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Ficción: Somos las demás

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por aleyjets

Siempre he pensado que el amor es el viejo pascuero de la adultez, y así como ese compañero bully del colegio te dijo alguna vez “¿en serio sigues creyendo en el viejito pascuero?”, va a venir algo así como el colega que dice que no quiere comer pizza entonces no pone plata pero después come igual y te va a decir “¿en serio todavía crees en el amor?”, y uno ahí, creyendo que la esperanza es lo último que se pierde. Por eso no creo en el amor y así me adelanto unos pasos y me ahorro algunos problemas.

He tenido pololos desde que tengo uso de consciencia y desde entonces me han roto el corazón, partiendo por el Esteban en primero básico que en el recreo me dijo que en verdad le gustaba la Florencia hasta el Cristóbal, mi ex, que vendía Herbalife y creía que eso era una profesión. El problema de eternamente pololear es que uno se acostumbra a siempre tener a quien llamar en caso de ver a un señor paseando su hurón en la plaza. Entonces no es tan fácil andarse vendiendo de no creyente cuando uno está acostumbrado a andar pegado a alguien.

Ahí es donde entra la Rafi, que siempre va a apreciar un animal exótico siendo paseado. La Rafaella nació en el sur entonces hace esas cosas raras de sureños como no cruzar la calle en rojo y tenerle palabras raras a las cosas normales, como pegarse un zorrito que es tomarse una siesta, de lo mejor que he escuchado para mi centralista corazón. Nos hicimos amigas porque yo la escuché en una fiesta hablar de que lo mejor que te podía pasar cuando joven era morir, porque así todos te iban a compadecer y usar tus fotos más lindas de Facebook para tu funeral. Después se ofreció a agarrarme el pelo mientras yo devolvía en un matorral siete piscolas de luca en una fiesta en la universidad. Desde entonces nos leemos la mente, porque eso pasa cuando uno vive con alguien y sobre todo cuando ese alguien es tu mejor amiga. Por eso, antes de que el test marcara positivo, yo sabía que la Rafi estaba embarazada.

Aborto, obvio, porque ya le parece que hay demasiadas personas en el mundo y porque apenas se acuerda de darle comida a las gatas. Nos sentamos a un costado del mall y nos pusimos a repasar los contactos de Whatsapp. No es llegar y preguntarle a cualquiera si tiene un dato de alguien que venda pastillas de misopostrol, tampoco es algo que publicas en Instagram. Más que nada, para evitarse el chorro de comentarios mixtos, y el pequeño detalle de que es ilegal. Yo no sé si los carabineros andan revisando las redes sociales pero me he encontrado con varios en Tinder.

Terminamos en la oficina de un dentista que atendía en la parte de atrás de una librería cerca de Plaza de Armas, revisó a la Rafaella y le dijo que tenía como diez semanas y que estaba justita para hacerse el aborto con pastillas. Nos explicó cómo eran y cómo se tomaban y cuánto costaban. 180 mil pesos y sumando todas las monedas que se nos quedaron en los bolsillos de las chaquetas más el raspado de nuestras cuentas rut, teníamos 47 lucas en total. Ninguna de las dos sabe bien sumar, pero dedujimos que teníamos que juntar como 130 lucas en una semana.

Entonces nos conseguimos dos entrevistas de trabajo, una que tiene mucha pinta de ser reclutamiento de escort, otra para trabajar en Taco Bell y el sábado animamos un cumpleaños infantil.

Porque así como la Rafaella ve películas de miedo conmigo aunque le den miedo, yo la voy a ayudar a hacerse el aborto.

*El texto Somos Las Demás forma parte de la historia de la película en desarrollo Las Demás, ópera prima de la realizadora Alexandra Hyland, que ha tenido un próspero recorrido por laboratorios de guión y que tiene fecha estimada de rodaje a finales de este año. Acá pueden ver un teaser:

Lee esta nota y más en la revista digital Zancada 2017, dedicada a distintas formas de hermandad entre mujeres.

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