierto de la mega Revolución Digital de la que somos parte. Si bien Chile es el país Nº1 en Latinoamérica en consumir tecnología -tenemos una de las tasas más altas en penetración y adopción de nuevas tecnologías- como país no hemos abordado los urgentes desafíos y oportunidades que esta ola de desarrollo representa en toda su dimensión”, explica Mónica Retamal, su directora ejecutiva.

Ellos desarrollan la iniciativa Mujeres Programadoras, un curso de 270 horas cronológicas dictado por Duoc UC, en Santiago, donde enseñan programación de algoritmos, modelamiento de datos, desarrollo de software en lenguaje JAVA, y desarrollo de software de escritorio y gestión, en lenguaje .NET. “Partimos con mujeres porque tienen una bajísima participación en la industria, y las hemos convocado de manera abierta a participar de un curso intensivo para aprender”, cuenta Retamal. La segunda versión comenzó en abril.

En la primera generación de Mujeres Programadoras egresaron 71 nuevas especialistas. De ellas, un 76% está trabajando y duplicó su ingreso con respecto a su trabajo anterior. Las cifras de Laboratoria y Kodea son tremendamente positivas, sin embargo, comenzar no siempre es fácil: “Las barreras son las clásicas que vemos en las mujeres: muchas son jefas de hogar o están al cuidado de un familiar, y creen que la computación es una carrera solo para ingenieros. Sin embargo, se motivan porque es un curso corto que representa buenas oportunidades para las mujeres en términos de remuneraciones y flexibilidad horaria”, explica la directora ejecutiva de Kodea.

Islhebi Pinto, egresada de la tercera generación de Laboratoria –actualmente trabajando en la consultora Amable– cuenta que para ella un factor clave es que, al menos en el caso de este programa, pagan una vez que encuentran un empleo. Ella es egresada de un liceo técnico y luego debió dejar a medio camino sus estudios superiores por falta de recursos. Hoy está trabajando y se inscribió en el programa de formación continua de Laboratoria para profundizar sus conocimiento y mejorar sus habilidades. Además, recalca que aquí “hay una red de apoyo y amistad”.

Todas las estudiantes de estos programas son mujeres. Varias son jefas de hogar, otras tienen hijos. En otros casos, deben trabajar para apoyar a sus familias, dejando los estudios como una opción lejana, a veces imposible. Las redes son un factor fundamental, y el apoyo mutuo pareciera tener un valor especial. En la pared de las nuevas oficinas de Laboratoria –en las instalaciones de IF Recoleta– hay dos carteles, a modo de mantra, con lo que “se queda” y lo que “se va”: se va burlarse, imponer ideas, presionarse, ofenderse, mentirse. Se va minimizar el dolor de la otra. Juzgar a la otra. Se queda la empatía, la escucha activa, la discreción.

Esa especie de decálogo son las reglas que las mismas alumnas han definido como importantes. La sicóloga de Laboratoria, Valentina Smith, cuenta que parte de las habilidades que buscan entregar son socio emocionales. “En la primera etapa del bootcamp se hacen actividades con las alumnas y se establecen estas reglas para los talleres. Buscamos generar espacios de respeto y acogida”. El resto del programa trabajan en equipos, o “squads”, se sientan juntas en grupos pequeños y reciben feedback constante de sus compañeras. “Es un proceso de crecimiento personal, de creerse el cuento y eso va de la mano con que haya personas que confíen en ellas, algo que no siempre les ha pasado”, señala la sicóloga.

La confianza es algo en lo que concuerda Mónica, de Fundación Kodea. “Creo que lo más difícil ha sido convencer a la industria de que es posible contratar a personas que hayan estudiado cursos cortos. La industria tecnológica está llena de ingenieros y programadores hombres y por lo tanto cuando uno les ofrece integrar a una de estas chicas hay una cuota de incredulidad. El feedback que nos han dado es positivo e incluso de sorpresa, porque varias de las chicas ya están facturando de cara a los clientes, mucho antes de lo pensado. Los empleadores han destacado la actitud que tienen ellas, y también que hayan tenido, en su mayoría, carreras anteriores, porque eso les da una mirada más amplia en la resolución de problemas. Incluso nos han planteado que ellas generan un ambiente laboral más grato”.

¿Quieres participar?

Laboratoria: El programa 2017 comenzó en marzo y finaliza en agosto.
Programa: Desarrollo web + desarrollo personal + inglés (para desarrolladores)
Edad máxima para postular: Sin límite.
Más información y postulaciones en laboratoria.la

Mujeres programadoras (Fundación Kodea): El programa 2017 comenzó en abril y finaliza en julio.
Programa: Competencias técnicas + habilidades blandas
Edad máxima para postular: Nacidas entre el 01/01/75 y el 31/12/1991
Más información y postulaciones: www.mujeresprogramadoras.cl

Otras iniciativas
Taller de Jóvenes Programadores, del programa BiblioRedes, de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (DIBAM). Modalidad online. Gratuito.
Programa: Lenguajes de programación + módulos de aplicaciones móviles
Edad máxima para postular: Sin límite.
Más información y postulaciones: www.jovenesprogramadores.cl

Lee esta nota y más en la revista digital Zancada 2017, dedicada a distintas formas de hermandad entre mujeres.

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