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No más machismo en la sala de clases

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por Emilia

Mi mamá estudió en la Universidad de Chile en los años 80. Quedó embarazada de mí y de mi hermano durante la carrera, y como pudo se las arregló para no echarse ningún ramo, ir a clases, estudiar y tratar de llevar una vida relativamente normal. Entonces, tenía que vestirse con ponchos porque había un profesor que, si veía a una mujer embarazada, la reprobaba y le hacía la vida imposible. Sí, estudió con miedo. Tenía otro profesor que, cuando llegaba a la sala, se quejaba porque había muchas mujeres, siendo que “deberían estar en la casa lavando los platos’, en sus palabras. Todo esto en total impunidad.

Cuando fui yo la estudiante universitaria, vi con mucho desagrado a profesores y ayudantes acosando compañeras. En ese tiempo –hace casi 15 años– no te podías meter con los profesores más ‘conocidos’ porque nadie te creía, o estaba ‘el mito’ de que ‘ese profesor es medio fresquito’ y había que aguantarse no más. Pero en cuarto año nos enfrentamos a un profesor reemplazante que trató de pasarse de listo acosando compañeras, invitándolas a salir después de clases para ‘discutir’ sus opciones laborales porque eran muy talentosas. Nos organizamos y, correos en mano, reclamamos formalmente. A ese profesor lo echaron, pero con otras vacas sagradas nada pudimos hacer. Como no habían ido más allá de las palabras que nos incomodaban, ni siquiera era un delito y hubiese sido todo resuelto según la objetividad de la contraparte (que ya sabemos que le habría bajado todo el perfil, haciéndonos quedar como un montón de locas).

Hoy, afortunadamente, esto está cambiando, gracias a que también las víctimas y afectados se están atreviendo a denunciar. La misma Universidad de Chile, de donde egresé, se vio en la obligación de generar protocolos para responder a estos casos (de acoso y abuso) y generar medidas preventivas. Sabemos que la violencia física es la punta del iceberg, lo más visible y condenable, pero el machismo tiene raíces profundas cuyas muestras pueden identificarse cada día en las salas de clases, en la forma en la que los profesores se refieren a las mujeres, a sus alumnas, y en la que l@s estudiantes tratan a sus propi@s compañer@s.

En la Universidad Católica, por ejemplo, también se dieron a conocer denuncias feroces en contra de profesores, e incluso contra otros alumnos, que han actuado en la impunidad. Me ha dado gusto ver a los mismos estudiantes –mujeres y también hombres– poniendo sobre la mesa este tema, sin ignorar el poder que tiene el lenguaje. No podemos aceptar más machismo en la sala de clases, no podemos aceptar más misoginia ni discriminación.

Me anima ver iniciativas como la de la Secretaría de Género y Sexualidad de la Facultad de Economía y Negocios de la Chile con su campaña “La FEN está diciendo” (al estilo de La gente anda diciendo) con las frases que circulaban por las salas de clases, muchas veces de boca de los mismos profesores, que no podemos seguir normalizando. Ayer me encontré con la campaña #NoDigas, de la Vocalía de Género y Sexualidades de la Usach, haciéndose cargo del mismo problema. El primer paso para solucionar un problema es reconocerlo y hacerlo visible.

¿Cuál fue o ha sido su experiencia en la sala de clases?¿Cómo lo enfrentaron?

13 COMENTARIOS

  1. La única manera de terminar con la violencia de género es tomar conciencia de todos esos pequeños “detalles” del lenguaje diario que incentivan la misoginia. Ya no es normal tratarnos como personas de segunda categoría. Me emociona ver iniciativas como las que mencionan en el post, porque sé que estamos sembrando para el futuro y cuidando el presente de tanta mujer maltratada.

  2. Estudie en la Chile cuando lo que es ahora FEN se le llamaba FACEA y habia un profesor de Econometría (bien conocido, aun esta ahi) al que todas las mujeres le haciamos el quite porque trataba pesimo a las alumnas, lo mas suave era mandarlas a lavar loza. Aparte de los modos de ese personaje nunca supe de otro tipo de violencia de genero, tampoco me tocó vivir ninguna experiencia desagradable.

  3. Muy ingeniero será pero es bastante inútil un hueon que no es capaz de prepararse un plato de comida (cosa evidente si asocia cocinar con ser mujer) pensaba que esos cavernícolas estaban extintos.

  4. Yo tuve un profe de fotografía, como de 60 años, que tenía fama de hacer llorar a todas las chicas. Cuando llegué a su clase era la única mujer y me hacía bullying todas las clases, nunca lo pesqué. Iba un poco preparada psicológicamente, hasta me puso un apodo. Llegué al punto de ser irrespetuosa, cualquier pesadez se la respondía y de a poco me fui ganando el respeto del viejo. Pero, los comentarios más livianos eran algo así como “¿No saben?… les apuesto que Hasta ella sabe”. Siempre me estaba poniendo a prueba, como tratando de pillarme en algo que no supiera, pero nunca lo dejé encontrarme desprevenida.

  5. La contabilidad es como un bikini, muestra mucho pero esconde lo importante.
    Profesor de Derecho Tributario, Universidad de Los Andes.

  6. En la clase número 1 del primer año de arquitectura nuestro profesor de taller nos dijo que enseñarle arquitectura a una mujer era una pérdida de tiempo (hace 12 años me titulé)

  7. Una profesora nos decía que las que entramos a la carrera de derecho a buscar marido, que no nos molestáramos en entrar a sus clases. Siendo mujer, era machista.

    Y habían varios profesores jotes, había uno que era particularmente desagradable: cada vez que nos miraba se pasaba la lengua por los labios y se reía. Horror. y a las compañeras más lindas siempre las elegía como delegada de curso, a pesar que ellas no querían serlo…muchas de las mujeres nos cambiábamos de sección para que no nos tocará ese profesor. Otros profes te aprobaban en los exámenes orales si andabas de mini…si ibas de pantalón te hacían el examen imposible.

    Podría llenar una página entera de las cosas que pasaban en la facultad…nadie hacia nada por temor. Ahora que miro para atrás me arrepiento de lo cobarde o inocentes que fuimos al callar y aceptar todo ese maltrato.

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