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Mi experiencia como censista

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censista
por Pilar Jiménez

Pasadas las 7 a.m., recién asomándose la luz del sol, comencé el viaje a mi local asignado del censo. Crucé al menos 4 comunas para llegar a mi destino y en ese camino tuve la primera pista de lo que sería el día. Colegios llenándose de personas de cara sonriente, buses con censistas, hartos autos con más de un ocupante, tuve la sensación de un objetivo compartido, me dirigía a realizar una tarea importante.

El censo. Fui asignada para censar 20 casas en una comuna y zona, aparentemente de clase media alta. Las sorpresas al censar a esta muestra fueron varias. Primero, percibí una pobreza escondida, personas que pareciera –por fuera– que tienen un buen pasar y necesidades cubiertas, pero que no.

La edad. Del total de casas censadas –finalmente fueron 22– sólo dos personas tenían menos de 55 años, un chiquillo de 18 que vivía con su mamá y una guagua de menos de 2 años. Harto adulto mayor, con ganas de conversar, de compartir su vida y sus experiencias respecto al censo, a sus lugares de origen, pechos inflados al hablar de sus hijos. No hubo una sola madre que al responder la pregunta sobre la cantidad de hijos vivos, venía con un gracias a Dios (cosa que hoy entiendo con una emoción infinita).

Casas poco cuidadas. Pienso que tiene que ver con la edad de los y las censadas, pero también con falta de cariño de alguien más que podría entregarles mayor cuidado. No es este el párrafo para divagar al respecto, pero este censo también sirve para hacer las suficientes derivadas y entender que pese a que los adultos mayores tienen familia, ésta quizás no tiene el tiempo para acompañar tanto como quisiera porque trabajan una cantidad de horas inhumana!

Mucho cariño, personas muy pendientes de mi llegada, la llegada del censista. Ofreciendo lo que tenían, preparando cosas ricas (como una limonada de la que ya tengo la receta) y muy ansiosas de contestar.

Respeto. Me maravillé al constatar que esta muestra que censé –principalmente adultos mayores– no escatimaron palabras para decir lo simpatizantes que son o cómo les gustaría haber pertenecido a un pueblo originario. Una señora con más de 80 años que me contó de su experiencia infantil viviendo en Freire y las maravillosas historias que le contaban en la comunidad mapuche vecina y cómo esa experiencia la llevó a hacer su memoria universitaria en los cuentos, las historias infantiles y cosmovisión mapuche. Me llenó de orgullo percibir el amor de estas personas por nuestros pueblos originarios.

Vecinos. Pese a que la zona que censé no era una “villa” o pasaje, las personas se conocían entre ellas, sabían de sus vidas y se iban avisando que la censista pasaría. En el microcosmos seguimos estando unidos y nos conocemos, me pregunto qué pasará cuando vamos escalando en sociedad y se nos considera individualistas.

Los resultados de este censo podrían impactar en cada una de las cosas que describí anteriormente y a un nivel más intuitivo nos deja la lección, que más allá de las redes sociales las personas, Chile estaba muy bien dispuesto para recibirnos y contarnos de sus vidas. Un amigo me contó que un conserje lo aplaudió, a mí me felicitaron por estar haciendo esto. Es importante poder constatar la realidad versus la ficción a la que muchas veces nos someten las herramientas de difusión de información digital.

Llegué a mi casa sintiéndome la heroína de mis hijos que estaban ansiosos esperándome para contarme de su “censadora” y tomar mi credencial con caritas felices. Fue una gran experiencia, que por supuesto quiero repetir, me entregó mucho, sobre todo entregué mi vocación de servicio público. Gracias #censo2017.

7 COMENTARIOS

  1. Pasa mucho que a ciertas personas les dicen por ejemplo que vives en Las Condes y ya se hacen una imagen de ti como de millonario. Me parece que solo los que viven en esas comunas saben que nada que ver! gente trabajadora, obvio se que el metro cuadrado es más caro, pero la mayoría de los trabajos son por allí así que vale la pena. Hay muchos barrios muy bonitos de casas antiguas como en Jorge Zeigers donde son casas heredadas de un viejo tiempo, y que ocupan ahora los dueños que nada de millonarios tienen. Es improtante dejar de pensar en lo que tú crees y ver la realidad de las personas en todas partes, una comuna no hace a las personas, uno es lo que es por su crianza.Sobre el censo, el chiquillo que vino a mi depto, muy jovento, un encanto, educadísimo, tranquilo, lo hizo pefecto, la mejor experiencia para mí.

    • Estoy de acuerdo contigo. En mi caso, yo vivo en un condominio y acá todos los vecinos comunicados por watsap avisando en que casa iban y quien faltaba. La idea era que todos fuéramos censados. Lo que me pareció curioso en mi caso, es que nuestros censistas no quisieron entrar en las casas, dijeron que no podían, y la tuve que atender en el jardín sentada en una escalerita, comparto esto porque vi fotos en rrss de gente crucificando a otra porque “atendían al censista en la calle”, yo en mi caso tenía café y galletas pero no pude ofrecerle nada 🙁

  2. Que linda tu experiencia y agradezco que la relates. Yo estaba muy feliz con el censo, era la primera vez que me censaban siendo independiente de mis papás.

    Conversando con mi censista, ella agradecía que todos los vecinos fueron muy buena onda y agradables con ella.

    Como lección creo que debemos actuar más en comunidad porque entre mis vecinos somos pocos los que nos conocemos y lo que tú relatas me pone en alerta.

  3. La credencial había que devolverla, no? Yo al menos devolví la mía.

    A mi me tocaron 23 deptos, fue realmente pesado! Y me carga que le agradezcan solo a los voluntarios, si igual uno obligado hizo su pega de la mejor forma posible.

    Me sorprende eso de “gracias a Dios”, a mi nadie me dijo eso, debe ser igual por la edad de las personas que censaste. Yo censé en Estación Central y había gente joven principalmente. Y mayoría de extranjeros.

  4. Yo también tuve una buena experiencia. Gente amable, vecinos entre si (algunos), gente con discapacidad y mucho adulto mayor al igual que muchas mujeres jefa de hogar. Creo que el hecho de que el censo sea realizado en un día le da un importante carácter solemne y de cultura cívica para la sociedad. Diferente al censo anterior que en ese sentido fue muy poco comunitario.

  5. Fui censista voluntaria. Había motivado a mi hijo a participar en esta actividad y quise unirme (educar con el ejemplo me comentó un censado). Muy buena experiencia, la repetiría. Veremos en qué estado me encontaré para el siguiente, bueno no seria excusa ya que mucha gente sobre los 60 participó como censista en la zona 10 de mi comuna.
    Para terminar, quisiera destacar a todos aquellos censistas obligados, especialmente con los que compartí la labor. Ninguno de ellos se quejó por estar ahí.

    • Mi censista era un señor mayor. Le dije sáquese la mochila y me respondió que mejor que no porque casi se le había quedado varias veces, nos reímos y andaba de buen humor, aunque se sintió incomodo porque yo fui una persona penca que salio en pijama pq me despertó el timbre (jamás pensé que vendrían a las 09.00 oclok)

      Yo creo que los obligados tienen todo el derecho a quejarse, si se es voluntario de algo y quieres hacerlo la raja, pero a todos nos ha dado paja o lata hacer una labor de la pega que no nos agrada tanto, de vez en cuando a todos nos pasa, por ej a mi me carga viajar los domingos, por la pega viajo, y lo acepto, solo me carga cuando el viaje es domingo pq me corta el día. No todos queremos ser voluntarios y si los obligan y no quieren, tienen todo el derecho a darles paja censar.

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