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La simbiosis en el arte: Patti Smith y Werner Herzog

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Patti Smith y Werner Herzog
por V.Vaure (ytodolodemas.cl)

El Club de lectura de Zancada ha ido mutando, teniendo en cada período un concepto que lo define, y el actual ha sido uno de los mejores, al unir la complejidad de las historias narradas en papel con la fuerza de las imágenes de los documentales.

Está dirigido por Soledad Camponovo, que siempre logra proyectar su amor por los libros, a quien se le unió Tania Honorato, experta en cine documental. Ambas tomaron como punto de inicio diferentes documentales de Werner Herzog, a los cuales acompañaron con una narración que tratara de abarcar el mismo tema, o que habitara el mismo universo que nos proyecta el cineasta alemán.

La primera sesión leímos “Éramos unos niños” de Patti Smith, que es del año 2010 (y se encuentra en la BP Digital para pedirlo prestado gratuitamente). En este libro encontramos las memorias de su juventud junto a Robert Mapplethorpe desde 1967, cuando se conocen. Relata de manera cautivante su pasión por el arte, motor y búsqueda de la vida de ambos, en un mundo donde Janis Joplin, Sam Shepard y Andy Warhol reinaban. Patti Smith es intensa, honesta y vulnerable, es un gran rescate de todo aquello que rodea a la juventud: amor e ideales.

El núcleo de este texto, más que recomendable, está en la entrañable relación de amor entre ella y quien sería primero su novio, y luego se convertiría en su compañero de vida hasta mediados de los años setenta. Así nos cuenta sobre su relación: “Una niña mala que intentaba ser buena y él un niño bueno que intentaba ser malo (…) terminamos por aceptar nuestra doble naturaleza (…) Mis recuerdos de infancia se hicieron suyos”.

Se puede decir que es un homenaje al amor sincero, a las relaciones humanas, con sus momentos altruistas y alegres, y aquellos oscuros y egoístas. La narradora jamás juzga, quizás nosotras que lo leemos sí lo hacemos, y llega hasta los últimos momentos de vida de su chico fotógrafo en 1989.

Por otro lado, revisamos el documental de Herzog sobre sus colaboraciones con el actor Klaus Kinski, llamado “Mi enemigo íntimo” del año 1999 (que se puede ver en youtube con subtítulos en castellano). Revisando material de grabación de sus películas, se adentra en su relación con el polémico actor, con quien realizó obras como “Aguirre, la cólera de Dios”, y “Fitzcarraldo”, entre otras.

El actor se ve como un animal furioso, continuamente irritado, perdido dentro del cuerpo de sus personajes, no siendo capaz de distinguir la realidad de la ficción. Eran tantos sus arranques de rabia, que los indígenas que fueron contratados para actuar en “Fitzcarraldo” le ofrecieron a Herzog la oportunidad de hacer desaparecer a Kinski para que al fin se callara. De igual modo, el mismo director reconoce el haber intentado incendiar la casa del actor.

Kinski era un adicto al sexo, y una de sus hijas, Pola, contó a los medios que su padre había abusado sexualmente de ella durante catorce años. Este actor ególatra y de unos ojos enormes como el mismo infierno, escribió una autobiografía llamada “Yo necesito amor”, en donde se refiere a Herzog con las siguientes palabras: “Es un individuo miserable, se me pega como una mosca cojonera, rencoroso, envidioso, apestoso a ambición y codicia, maligno, sádico, traidor, chantajista, cobarde y un farsante de la cabeza a los pies. Su supuesto “talento” consiste únicamente en torturar criaturas indefensas y, si hace falta, matarlas de cansancio o asesinarlas. Nadie ni nada le interesa, a excepción de su penosa carrera de supuesto cineasta. Impulsado por un ansia patológica de causar sensación, provoca él mismo las más absurdas dificultades y peligros y pone en juego la seguridad e incluso la vida de otros, sólo para después poder decir que él, Herzog, ha domeñado fuerzas aparentemente insuperables. (…) No tiene la menor idea de cómo se hace una película. Ya ni intenta darme instrucciones. Hace tiempo que ha renunciado a preguntarme si estoy dispuesto a llevar a cabo sus aburridas chorradas, ya que le tengo prohibido hablarme”.

Aquí claramente, la relación es de otro tipo, pero es igual de intensa, ambos se necesitan entre ellos para alcanzar los objetivos que tienen en su arte, que a pesar de sus narcicismos, debe realizarse en conjunto para obtener aquello que ambicionan. Se odian y se aman, trabajan juntos y cada uno está completamente loco, aunque de una forma diferente.

El leer y ver estas dos obras en conjunto (Éramos unos niños y Enemigo íntimo) nos permite acceder a aquella simbiosis que resulta de un amor profundo en toda su expresión, entre dos artistas, en donde el amigo es un constructor del arte y a la vez se le utiliza, consciente o inconscientemente, para la producción de la propia obra.

De tal manera, el arte se nos muestra como una expresión de nuestra naturaleza humana, que está definido por el espíritu de quienes lo realizan así como también de todos aquellos que los rodean, incluso para quienes son ególatras sin remedio, o simplemente para quienes olvidan a sus antiguos cómplices. Y esto es para todos, porque ¿quiénes seríamos si no hubiesen influido para bien o para mal aquellas personas que nos han acompañado en nuestras vidas?

Si también admiran a Patti Smith, les puede interesar M Train, su libro de memorias. Si están buscando qué leer, acá pueden ver algunos de nuestros comentarios sobre lo que hemos leído en nuestros clubes de lectura.

*Si quieres escribir en Zancada, tienes que mandar tu texto con título y nombre con el que quieres firmar a contacto@zancada.com en un mail titulado TEXTO. Como siempre, si va con nuestra línea editorial felices lo publicaremos.

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